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sábado, 21 de junio de 2025

Un libro / La máquina del amor sagrado y profano

 


Iris Murdoch

Cómo querer a dos mujeres a la vez y no ser feliz

 

Impedimenta lleva años publicando las obras de Iris Murdoch inéditas en español. Sale ahora ‘La máquina del amor sagrado y profano’, una reflexión sobre la maldad y la bondad de un amor a tres bandas


Francisco Recio
10 de abril de 2022

 

Esta es una historia de amores diferentes, de cómo un hombre puede necesitar a dos mujeres de tal manera que no puede ser feliz con ninguna, pero tampoco con una sola. Son amores complementarios. Uno es el oficial, bendecido socialmente, el otro, el clandestino. Es la historia, antigua como la vida misma, del triángulo amoroso, pero que el genio literario de Iris Murdoch contempla y traslada con una visión y un punto de vista filosófico para resaltar cómo ambos amores se complementan y rechazan a la vez. Cuando se disfruta de uno hace que el otro sea necesario, de modo que el corazón, siempre insatisfecho, oscila constantemente de un lado a otro. Se trata de navegar entre los encantos de la moralidad y las excitaciones del pecado.

viernes, 20 de junio de 2025

Casa de citas / Iris Murdoch / Dormir o no dormir

Irish Murdoch


Irish Murdoch
DORMIR


Hay un abismo entre aquellos que pueden dormir y aquellos que no pueden. Se trata de una de las grandes divisiones de la raza humana.




martes, 8 de agosto de 2023

lunes, 7 de agosto de 2023

Casa de citas / Iris Murdoch / Sobre la escritura

 

Iris Murdoch


Iris Murdoch
SOBRE LA ESCRITURA

Antes de empezar a escribir la primera frase tengo un esquema general y muchas notas, cada capítulo está planificado. Luego, dejo que la escritura se invente a sí misma. Una idea conduce a otra. Al principio hay posibilidades infinitas, la posibilidad de elegir qué clase de gente son, qué clase de problemas van a tener. Sobre todo hay que reflexionar sobre sus valores, su moralidad, sus dilemas morales.

The Art of Fiction
The New York Times


La escritura es como casarse. Uno nunca debe comprometerse hasta que se asombre de la suerte que tuvo. 
El príncipe negro



 

jueves, 3 de agosto de 2023

Un libro / Iris Murdoch / El unicornio

 


Iris Murdoch

El unicornio


Rafael Narbona

6 de junio de 2014


Traducción de Jon Bilbao. Impedimenta. Madrid, 2014

¿Existe lo imperdonable? ¿Es posible la expiación? Iris Murdoch (Dublín, 1919-1999) aborda el problema de la culpa y la redención en El unicornio, una novela insólita en su producción literaria. Con una trama a medio camino entre Jane Eyre y La abadía de NorthangerMurdoch mezcla folletín y especulación filosófica para alumbrar una novela gótica, con aire de cuento de hadas. En este caso, la institutriz se llama Marian Taylor y no arrastra una infancia desdichada. Solo huye de un fracaso sentimental y anhela vivir una aventura, que le permita deshilvanar las costuras de su existencia rutinaria. Un anuncio le abre las puertas del castillo de Gaze, una mansión victoriana situada en un paisaje desolador, compuesto por pedregales, acantilados y ciénagas. Sin apenas árboles, la presencia de dólmenes y megalitos manifiesta que se trata de una tierra antigua, donde los cultos paganos aún flotan en una incierta memoria colectiva. En el interior del castillo, aguarda Hannah Crean-Smith, una mujer misteriosa que no mantiene ningún contacto con el exterior. En su correspondencia, Marian apunta que es "joven y bella" y que posee "un aire espiritual", casi de vidente. Cerca hay otra mansión, pero no constituye un alivio, pues también está impregnada de soledad y fatalismo.

