viernes, 21 de septiembre de 2018

jueves, 20 de septiembre de 2018

Chuck Berry / Johnny B. Goode (1958)



https://www.youtube.com/watch?v=B2-c0vZbPsQ
Chuck Berry
Johnny B. Goode
(1958)

Johnny B. Good
by Chuck Berry
Deep down Louisiana close to New Orleans Way back up in the woods among the evergreens There stood a log cabin made of earth and wood Where lived a country boy named Johnny B. Goode Who never ever learned to read or write so well But he could play the guitar just like a ringing a bell Go go Go Johnny go Go Go Johnny go Go Go Johnny go Go Go Johnny go Go Johnny B. Goode He used to carry his guitar in a gunny sack Go sit beneath the tree by the railroad track Oh, the engineerswould see him sitting in the shade Strumming with the rhythm that the drivers made People passing by they would stop and say Oh my that little country boy could play Go go Go Johnny go Go Go Johnny go Go Go Johnny go Go Go Johnny go Go Johnny B. Goode His mother told him "Someday you will be a man, And you will be the leader of a big old band. Many people coming from miles around To hear you play your music when the sun go down Maybe someday your name will be in lights Saying Johnny B. Goode tonight." Go go Go Johnny go Go go go Johnny go Go go go Johnny go Go go go Johnny go Go Johnny B. Goode


https://www.youtube.com/watch?v=htuT-3v0hJU

Johnny B Goode 

(Slash Guitar Solo)

Guns N Roses

Wells Fargo Center Philadelphia 10/8/17

Johnny B Goode (Slash Guitar Solo), Guns N Roses, Wells Fargo Center, Philadelphia, PA; October 8th, 2017; Not In This Lifetime Tour, 1st night of the US Arena Tour




lunes, 17 de septiembre de 2018

Marlene Dietrich / Milva / Lili Marleen



https://www.youtube.com/watch?v=hZAV4hsP5WU

Marlene Dietrich

Lili Marleen


Vor der Kaserne Vor dem großen Tor Stand eine Laterne Und steht sie noch davor So woll'n wir uns da wieder seh'n Bei der Laterne wollen wir steh'n |: Wie einst Lili Marleen. :| Unsere beide Schatten Sah'n wie einer aus Daß wir so lieb uns hatten Das sah man gleich daraus Und alle Leute soll'n es seh'n Wenn wir bei der Laterne steh'n |: Wie einst Lili Marleen. :| Schön rief der Posten Sie blasen Zapfenstreich Das kann drei Tage kosten Kam'rad, ich komm sogleich Da sagten wir auf Wiedersehen Wie gerne wollt ich mit dir geh'n |: Mit dir Lili Marleen. :| Deine Schritte kennt sie, Deinen zieren Gang Alle Abend brennt sie, Doch mich vergass sie lang Und sollte mir ein Leids gescheh'n Wer wird bei der Laterne stehen |: Mit dir Lili Marleen? :| Aus dem stillen Raume, Aus der Erde Grund Hebt mich wie im Traume Dein verliebter Mund Wenn sich die späten Nebel drehn Werd' ich bei der Laterne steh'n |: Wie einst Lili Marleen. :|

https://www.youtube.com/watch?v=Vs8EI9BAdKI&index=10&list=RD7MalI7RUkIU

Milva

Lili Marleen

(1990)



https://www.youtube.com/watch?v=D-szCTIE4q0




https://www.youtube.com/watch?v=4iozcfAeZzELale Andersen 

Lale Andersen 

1939

Lili Marlene (original German version)




miércoles, 12 de septiembre de 2018

Invitaciones del Triunfo / Fiesta del Libro de Medellín 2018


París, 2017


MISTERIOS PROHIBIDOS PARA ADULTOS

Sábado 15 de septiembre
6:30
Salón Restrepo, Jardín Botánico





Casa de citas / Yoani Sánchez / Poder y redes sociales


Yoani Sánchez
PODER Y REDES SOCIALES


Las herramientas que una vez dieron voz a los ciudadanos se han ido transformando en un canal para que los autoritarismos entronicen sus discursos. Asimilaron que en estos tiempos de posverdad, un tuit repetido hasta el cansancio resulta más efectivo que colocar vallas en la carretera o pagar por espacios publicitarios.
Los regímenes totalitarios han pasado a la ofensiva en la web. Les tomó algo de tiempo darse cuenta de que podían usar las mismas redes que sus opositores, pero ahora lanzan a los policías informáticos contra sus críticos. Lo hacen con la misma metódica precisión con que han vigilado por años a sus disidentes y controlado la sociedad civil de sus naciones.
Desde hackeos de sitios digitales hasta la creación de falsos perfiles de usuarios, los Gobiernos antidemocráticos están probando todo aquello que les ayude a imponer matrices de opiniones favorables a su gestión. Cuentan a su favor con la irresponsable ingenuidad con que muchas veces se comparte contenido en el ciberespacio.



