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miércoles, 15 de enero de 2025

Un libro / Algo que quería contarte, de Alice Munro






La escritora canadiense Alice Munro (Wingham, Ontario, 1931).

El libro que convirtió a Alice Munro 

en una maestra del relato

Biografía

En su tercera antología de cuentos, ‘Algo que quería contarte’, la premio Nobel afianzó su manera de narrar la vida en todos sus detalles. Por primera vez se publica ahora en español
JAVIER APARICIO MAYDEU
27 MAY 2021 - 20:47 COT

En su célebre artículo La narrativa moderna, Virginia Woolf propone que “examinemos por un instante una mente corriente en un día corriente. La mente recibe un sinfín de impresiones: triviales, fantásticas, evanescentes o grabadas con afilado acero. La vida es un halo luminoso. ¿No es el cometido del novelista transmitir este espíritu cambiante, desconocido e ilimitado?”. Tal vez sí, y no otra cosa es lo que ha venido haciendo la gran Alice Munroa lo largo de su discreta y triunfal trayectoria, miniaturas de la comédie humaine de la mano de precisas e inquietantes miradas a una vida cotidiana que solo es anodina si se la ve desde lejos, pues observada de cerca presenta matices inusitados y emociones imperceptibles que el talento de Munro, guarnecido con una capacidad infinita para advertir la sutileza de los detalles, el alboroto de los sentimientos y “el peso del mundo de los objetos”, es capaz de revelar.

martes, 14 de enero de 2025

Casa de citas / Alice Munro / La escritura y la vida

 

Alice Munro
Foto de George Duncan

Alice Munro

LA ESCRITURA Y LA VIDA


Alice hablaba a menudo de que tenía una vida real, que estaba oculta, y otra vida, en la que “fingía ser lo que la gente quería que fuera”. También hablaba de moverse por el mundo como “dos mujeres”. Una usaba la vida de la otra como material. De joven, había reconocido que sus deseos estaban tan en desacuerdo con su entorno (leer libros se consideraba una adicción peligrosa) que si se los denunciaba, se la ridiculizaba. Incluso cuando tenía treinta y tantos años, su hermano, que se había convertido en químico, le dijo: “He aprendido a aceptar mis limitaciones y creo que eso es lo que debes hacer. Nada de lo que escribes es bueno”. Cuando era madre joven, mentía en lugar de decirles a sus amigas que estaba escribiendo. No podía escribir en absoluto si había otro adulto en la casa. “Supongo que simplemente viví una vida muy engañosa”, dijo, “pero no me molestaba”. La mujer abierta era modesta, amable y vivaz, una oyente compasiva. Pero el esfuerzo de estar en público —el “trabajo constante de esa autopresentación ” , escribió Alice a su agente— la hizo sentir tan desregulada que sintió que necesitaba dejar de hacer giras de promoción de libros. “No  soloestoy  siendo quisquillosa, creo que estoy haciendo un juicio verdadero de lo que es peligroso para mí”, escribió.

En catorce libros de relatos breves, más de cincuenta de los cuales fueron publicados en  The New Yorker , Alice creó una nueva forma de expresar la manera en que el pasado, asimilado de forma incompleta, crea las condiciones de vida en el presente. Sus historias avanzan hacia adelante y hacia atrás durante décadas, colocando una capa de experiencia en un ángulo sorprendente respecto a otra. A veces hay una revelación que parece un gran avance, pero después de que pasan suficientes años en la vida de un personaje nos damos cuenta de que la revelación no era tan importante. Puede parecer como si, por primera vez, estuviéramos comprendiendo la totalidad de la vida humana. Los patrones emocionales se replican; las revelaciones salen a la superficie y luego se desvanecen; las heridas se experimentan solo tardíamente. Su modo de escribir parece casi traumatizado. La negación está incorporada en la estructura de la historia. Ella captura lo que se siente al vivir junto al dolor y la vergüenza sin mirarlos directamente.