El unicornio simboliza la inocencia, la pureza, pero también las fuerzas ingobernables de la naturaleza. Hannah es ese unicornio que reúne en el mismo impulso verdad y belleza, lo cual no significa que se haya desprendido de las compulsiones del instinto. De hecho, su belleza se ha enredado con la pasión y la violencia, transformándose en una prisionera. Su vida parece un sueño, pero sin la expectativa del despertar. Irish Murdoch utiliza el diálogo para insertar en la novela la plática filosófica de origen órfico-pla- tónica.

Hannah entiende que el amor no es un sentimiento, sino la matriz del cosmos. Dios creó el universo para amar y ser amado. Hannah amó y pecó. Su soledad es su penitencia, pero su yugo es suave y su carga ligera. Su dolor se parece al de Cristo, pues renuncia al placer y al amor para que otros puedan soportar el peso de sus imperfecciones. Marian opina que vivir de ese modo es "malsano y antinatural". De hecho, Hannah es una especie de Circe o Penélope, esperando una dicha que se aplaza o saboreando un placer efímero. Sus pecados no son imperdonables, pero su expiación no acabará jamás.

Sin la maestría narrativa de Irish Murdoch, prolífica, ocurrente y sin miedo a los tabúes, El unicornio podría ser una novela rocambolesca e inverosímil, con petulantes excursos filosóficos. Sin embargo, la narración avanza con credibilidad e ingenio, sorteando las trampas de una trama expuesta al ridículo y la pedantería. Solo un malabarista, con un notable dominio del oficio de contar, puede seducir y persuadir con unos mimbres tan escurridizos. Murdoch no logra ser tan profunda y lírica como Marguerite Yourcenar y se queda muy lejos de Michel Tournier, pero El unicornio es una novela brillante, que apasiona y a ratos estremece. Sus personajes no encajan en un canon realista, pero su estilización no les resta credibilidad ni intensidad dramática. Sus conflictos reflejan la complejidad de la naturaleza humana, cuya sed de absoluto naufraga ante una realidad con una insalvable deficiencia ontológica.

El unicornio puede leerse como una novela de amor, sacrificio e intriga. También puede abordarse como una fábula moral sobre el perdón o, más exactamente, sobre la transferencia de la culpa. Sus páginas admiten otros recorridos, que incluyen las conjeturas filosóficas, el simple misterio y la contemplación estética. Sobran razones para leer El unicornio. Es un libro raro, atípico, heterodoxo, que juega con los géneros y con el lector, sin ofender a su inteligencia. Iris Murdoch es algo más que literatura. Es un chorro de creatividad que nunca se cansa de hilar ficciones y ensayos, asombrándonos con su capacidad de inventar escenarios y personajes.

La novela no esconde su deuda con Platón, pero después de terminarlo he sentido que el bien y la belleza, lejos de fundirse, se repelen violentamente. La buena literatura siempre deja un rastro de paradojas y la pequeña súplica de no caer en la tentación de resolverlas.




martes, 1 de agosto de 2023

Casa de citas / Iris Murdoch / El amor

 



Iris Murdoch
EL AMOR


Lo que importa es el amor, no el enamoramiento.

Iris Murdoch
El mar, el mar



Casa de citas / Cosas importantes / Iris Murdoch

 



Iris Murdoch
COSAS IMPORTANTES


Cierto que leer y pensar son importantes, pero Dios mío, la comida también lo es.

Iris Murdoch
El mar, el mar



Casa de citas / Iris Murdoch / El mar

 



Iris Murdoch
EL MAR

El mar que se extiende ante mí mientras escribo, más que destellar, resplandece bajo el suave sol de mayo. Con el cambio de marea, se recuesta calladamente contra la tierra, casi sin huella de ondas ni espuma. Próximo al horizonte es de un púrpura suntuoso, marcado por líneas irregulares de verde esmeralda. En el horizonte es índigo. Cerca de la playa, donde la visión se da enmarcada por amontonamientos de desiguales rocas amarillas, hay una franja de verde más pálido, helado y puro, menos radiante y sin embargo opaco, no transparente. Estamos en el norte, y la luz brillante del sol no puede penetrar en el mar. Allí donde el agua golpea suavemente sobre las rocas sigue siendo una superficie de color, como una piel. El cielo sin nubes es muy pálido en el horizonte índigo, que le pone un leve trazo de plata. Su azul se intensifica y vibra hacia el cenit. Pero el cielo parece frío, hasta el sol parece frío.