martes, 11 de septiembre de 2018

Casa de citas / Yoni Sánchez / Populismo y redes sociales



Yoani Sánchez
POPULISMO Y REDES SOCIALES


Con cierta suspicacia primero y con mucho oportunismo más tarde, los populistas han encontrado en Internet un espacio para difundir sus promesas y captar adeptos. Se valen del increíble altavoz que brinda el mundo virtual y colocan las trampas de su demagogia, en la que quedan atrapados miles de internautas.




lunes, 10 de septiembre de 2018

Casa de citas / Eduardo Galeano / La carta y la vida

Eduardo Galeano
según Sciammarella


Eduardo Galeano
LA CARTA Y LA VIDA



En cierto día de octubre de cada año, sonaba el teléfono en la casa de Mirta Colángelo:
—Hola, Mirta. Soy Jorge Pérez. Ya te imaginás por qué te llamo. Hoy hace dieciséis años que encontré aquella botella. Te llamo, como siempre, para celebrarlo.
Jorge había perdido el empleo y las ganas de vivir, y andaba caminando su desdicha entre las rocas de Puerto Rosales, cuando encontró una de esas naves de la flota que los alumnos de Mirta arrojaban, cada año, a la mar. Dentro de cada botella, había una carta.
En la botella que encontró Jorge, la carta, muy mojada pero todavía legible, decía:
—Me llamo Martín. Tengo ocho anios. Busco un amigo por los caminos del agua.
Jorge la leyó y esa carta le devolvió la vida.



domingo, 9 de septiembre de 2018

Casa de citas / Eduardo Galeano / Sueños




Eduardo Galeano
SUEÑOS


Los cuerpos, abrazados, van cambiando de posición mientras dormimos, mirando hacia aquí, mirando hacia allá, tu cabeza sobre mi pecho, el muslo mío sobre tu vientre, y al girar los cuerpos va girando la cama y giran el cuarto y el mundo. "No, no -me explicás creyéndote despierta-. Ya no estamos ahí. Nos mudamos a otro país mientras dormíamos."

Eduardo Galeano
Días y noches de amor y de guerra
Era, México, 1983, p. 31



sábado, 8 de septiembre de 2018

Georges Moustaki / “La Métèque”



https://www.youtube.com/watch?v=G4FRvp9urmA

Georges Moustaki
“La Métèque”
Avec ma gueule de métèque
De Juif errant, de patre grèc
Et mes cheveux aux quatre vents
Avec mes yeux tout délavés
Qui me donnent l’air de rêver
Moi qui ne rêve plus souvent
Avec mes mains de maraudeur
De musicien et de rôdeur
Qui ont pillé tant de jardins
Avec ma bouche qui a bu
Qui a embrassé et mordu
Sans jamais assouvir sa faim
Avec ma gueule de métèque
De Juif errant, de patre grèc
De voleur et de vagabond
Avec ma peau qui s’est frottée
Au soleil de tous les étés
Et tout ce qui portait jupon
Avec mon coeur qui a souffert
Souffrir autant qu’il a souffert
Sans pour cela faire d’histoires
Avec mon âme qui n’a plus
La moindre chance de salut
Pour éviter le purgatoire
Avec ma gueule de métèque
De Juif errant, de patre grèc
Et mes cheveux aux quatre vents
Je viendrai, ma douce captive
Mon âme soeur, ma source vive
Je viendrai boire de tes vingt ans
Et je serai prince de bleu sang
Rêveur ou bien adolescent
Comme il te plaira de choisir
Et nous ferons de chaque jour
Toute une éternité d’amour
Que nous vivrons avant mourir
Et nous ferons de chaque jour
Toute une éternité d’amour
Que nous vivrons avant mourir


