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lunes, 26 de octubre de 2026

Roberto Bolaño / Kafka



Franz Kafka
Praga, 1922


Roberto Bolaño
KAFKA

Con Kafka, a quien considero el más grande escritor del siglo XX, tuve algunos problemas. No es que no encontrara humor en Kafka, que lo hay y a raudales, sino que su humor era de un voltaje superior a mis fuerzas. Eso no me ocurrió con Musil ni Döblin ni Hesse, ni tampoco con Lichtenberg, a quien releo a menudo y que siempre me levanta el ánimo. Musil, Döblin, Hesse, escriben desde el borde del abismo, lo cual es meritorio. Casi nadie se atreve a escribir desde ahí. Pero Kafka escribe desde el abismo. Mientras cae por el abismo, que es pequeño como una flor o como una catedral, pero que también es grande como el universo. Kafka escribe mientras va cayendo, como Alicia en el País de las Maravillas. Cuando por fin comprendí el calibre del desafío de Kafka, empecé a leerlo desde otra perspectiva y pude acceder a la totalidad de su obra. Y ahora puedo leerlo y reírme con cierta tranquilidad, aunque nadie puede estar tranquilo demasiado tiempo con un libro de Kafka en las manos. 



 



sábado, 23 de mayo de 2026

Casa de citas / Kafka / Diarios

 



Franz Kafka
DIARIOS

Domingo, 19 de julio de 1910

Dormir, despertar, dormir, despertar, perra vida.


***


21 de diciembre de 1910

La sensación de estar atado, y al mismo tiempo la otra, la de que, si me desatara, sería peor aún.


***


26 de diciembre de 1910

La soledad tiene sobre mí un poder que nunca falla


***


2 de noviembre de 1911

Esta mañana, a primera hora, por primera vez en mucho tiempo, la alegría de imaginar un cuchillo que gira clavado en mi corazón.


***

30 de noviembre de 1911

Tres días sin escribir nada.


lunes, 1 de diciembre de 2025

László Krasznahorkai / Kafka

 


László Krasznahorkai

“Cuando no estoy leyendo a Kafka, estoy pensando en Kafka. Cuando no estoy pensando en Kafka, extraño pensar en él. Como no he pensado en él durante un tiempo, lo saco y lo leo de nuevo. Así es como funciona”.

László Krasznahorkai

domingo, 19 de octubre de 2025

Kafka según Borges

 



KAFKA SEGÚN BORGES

Kafka ha sido uno de los grandes autores de toda la literatura. Para mí es el primero de este siglo. Yo estuve en los actos del centenario de Joyce y cuando alguien lo comparó con Kafka dije que eso era una blasfemia. Es que Joyce es importante dentro de la lengua inglesa y de sus infinitas posibilidades, pero es intraducible. En cambio Kafka escribía en un alemán muy sencillo y delicado. A él le importaba la obra no la fama, eso es indudable. De todos modos, Kafka, ese soñador que no quiso que sus sueños fueran conocidos, ahora es parte de ese sueño universal que es la memoria. Nosotros sabemos cuáles son sus fechas, cuál es su vida, que es de origen judío y demás, todo eso va a ser olvidado, pero sus cuentos seguirán contándose.

Jorge Luis Borges




jueves, 21 de agosto de 2025

Casa de citas / Kafka / Ottla

 


Kafka & Ottla

El 7 de octubre de 1943, en el campo de exterminio de Auschwitz, ocurrió un acto que parece increíble en medio del horror. Ottla Kafka, hermana del escritor Franz Kafka, no estaba destinada a morir allí. Desde Terezín había sido seleccionada para otro destino. Pero cuando vio que un grupo de niños era cargado en un transporte, tomó una decisión que la historia aún recuerda: se ofreció a ir con ellos.

Nadie la obligaba. Ella eligió. Eligió caminar junto a los más indefensos, convencida de que podía tranquilizarlos en su miedo, aunque supiera que eso la llevaría directamente a la muerte.

En Auschwitz no había compasión. Una sola orden decidía la vida o la muerte. Ottla y los niños fueron enviados a las cámaras de gas sin discursos ni demoras. Su viaje terminó allí.

Lo que asombra es que, en un lugar construido para destruir toda humanidad, alguien se atreviera a ejercerla. Ottla Kafka brilló como una chispa de ternura donde solo había oscuridad. No cambió el destino de aquellos niños, pero sí lo llenó de un último instante de amor. Y esa elección, imposible de comprender en toda su magnitud, la convirtió en un símbolo silencioso de valentía y compasión en los días más oscuros del siglo XX.



jueves, 2 de marzo de 2023

miércoles, 19 de mayo de 2021

Casa de citas / Paul Auster / La muñeca de Kafka


Paul Auster
La muñeca de Kafka

Estamos en el último año de la vida de Kafka, que se ha enamorado de Dora Diamant, una chica polaca de diecinueve o veinte años de familia hasídica que se ha fugado de casa y ahora vive en Berlín. Tiene la mitad de años que él, pero es quien le infunde valor para salir de Praga, algo que Kafka desea hacer desde hace mucho, y se convierte en la primera y única mujer con quien Kafka vivirá jamás. Llega a Berlín en el otoño de 1923 y muere la primavera siguiente, pero esos últimos meses son probablemente los más felices de su vida. A pesar de su deteriorada salud. A pesar de las condiciones sociales de Berlín: escasez de alimentos, disturbios políticos, la peor inflación de la historia de Alemania. Pese a ser plenamente consciente de que tiene los días contados.