Iris Murdoch
El mar, el mar



lunes, 31 de julio de 2023

Casa de citas / Iris Murdoch / Amante desgraciado








Iris Murdoch
AMANTE DESGRACIADO
Todo artista es un amante desgraciado. Y los amantes desgraciados quieren contar su historia.
Iris Murdoch
El príncipe negro



Iris Murdoch / Carta




CARTA DE IRIS MURDOCH

Querido Richard

La mayoría de los escritores están influenciados por otros escritores, yo he sido (o espero haber sido) influenciada por Homero, Shakespeare, Tolstoi, Dostoievski, Dickens, Jane Austen, Emily Bronte, Henry James, Proust, Kafka, y otros.... Espero que lea a todos o a muchos de los escritores mencionados, que son realmente buenos

Dos páginas, arrugas menores, 8vo oblongo, Steeple Aston, Oxford, 5 de diciembre, sin año, alrededor de la década de 1980.




Casa de citas / Gonzalo Torné / La rareza de Iris Murdoch

Iris Murdoch fotografiada por Ida Kar en 1957

Iris Murdoch fotografiada por Ida Kar en 1957

LETRAS

La rareza de Iris Murdoch

Murdoch es una moralista de primer orden, una pensadora sagaz, pero donde no tiene rival es en la puesta en escena. Sus personajes resultan muy persuasivos como espejos


Gonzalo Torné
8 de julio de 2019


¿Qué es un autor? Un nombre asociado a un número de obras. ¿Qué es un autor para nosotros? Quizás las lecturas de esas obras que emprendimos en diversos momentos de nuestra experiencia, condensados por la memoria y retomados desde el ánimo y la capacidad actual de nuestra conciencia. Un autor es un asunto personal. Mi asunto con Iris Murdoch es que pese a la casi intimidatoria lista de novelas que publicó siempre se me aparece como la autora de El mar, el mar y El príncipe negro, con un puñado de satélites desprendiendo agradables reflejos alrededor. Podría decir que entre 1973 y 1978 Murdoch fue la novelista más en forma de Inglaterra, pero quizás sea más justo afirmar que ambas novelas compiten con Ulises y Al faro como los principales logros narrativos de la literatura británica en el siglo XX.

Si la preeminencia de Murdoch no se aprecia con tanta claridad quizás se deba a su rareza, una rareza particularmente rara, pese a que sus novelas, por complejas y matizadas que sean, no le cobran al lector la tasa de acceso de la dificultad (uno de sus poderes es hacernos parecer más inteligentes al leerla que de costumbre); ni tampoco abordan cuestiones extravagantes: al contrario, uno de sus temas recurrentes es la locura del enamoramiento, la más corriente de las ocupaciones del ser humano adulto. Si nos parece que Murdoch lleva las páginas que dedica a la fascinación entre humanos a extremos inverosímiles (y con frecuencia criminales) quizás sea que hace mucho que no nos tomamos en serio la lectura del periódico.

 

Murdoch es una moralista de primer orden, una pensadora sagaz, pero donde no tiene rival es en la puesta en escena

La rareza de Murdoch deriva más bien de que su poética nunca ha quedado alineada con las corrientes literarias dominantes. Las modas cambian y la posición excéntrica de El mar, el mar se mantiene constante. En tiempos de experimentación verbal, saltos en el tiempo y libertinaje tipográfico las novelas de Murdoch preservaban una superficie narrativa plácida: se puede pasar de Orgullo y prejuicio a El príncipe negro sin transiciones. En tiempos de férrea adoración por lo verosímil, la honestidad y la documentación artesanal Murdoch nos introduce en espacios caprichosos, dominados por un tiempo lento, lleno de trampantojos, independiente de hitos sociales reconocibles. Que desde ambas perspectivas los propósitos de Murdoch parezcan anticuados nos informa mucho menos de sus novelas (originales, imprevisibles…) que de la entrañable pretensión de que existe una manera de escribir más acorde a "los tiempos". Las novelas de Murdoch transcurren en los espacios engañosos de los cuentos de hadas, pero somos nosotros quienes creemos en duendes.