https://www.youtube.com/watch?v=e52J7VP46aU

Georges Moustaki & Dalaras

Le métèque


Georges Moustaki
“La Métèque”
Con mi acento de extranjero,
judío errante, de pastor griego
y mis cabellos a los cuatro vientos,
con mis ojos totalmente deslavados
que me dan un aire de soñar,
yo que a menudo no sueño,
con mis manos de merodeador,
de músico y de vagabundo
que se pillaron en tantos jardines,
con mi boca que bebió,
que abrazó y mordió
sin saciar jamás su hambre.
Con mi boca de extranjero,
de judío errante, de pastor griego,
de ladrón y de vagabundo,
con mi piel que se frotó
al sol de todos los veranos
y de todo lo que llevaba enaguas,
con mi corazón que supo hacer
sufrir como sufrió
sin hacer historias de esto,
con mi alma que no tiene
la menor posibilidad de salvación
para evitar el purgatorio.
Con mi boca de extranjero,
judío errante, de pastor griego
y mis cabellos a los cuatro vientos,
yo vendré mi dulce cautiva,
mi alma gemela, mi fuente viva,
vendré para beber tus veinte años
y seré príncipe de sangre,
soñador o bien adolescente,
como te guste escoger,
y haremos de cada día
toda una eternidad de amor
que viviremos a morir
Y haremos de cada día
toda una eternidad de amor
que viviremos a morir

viernes, 7 de septiembre de 2018

Casa de citas / Thomas Berhard / Escribir



Thomas Bernhard
ESCRIBIR

Durante semanas no escribo nada. Meses, años. Pero de repente, otra vez hay algo. Entonces miro el cajón, en mi cofrecillo de joyas. La verdad es que no hago otra cosa, abro una cajita fuerte, y ahí hay otra vez un manuscrito. De algún modo ha vuelto a crecer algo.


Kurt Hofmann
Conversaciones con Thomas Bernhard
Anagrama, Barcelona, 1999, p. 23


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miércoles, 5 de septiembre de 2018

Triunfo Arciniegas / Diario / Balthus


Viajero con Balthus
Triunfo en Nueva York


Triunfo Arciniegas
Balthus
5 de septiembre de 2018

Enriquecí la biografía de Balthus con cinco nuevas entradas y dejé preparadas diecisiete para Otros mundos. No todas aparecerán con la fecha de mañana, puesto que he recogido materiales que van desde 1996 hasta el presente. Esta madrugada subí las fotos que le hice a Teresa soñando en Nueva York.


Además, quedan listas dos entradas para Dragon: "The Adoration or Perversity of Childhood in Balthus’s Paintings" y "The Art of Happiness: Balthus & Sutsuko Klossowska". Y, en mi blog de fotos, otro Balthus, por supuesto, para un total de veinte entradas.

Como para mañana no tengo nada preparado de Balthus en francés, en Rimbaud subiré una frase de John Fante, el maestro de Bukowski. Tampoco tengo nada traducido al portugués en Pessoa, aunque seguiré buscando: Pablo, un artista callejero con sello propio, le hace frente con altura al asunto en las plácidas calles de Montevideo. Y en Dante, hasta el 14 de septiembre, sigo con los exquisitos poemas de amor del colombiano Darío Jaramillo Agudelo traducidos al italiano por Martha Canfield. En Kiss, el quinto y último poema de la cubanísima Carilda Oliver Labra, mujer grande, poeta mayor.


Picasso es, para mí, como para tantos otros, el pintor más grande de su siglo, el monstruo mayor. Me regocija su obra y no deja de asombrarme su vida. Tengo en mi biblioteca más de treinta títulos que intentan descifrar estos misterios. Pero Balthus es mi devoción, mi religión. El tercero de la lista, monstruo indiscutible, es Lucian Freud, y me fascinan por igual su vida y su obra. Los otros serían -pueden reemplazarse, los tres primeros no- Bacon y Hooper. Curioso, todos pertenecen a un mismo siglo. Vicente Molina Foix habla del acto religioso del dueño de un Balthus: se arrodilla cada día ante una de sus muchachitas desnudas. Yo haría lo mismo, pero me hace falta el original. Si la suerte me hubiera hecho descaradamente rico y si tuviese la oportunidad de comprar una sola pintura en el mundo, sin duda alguna, me decidiría por un Balthus.