En toda su obra, recurre repetidamente a episodios de su propia vida, como si estuviera trazando el arco de un recuerdo en diferentes etapas, a medida que se vuelve más o menos soportable. Escribió por primera vez sobre su madre en 1959, poco después de su muerte, lo que se convirtió en lo que ella llamó "mi material central". Alice, la mayor de tres hijos, estaba en la adolescencia temprana cuando a su madre le diagnosticaron la enfermedad de Parkinson. Se sintió humillada por los síntomas de su madre -su voz ininteligible, su babeo- y también por sus súplicas de atención. Después de ir a la universidad, con una beca, Alice rara vez regresó a casa. En momentos de desesperación, su madre decía: "Pronto veré a Alice", como una oración. "Querida querida", le escribió su madre, poco antes de morir. "Estoy tan llena de amor y buenos deseos que temo que mi carta se rompa por la esquina. Por favor, escribe pronto (solo para mí) todo. He encontrado mi amor y está centrado en mis hijos".

Alice no había visto a su madre en dos años y medio y no fue a su casa para el funeral. “El problema, el único problema, es mi madre”, escribió en un relato que se basó en esos recuerdos. En otro relato, describió cómo “eliminamos toda emoción de nuestro trato con ella, como si le quitáramos la carne a un prisionero para debilitarlo, hasta que murió”.


Rachel Aviv
La voz pasiva de Alice Munro
The New Yorker, 23 de diciembre de 2024



domingo, 5 de enero de 2025

Casa de citas / Los últimos años de Alice Munro


 LOS ÚLTIMOS AÑOS DE ALICE MUNRO

Gerry [el segundo marido de Alice Munro] y Alice compraron parcelas para su propio entierro en un cementerio en las afueras de Clinton. Jenny [hija de Alice Munro] dijo que podía imaginarlos sentados juntos tomando una copa de vino y drogas letales. En un relato titulado “Dolly”, publicado en 2012, cuando tenía ochenta años, Alice describió a una pareja de ancianos que planeaba suicidarse juntos. Sin embargo, antes de resolver los detalles, la mujer se enfurece por una vieja fuente de celos y abandona a su pareja. “Después de todo, ninguna mentira era tan fuerte como las mentiras que nos decimos a nosotros mismos y que, por desgracia, tenemos que seguir contándonos para que todo el vómito se quede en nuestro estómago”, le escribe. Por la mañana, cuando se despierta sola en un motel, la pelea parece rancia, sus discusiones repetitivas y confusas, y vuelve a casa en coche.

Casa de citas / Alice Munro / La escritura y la vida

 

Alice Munro
Foto de George Duncan



Alice Munro

LA ESCRITURA Y LA VIDA


Alice hablaba a menudo de que tenía una vida real, que estaba oculta, y otra vida, en la que “fingía ser lo que la gente quería que fuera”. También hablaba de moverse por el mundo como “dos mujeres”. Una usaba la vida de la otra como material. De joven, había reconocido que sus deseos estaban tan en desacuerdo con su entorno (leer libros se consideraba una adicción peligrosa) que si se los denunciaba, se la ridiculizaba. Incluso cuando tenía treinta y tantos años, su hermano, que se había convertido en químico, le dijo: “He aprendido a aceptar mis limitaciones y creo que eso es lo que debes hacer. Nada de lo que escribes es bueno”. Cuando era madre joven, mentía en lugar de decirles a sus amigas que estaba escribiendo. No podía escribir en absoluto si había otro adulto en la casa. “Supongo que simplemente viví una vida muy engañosa”, dijo, “pero no me molestaba”. La mujer abierta era modesta, amable y vivaz, una oyente compasiva. Pero el esfuerzo de estar en público —el “trabajo constante de esa autopresentación ” , escribió Alice a su agente— la hizo sentir tan desregulada que sintió que necesitaba dejar de hacer giras de promoción de libros. “No  solo estoy  siendo quisquillosa, creo que estoy haciendo un juicio verdadero de lo que es peligroso para mí”, escribió.

viernes, 3 de enero de 2025

Alice Munro / Sobre la escritura

 



Alice Munro

SOBRE LA ESCRITURA


Por lo general, tengo un buen grado de conocimiento de la historia antes de comenzar a escribirla. Cuando no tenía tiempo para dedicarle a la escritura, las historias se la pasaban dando vueltas en mi cabeza durante tanto rato que para cuando lograba sentarme a escribirlas ya estaba metida en ellas a fondo.

 

 ***


Nunca sé -al menos, por lo general no sé- de qué extensión va a ser una historia. Pero no me sorprende. Le doy todo el espacio que necesite.

 

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De muchas maneras, he estado escribiendo historias personales toda mi vida.

 

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Jamás he llevado un diario. No me sobra energía literaria. Siempre me sorprendió que Virginia Woolf tuviese tiempo para llevar un diario además de escribir novelas y ensayos. No puedo entender cómo se las arreglaba.