Allí donde Shakespeare triunfó en su antojo de encajar la novela en una obra de teatro (aunque necesitó dos: las dos partes de Enrique IV) Murdoch parece haber satisfecho su capricho de subir la novela a un escenario. Murdoch es una moralista de primer orden, una pensadora sagaz, construye grandes personajes… de acuerdo, pero donde no tiene rival es cuando se trata de "escenificar" una narración larga. Los talentos teatrales de Murdoch son variados: disfruta del nervio dramático de dirigir a sus protagonistas hasta el núcleo de embrollos formidables; tiene la capacidad (a primera vista artesanal y con un poco de reflexión casi sobrehumana) de que el lector visualice a todos los personajes que participan en sus complicadas escenas dialogadas, y es una maestra de la puesta en escena: ¿qué son sus novelas sino representaciones de trastornos narcisistas, alteraciones de la percepción, ataques prolongados de celos? Parece como si Murdoch en lugar de explorar las mentes de los personajes con el vocabulario y el instrumental del psicoanálisis (como tantos de sus colegas) hubiese subido sobre las tablas los trastornos encarnados para examinarlos "teatralmente".


EL CULTURAL


domingo, 30 de julio de 2023

Casa de citas / Álvaro Pombo / Iris Murdoch

Iris Murdoch


Iris Murdoch y el año de mis ochocientos metros

Álvaro Pombo tuvo de joven un flechazo con Iris Murdoch que dura hasta hoy. "La releo estos días con enorme fruición para coger carrerilla y correr 800 metros en menos de dos minutos. Ella me entendería a la perfección"


Álvaro Pombo
8 de julio de 2019

Fue difícil Londres. Me costó un año entero hacerme a Golders Green. En Brent, a un paso de la estación de metro de Brent Station, me alquilaron la buhardilla contigua a Miss Strauss, una judía alemana que golpeaba la pared cuando yo escribía a máquina. Esto era en el caserón de Golda y Silvia Casimir, donde viví los primeros años. Ahí oía la radio, un transistor pequeño. Tenía veintiséis años. Era 1966, el año de la publicación de The Time Of The Angels. Ahí leí, para un curso sobre Iris Murdoch en el City Literary Institute, The Bell. Me pareció la narración más íntimamente relacionada conmigo que había leído nunca. "Michael había digerido y redigerido sus viejas experiencias. Y pensaba que había alcanzado una suficientemente sobria apreciación de sí mismo. Ahora no sentía un excesivo o cegador sentimiento de culpabilidad acerca de sus propensiones. Y había comprobado, a lo largo de mucho tiempo, que podían mantenerse bien, e incluso fácilmente, bajo control. Era lo que era y aún sentía que podría convertirse en sacerdote".

Ciertamente yo no quise nunca llegar a ser un sacerdote, y tuve –precisamente a partir de mi vida en Londres– una creciente convicción de que mi manera de ser, mi singularidad sexual, era parte esencial de mi talento. Creer esto en 1966, estar seguro de esto, era una novedad que yo, en mi aislamiento londinense, creía que era una experiencia que sólo yo experimentaba. No se trataba de un razonamiento analógico, nunca he necesitado –declaro esto con sencillez– de ninguna explicación acerca de mí mismo. Ya entonces, con veintiséis años, había enumerado todas las explicaciones y había cerrado el circuito de la justificación. Como Michael Meade estaba persuadido de que la libertad es una necesidad conocida, el aquilatado peso del propio corazón, la propia sensibilidad. Pero yo fui en Londres un solitario errante durante muchos años. Incluso durante mis cuatro años de Filosofía en el Birkbeck College, donde fui relativamente sociable e hice algunos amigos, me sentí solitario errante y empeñado en escribir poemas y relatos a la vez que lamentaba, sin decirlo, mi falta de elocuencia. Iris Murdoch me fascinó desde un principio por una elocuencia narrativa dentro de la cual yo era equivalente a muchos de sus personajes o a muchos lados de muchos de sus personajes.