Viajero con Teresa
Nueva York, 2012


Una de las veinte entradas mencionadas se refiere a Teresa soñando. Una carta que acusa al MET de apoyar el voyerismo y la cosificación de los niños, firmada por 8700 personas, solicitó el retiro de la obra. El museo, por supuesto, se negó. ¿A dónde iríamos a parar entonces con tales razonamientos "políticamente correctos"? Para estas personas, seguramente, Balthus no es nada más que un pervertido.





martes, 4 de septiembre de 2018

Casa de citas / Thomas Bernhard / Visitas


Thomas Bernhard


Thomas Bernhard
VISITAS

1
Hay gente, insistente, que no entiende ni escucha. En seguida se ponen insolentes, y se ponen insolentes también si no les abro, entonces golpean con ese aldabón en mi puerta, como si quisieran echarla abajo de rabia, y los vecinos dicen: "Está en casa".

2

No soy alguien que se encierre y esté solo, duerma y se embrutezca. Nadie debería encerrarse y cerrarlo todo, pero es que si abro entran. Viene la gente y se cree que esto es suyo. Como si yo fuera una jirafa que se pudiera observar, abierta al público.


Kurt Hofmann
Conversaciones con Thomas Bernhard
Anagrama, Barcelona, 1999, pp. 12-13


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Casa de citas / Thomas Bernhard / Sobre la soledad

Thomas Bernhard
Ilustración de Detiev Foth

Thomas Bernhard
SOBRE LA SOLEDAD

Cuando se está solo mucho tiempo, cuando se ha acostumbrado uno a estar solo, cuando se ha adiestrado uno para estar solo, se descubren cada vez más cosas por todas partes, donde para los demás no hay nadie.

Kurt Hofmann
Conversaciones con Thomas Bernhard
Anagrama, Barcelona, 1999, p. 19


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lunes, 3 de septiembre de 2018

Casa de citas / Vargas Llosa / Leer



Mario Vargas Llosa
LEER

1

Leer es protestar contra las insuficiencias de la vida.


2
Leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es, no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones, para poder vivir de alguna manera, las muchas vidas que quisiéramos tener, cuando a penas disponemos de una sola.

3

Aprender a leer es lo más importante que me ha pasado en la vida.

domingo, 2 de septiembre de 2018

Casa de citas / Proust / Enamoramientos




Marcel Proust
ENAMORAMIENTOS
Traducción de Mauro Armiño

Tiempo atrás, uno soñaba con poseer el corazón de una mujer de la que estaba enamorado; más tarde, sentir que poseemos el corazón de una mujer puede bastar para enamorarnos de ella.

Marcel Proust
Por la parte de Swan / A la busca del tiempo perdido I
Valdemar, Madrid, 2007, p. 178

sábado, 1 de septiembre de 2018

Casa de citas / Proust / La ventana



Ilustración de Asumiko Nakamura

Marcel Proust
LA VENTANA
Traducción de Mauro Armiño


Cuando al día siguiente salió del banquete, llovía a cantaros, y sólo podía disponer de su victoria; un amigo le propuso llevarlo en cupé, y como Odette, al pedirle que fuese a su casa, le había asegurado que no esperaba a nadie, con ánimo tranquilo y corazón contento hubiese preferido ir a acostarse a casa antes que ponerse en marcha bajo la lluvia. Pero si Odette no le veía ansioso por pasar siempre a su lado, sin ninguna excepción, al fin de la velada, tal vez dejaría de reservársela la vez que más particularmente la habría deseado.

Llegó a casa de Odette pasadas las once, y mientras se disculpaba por no haber podido ir antes, ella se quejó de que en efecto era muy tarde, la tormenta la había indispuesto, le dolía la cabeza, y le advirtió que no estaría con él más de media hora, que a media noche lo despediría; y al rato se sintió cansada y dijo que quería irse a dormir.

"¿Entonces esta noche no hay catleyas?", dijo él, "y yo que esperaba una buena catleya pequeñita".

Y algo huraña y nerviosa, ella le respondió:

"No, amiguito, nada de catleyas esta noche, ¡ya ves que me encuentro mal!"

"Quizá te sentaría bien, pero, en fin, no insisto".

