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jueves, 7 de diciembre de 2017

Berta Lucía Estrada / Jamás votaría por Petro

Gustavo Petro

Berta Lucía Estrada
JAMÁS VOTARÍA POR PETRO

Jamás votaría por Petro, lo considero arrogante, polarizador, radical, gritón, pésimo administrador. Cuando era senador lo admiraba, luego, cuando apoyó a la gárgola Ordoñez para el cargo de Inquisidor, me di cuenta que para él solo importan sus propias ambiciones personales. No es un hombre que genere confianza porque precisamente ha hecho y dicho muchas cosas que demuestran que puede traicionar.






jueves, 20 de agosto de 2015

Casa de citas / Berta Lucía Estrada / Amélie Nothomb

Amélie Nothomb
Poster de T.A.
Berta Lucía Estrada
AMÉLIE NOTHOMB

Amélie Nothomb es más bien el producto de esa aberración contemporánea en que las casas editoriales han convertido a ciertas “plumas”. Las obligan a escribir un libro por año; aunque sobra decir que a ella no la tienen que obligar a nada puesto que se considera a sí misma como una gran escritora; y por supuesto, muy prolífica. Pero escribir no es sinónimo de sacar a la luz todas las “supuestas genialidades” que imagina un autor determinado. En otras palabras yo diría que Nothomb es una gran farsa y un gran engaño. Pero por supuesto, es sólo mi opinión, en ningún momento pretendo que sea una verdad revelada. Esa es la magia de la literatura, no hay verdades absolutas, por lo que cada lector tiene su propia verdad.




miércoles, 19 de agosto de 2015

Casa de citas / Berta Lucía Estrada / Ingrid Betancourt

Ingrid Betancourt
Poster de T.A.

Berta Lucía Estrada
Ingrid Betancourt

Mi relación con Ingrid ha pasado por diferentes etapas. La primera fue una gran admiración por su valentía; me refiero a las huelgas de hambre que hizo en el Senado colombiano o como cuando se postuló como candidata a la Presidencia de la República. También seguí con mucho interés su campaña, en la que creo recordar que distribuía condones en la calle; uno de los aspectos que influyó en mi decisión de votar por ella, ya que apruebo las posturas contestarias, además de ser un acto de sensatez en un país de doble moral como es el nuestro. Pero cuando fue secuestrada, debo confesarlo, sentí cólera y rechazo, ya que creía que ella había buscado ser secuestrada, no para quedarse 6 ½ años de su vida pudriéndose en la selva, sino para ser liberada en 48 o 72 horas con un comunicado de las FARC, lo que en ese entonces sucedía con alguna frecuencia, y lo que habría aumentado su popularidad. Durante esos años de infortunio me llegó a desestabilizar que sólo preguntaran por ella; ya que era consciente que habían muchas otras personas que estaban sufriendo el mismo calvario. Pero luego hubo un cambio en mi actitud. Cuando regresé a Francia en 2005 y vi su rostro en las Alcaldías de ciudades y pueblos por los que pasaba, entendí que ella visibilizaba la infamia del secuestro. Poco tiempo después yo misma hacía parte de uno de los grupos de apoyo a Ingrid Betancourt. El día de su liberación lloré, sentí que el terror que había vivido, era el mismo que mi país ha experimentado en esta larga guerra fratricida en la que estamos inmersos hace ya más de cincuenta años.