Todas las tardes Kafka sale a dar un paseo por el parque. La mayoría de las veces, Dora lo acompaña. Un día, se encuentra con una niña pequeña que está llorando a lágrima viva. Kafka le pregunta qué le ocurre, y ella contesta que ha perdido su muñeca. Él se pone inmediatamente a inventar un cuento para explicarle lo que ha pasado. “Tu muñeca ha salido de viaje”, le dice. “¿Y tú cómo lo sabes?”, le pregunta la niña. “Porque me ha escrito una carta”, responde Kafka. La niña parece recelosa. “¿Tienes ahí la carta?”, pregunta ella. “No, lo siento”, dice él, “me la he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo.” Es tan persuasivo, que la niña ya no sabe qué pensar. ¿Es posible que ese hombre misterioso esté diciendo la verdad? Kafka vuelve inmediatamente a casa para escribir la carta. Se sienta frente al escritorio y Dora, que ve como se concentra en la tarea, observa la misma gravedad y tensión que cuando compone su propia obra. No es cuestión de defraudar a la niña. La situación requiere un verdadero trabajo literario, y está resuelto a hacerlo como es debido. Si se le ocurre una mentira bonita y convincente, podrá sustituir la muñeca perdida por una realidad diferente; falsa, quizá, pero verdadera en cierto modo y verosímil según las leyes de la ficción.

Al día siguiente, Kafka vuelve apresuradamente al parque con la carta. La niña lo está esperando, y como todavía no sabe leer, él se la lee en voz alta. La muñeca lo lamenta mucho, pero está harta de vivir con la misma gente todo el tiempo. Necesita salir y ver mundo, hacer nuevos amigos. No es que no quiera a la niña, pero le hace falta un cambio de aires y por tanto deben separarse durante una temporada. La muñeca promete entonces a la niña que le escribirá todos los días y la mantendrá al corriente de todas sus actividades.

Ahí es donde la historia empieza a llegarme al alma. Ya es increíble que Kafka se tomara la molestia de escribir aquella primera carta, pero ahora se compromete a escribir otra cada día, única y exclusivamente para consolar a la niña, que resulta ser una completa desconocida para él, una criatura que se encuentra casualmente una tarde en el parque. ¿Qué clase de persona hace una cosa así? Y cumple su compromiso durante tres semanas, Nathan. Tres semanas. Uno de los escritores más geniales que han existido jamás sacrificando su tiempo (su precioso tiempo que va menguando cada vez más) para redactar cartas imaginarias de una muñeca perdida. Dora dice que escribía cada frase prestando una tremenda atención al detalle, que la prosa era amena, precisa y absorbente. En otras palabras, era su estilo característico, y a lo largo de tres semanas Kafka fue diariamente al parque a leer otra carta a la niña. La muñeca crece, va al colegio, conoce otra gente. Sigue dando a la niña garantías de su afecto, pero apunta a determinadas complicaciones que han surgido en su vida y hacen imposible su vuelta a casa. Poco a poco, Kafka va preparando a la niña para el momento en que la muñeca desaparezca de su vida por siempre jamás. Procura encontrar un final satisfactorio, pues teme que, si no lo consigue, el hechizo se rompa. Tras explorar diversas posibilidades, finalmente se decide a casar a la muñeca. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de pedida, la boda en el campo, incluso la casa donde la muñeca vive ahora con su marido. Y entonces, en la última línea, la muñeca se despide de su antigua y querida amiga.

Para entonces, claro está, la niña ya no echa de menos a la muñeca. Kafka le ha dado otra cosa a cambio, y cuando concluyen estas tres semanas, las cartas la han aliviado de su desgracia. La niña tiene la historia para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir.


Paul Auster
Brooklyn Follies


jueves, 25 de junio de 2020

Casa de citas / Alberto Manguel / Sobre el oficio de escribir II

The drawings of Franz Kafka: The graphic mind of a writer ...
Ilustración de Franz Kafka

Alberto Manguel
SOBRE EL OFICIO DE ESCRIBIR III


Son poquísimos los escritores que se ganan la vida sólo con sus libros. La mayor parte sobrevive haciendo otras cosas: trabajando como recaudador de impuestos (Shakespeare), de soldado (Cervantes), de empleado en una oficina de seguros (Kafka) o en un banco (T. S. Eliot), haciendo de maestra (Emily Brontë), de impresor (Balzac), de médico (Chéjov), de minero (Jack London), de guionista (Faulkner), de enfermera (Agatha Christie), de reportero (García Márquez). Los ejemplos son incontables.

 Rcihard Ford, visto por Sciammarella.
Richard Ford
Ilustración de Sciammarella
Nos resulta inconcebible que un oculista o un abogado se gane la vida no con los talentos de su profesión, sino trabajando de verdulero o lavaplatos (inconcebible, pero ocurre, como lo saben cientos de inmigrantes que no pueden ejercer sus verdaderas profesiones en el país que los acoge). Pero que un escritor deba buscar el pan de cada día dando clases o haciendo traducciones (en los mejores casos) o (en los peores) sirviendo mesas o tipiando documentos en alguna oficina anónima nos parece normal. Una amable señora, al enterarse de que su vecino, Richard Ford, era escritor, le preguntó interesada: “Sí, pero ¿de qué trabaja?”.