Ella le rogó que apagase la luz antes de irse; echó el mismo las cortinas de la cama y se marchó. Pero una vez de vuelta en casa, de repente se le ocurrió la idea de que tal vez Odette estaba esperando a alguien esa noche, que se había limitado a simular el cansancio y que le había pedido que apagara la luz sólo para hacerle creer que iba a dormirse, que, nada más irse, ella había vuelto a encenderlas y hecho entrar al hombre que debía pasar la noche con ella.  Miró el reloj. Hacía poco más de una hora y media que la había dejado, volvió a salir, tomó un fiacre y lo mandó a parar muy cerca de la casa de Odette, en una callecita perpendicular a la que daba la parte trasera del palacete y donde, a veces, él iba a llamar a la ventana del dormitorio para que Odette saliese a abrirle; se apeó del carruaje, todo estaba desierto y oscuro en aquel barrio, no tuvo más que dar unos pasos para desembocar casi delante de la casa. En medio de la oscuridad de todas las ventanas de la calle, hacía tiempo apagadas, vio una única ventana de la que fluía -entre los postigos que comprimían su pulpa misteriosa y dorada- la luz que llenaba el cuarto y que, tantas otras noches, a la verla desde lejos cuando llega a la calle, le alegraba y le anunciaba: "Ahí está esperándote", y que ahora le torturaba diciéndole: "Ahí está con el hombre que esperaba". Quería saber quién era; se deslizó a lo largo de la pared hasta la ventana, pero entre las lamas oblicuas de los postigos no conseguía ver nada; sólo oía en el silencio de la noche el murmullo de una conversación. Sufría, por supuesto, viendo aquella luz en cuya atmósfera de oro se movía, detrás de las contraventanas, la invisible y detestada pareja, oyendo aquel murmullo que revelaba la presencia del hombre que había llegado después de su partida, la falsía de Odette, la felicidad que estaba disfrutando con el otro.

Y sin embargo, estaba contento de haber ido: el tormento que le había forzado a salir de casa había perdido intensidad al volverse menos vago ahora que la otra vida de Odette, de la que tuvo una repentina e impotente sospecha en ese momento, la tenía allí, plenamente iluminada por la lámpara, prisionera sin saberlo de aquel cuarto donde, cuando quisiera, entraría para sorprenderla y capturarla; aunque que quizá fuese mejor llamar en los postigos como hacía muchas veces cuando iba muy tarde; así al menos Odette se enteraría que él sabía, que había visto la luz y oído las voces, y, mientras que hacía un instante la imaginaba riéndose de sus ilusiones junto al otro, ahora era a ellos a los que veía, confiados en su error, engañados en suma por él, a quien creían muy lejos de allí cuando él ya sabía que iba a llamar en los postigos. Y quizá la sensación casi agradable que notaba en ese momento era algo más que el apaciguamiento de una duda o de un dolor: era un placer de la inteligencia. Si, desde que estaba enamorado, las cosas habían recobrado a sus ojos algo del delicioso interés que tiempo atrás les encontraba, pero sólo cuando estaban iluminadas por el recuerdo de Odette, ahora era una facultad distinta de su juventud estudiosa lo que sus celos reanimaban, la pasión por la verdad, pero por una verdad que también se interponía entre él y su amante, recibiendo su propia luz únicamente de sí misma, una verdad puramente individual que tenía por único objeto, infinitamente preciado y casi de una belleza desinteresada, los actos de Odette, sus relaciones, sus proyectos, su pasado. En cualquier otra época de su vida, los hechos menudos y gestos cotidianos de una persona siempre la habían parecido a Swann faltos de valor; si alguien le contaba un chisme, le parecía insignificante y, mientras lo escuchaba, sólo le prestaba el nivel más vulgar de atención; era, para él, uno de los momentos en que más mediocre se sentía. Pero, en ese extraño período del amor, lo individual asume una dimensión tan profunda que esa curiosidad que sentía despertar en él por las menores preocupaciones de una mujer era la misma que tiempo atrás había sentido por la Historia. Y todo lo que hasta entonces le había dado vergüenza, espiar delante de una ventana y mañana quién sabe si tal vez sonsacar con astucia a los indiferentes, sobornar a los criados, escuchar detrás de las puertas; ya no le parecían, lo mismo que el desciframiento de textos, sino otros tantos métodos de investigación científica de un valor indudable o idóneos para la búsqueda de la verdad.