Hasta que no llegó esta misma tarde del 18 de junio una llamada de El Cultural, no me había dado cuenta de que este año celebramos el centenario de Iris Murdoch (1919-2019) y yo estoy ahora escribiendo dos novelas cómicas a la vez (Iris Murdoch siempre decía que la novela es esencialmente un género cómico, como la vida humana). Tengo cien folios entre las dos novelas, que ahora van confluyendo en una sola a la cual faltan otros doscientos folios más o menos para cerrar la configuración completa del relato. Y da la casualidad de que ahora mismo, en una semana, he releído –aparte de la traducción de Andreu Jaume de La soberanía del bien y su excelente introducción, cuatro novelas de Iris Murdoch seguidas en unos diez días: Nuns and Soldiers, The Black Prince, The Sea, The Sea y Time of The Angels. ¿Y por qué he releído a Iris Murdoch ahora? Porque necesitaba rehacer de nuevo la experiencia de la resolución y la desenvoltura narrativa. Un relato es una experiencia, una configuración plegada sobre sí misma. Escribir un relato es desplegar esa experiencia única y personal que, como las novelas de Iris Murdoch, designa lo universal mediante la inmersión en lo particular y concreto. Releo a Iris Murdoch estos días con enorme fruición para coger carrerilla y correr, a lo largo de lo que queda de este año, ochocientos metros en menos de dos minutos. La ejercitación narrativa y la ejercitación deportiva son lo mismo, incluso a los ochenta y con una fuerte artrosis articular. ¿Pero –se preguntará el lector– cómo andas de articulación mental? Todavía no estoy logrando hacer en el tiempo debido mis primeros ochocientos metros. Iris Murdoch entendería a la perfección lo que me pasa.

Releo a Iris Murdoch estos días con enorme fruición para coger carrerilla y correr 800 metros en menos de dos minutos. Ella me entendería a la perfección


Con todo y con ser esta reflexión la más ajustada a un incondicional lector y meditador de nuestra autora, deja aún mucho por decir, y en especial en lo relativo a la conjunción de filosofía y novela. La introducción a La soberanía del bien de Andreu Jaume que he mencionado más arriba se titula precisamente así: Iris Murdoch: entre la filosofía y la novela. "Murdoch –nos dice Andreu Jaume– estaba tratando de desbaratar los esfuerzos por encorsetar la ética y la moral con patrones científicos y universales, llamando la atención acerca de las particularidades del individuo a lo largo de su historia y pidiendo una nueva configuración de las virtudes a la luz de este cuidado". Y más adelante, en el mismo ensayo, añade: "Murdoch terminó por dedicarse en especial a la novela porque aquello que le interesaba filosóficamente –la vida moral– podía estudiarse y representarse mejor a través de la literatura…".

Con estos dos textos tengo suficiente para responder a dos últimas preguntas acerca de Iris Murdoch. A saber: por qué a los ochenta años sigo leyendo sus novelas y animando a que el lector haga lo mismo, y por qué considero que estar entre la filosofía y la novela es una cualidad impagable para un escritor. La filosofía de ayer y de hoy contiene todo el humanismo y toda la ciencia que necesita el hombre de nuestros días para realimentar su imaginario. Hay que saltarse, por supuesto, una parte de los tecnicismos de ambas disciplinas para que el fluido intelectual penetre de verdad en la conciencia. Eso es lo que hizo Iris Murdoch contando historias de personajes a lo largo de sus ochenta años de vida.

EL CULTURAL