 

 ***


En realidad no entiendo las novelas. No entiendo cuándo se supone que tiene que hacer su entrada la emoción en una novela, y sí sé cuándo debe hacerlo en un cuento. Hay un tipo de tensión que, si voy pudiendo escribir la historia, puedo sentir enseguida. Y no siento eso cuando intento escribir una novela. De algún modo, busco un momento que sea explosivo, y quiero que todo esté concentrado en eso.


***


De cualquir modo, no me importa si lo que escribo es un cuento -clasificado como un cuento- o qué. Es una obra de ficción. Eso es lo que es.

 

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Mi idea era escribir novelas, pero empecé a escribir cuentos porque era para lo único que podía hacerme tiempo. Entre las tareas de la casa y el cuidado de los chicos, nunca habría tenido tiempo de escribir una novela. Y después fue como si el formato del cuento -en realidad, una forma más bien inusual de cuento, por lo general una forma de relato bastante largo- fuese lo que quería hacer.


***


Una colección de relatos, no una novela. Eso ya supone una decepción. Parece mermar la autoridad del libro, da la impresión de que la autora se queda a las puertas de la literatura en lugar de encontrarse acomodada dentro.


***


No le muestro a nadie lo que estoy escribiendo.


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Escribo sin pensar si hay un tema de fondo, pero sé que una idea sólo me interesa si tiene alguna complejidad moral, si tiene varias aristas.


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Mientras trabajaba en mis primeros cinco libros, seguí deseando estar escribiendo una novela. Pensé que hasta que escribiste una novela, no te tomaban en serio como escritor. Antes me preocupaba mucho, pero ahora ya no me preocupa nada y, además, ha habido un cambio. Creo que las historias cortas se toman más en serio ahora que antes.


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Tal vez escribo historias con las que la gente se identifica; tal vez sea por la complejidad y las vidas que presento. Espero que sean una buena lectura. Espero que movilicen a la gente. Cuando me gusta un relato es porque tiene un efecto.

***


Los bebés finalmente dormían la siesta, quisieran o no, y entonces yo me ponía a escribir. (…) Quizá habrían sido más felices si yo les hubiese dedicado más tiempo y menos a mi literatura, no lo sé. Pero para mí no era una opción, sentía que tenía que luchar por ese espacio propio donde no era ni mujer ni madre


***


Trabajo lento; siempre es difícil -o casi siempre es difícil. He estado escribiendo desde que tenía veinte años, y ahora tengo ochenta y uno. Mi rutina ahora es levantarme a la mañana, tomar café y empezar a escribir. Y después, un poco más tarde, quizás me tome un recreo y coma algo y después siga escribiendo. La escritura en serio es la que hago a la mañana. No creo que pueda usar mucho tiempo al principio; deben ser alrededor de tres horas.  Sí reescribo mucho, reescribo y después pienso que ya está todo listo, y lo mando. Y después me dan ganas de reescribirlo un poco más.  A veces me parece que un par de palabras son tan importantes que les pido me devuelvan el libro para poder ponerlas. 


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La vida de la gente es suficientemente interesante si tú consigues captarla tal cual es, monótona, sencilla, increíble, insondable


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Lo único que hago es recordarle a la gente lo que nadie puede soportar que le recuerden.


miércoles, 13 de diciembre de 2023

Dos personajes / Vivian Maier y Alice Munro

Vivian Maier, autorretrato. Fotografía cortesía de vivianmaier.com
Vivian Maier, autorretrato. Fotografía cortesía de vivianmaier.com

Maier y Munro: mujeres invisibles

Ama de casa encuentra tiempo para escribir relatos y niñera se convierte en fotógrafa. Estas podrían ser las dos definiciones de Alice Munro —de hecho, fue la que le dedicaron en The Vancouver Sun— y de Vivian Maier. Si no fuera por el Premio Nobel y un documental fantástico sobre quién era la autora de cientos de fotografías, estas dos mujeres serían solamente eso: un ama de casa y una niñera. Socialmente, Alice y Vivian eran mujeres invisibles: podrían ser brillantes pero estaban camufladas en la más absoluta normalidad. Y lo normal a menudo quiere decir, para los demás, mediocridad. Pero no: las siestas de sus hijas salvaron el talento de una am de casa, y la excentricidad ocultó el verdadero talento de una retratista inusual.