Cuando estaba a punto de llamar en los postigos, tuvo un momento de vergüenza pensando que Odette iba a saber que había tenido sospechas, que había vuelto, que se había apostado en la calle. Muchas veces le había hablado ella del horror que le inspiraban los celosos, los amantes que espían. Era una torpeza lo que se disponía a hace, y Odette lo detestaría por ello, mientras que en ese mismo momento, cuando todavía no había llamado, acaso seguía queriéndolo aunque lo engañase.  ¡Cuántas dichas posibles sacrifica así la realización a la impaciencia de un placer inmediato! Más el deseo de conocer la verdad era más fuerte y le parecía más noble. Sabía que la realidad de circunstancias por cuya reconstrucción exacta hubiese dado la vida, era legible al otro lado de aquella ventana estriada de luz como bajo la cubierta miniada en oro de uno de esos manuscritos preciosos a cuya belleza artística misma no puede permanecer indiferente el erudito que lo consulta. Sentía una sensación voluptuosa al conocer la verdad que le apasionaba en aquel ejemplar único, efímero y precioso, de una materia translúcida tan cálida y tan hermosa.  Y además la superioridad que en sí mismo sentía sobre ellos -que tanta necesidad tenía de sentir-, tal vez consistiría, más que en estar enterado, en poder demostrarles que lo estaba. Se puso de puntillas. Golpeó. No le habían oído, volvió a golpear más fuerte, la conversación se interrumpió. Una voz de hombre (trató de distinguir a cuál de los amigos de Odette que él conocía podía pertenecer) preguntó:

"¿Quién anda ahí?"

No estaba seguro de poder reconocerla. Llamó una vez más. Se abrió la ventana, luego los postigos. Ahora ya no había modo de retroceder, y puesto que ella iba a saberlo todo, preocupado por no ofrecer un aspecto demasiado feliz, demasiado celoso y curioso, se limitó a gritar en tono alegre y despreocupado:

"No, no se moleste, pasaba por aquí, he visto la luz y he querido saber si se encontraba mejor".

Miró. Delante de él, dos ancianos señores se asomaban a la ventana, uno sosteniendo una lámpara, y entonces vio la habitación, una habitación desconocida. Como tenía la costumbre, cuando iba a casa de Odette muy tarde, de reconocer su ventana por ser la única iluminada en una hilera de ventanas todas iguales, se había equivocado y había llamado a la ventana siguiente y que pertenecía a la casa de al lado. Se retiró disculpándose y regresó a casa, feliz de que la satisfacción de su curiosidad hubiese dejado intacto su amor y de no haber dado a Odette con sus celos, después de haber fingido durante tanto tiempo una especie de indiferencia hacia ella, esa prueba de amarla demasiado que, entre dos amantes, dispensa por siempre a quien la recibe de querer mucho al otro. Nunca le habló de aquel contratiempo, y hasta él mismo dejó de pensar en él. Pero, en ocasiones, un giro de su pensamiento tropezaba con aquel recuerdo que no había visto, le golpeaba, lo empujaba más adentro, y Swann sentía un dolor súbito y hondo. Como si se tratara de un dolor físico, los pensamientos de Swann no lograban atenuarlo; pero al menos con el dolor físico, como no depende del pensamiento, el pensamiento puede detenerse en él, comprobar que ha disminuido, que ha cesado de momento. En cambio, aquel otro dolor, el pensamiento lo recreaba por el hecho mismo de recordarlo.  Pretender evitar pensar en él era seguir pensando, seguir sufriendo. Y si, hablando con amigos, se olvidaba de su propio mal, de pronto una palabra que le decían le mudaba la cara, como un herido a quien un torpe toca sin precaución el miembro dolorido. Al despedirse de Odette, estaba feliz, se sentía tranquilo, recordaba sus sonrisas, burlonas cuando hablaba de este o aquel otro personaje, y tiernas con él, el peso de la cabeza que ella apartaba de su eje para inclinarla, para dejarla caer, casi a pesar suyo, sobre los labios de Swann, como había hecho la primera vez en el carruaje, las miradas lánguidas que le había lanzado mientras estaba entre sus brazos al tiempo que, friolenta, apretaba contra el hombro de Swann su cabeza reclinada.                                                                                                                                                                                                                                                                 
Marcel Proust
Por la parte de Swan / A la busca del tiempo perdido I
Valdemar, Madrid, 2007, pp. 244 - 247