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martes, 15 de enero de 2019

Casa de citas / James Salter / Las personas que no leen




James Salter
LAS PERSONAS QUE NO LEEN

Nunca he llegado a tener afinidad ni a sentirme realmente cómodo con personas que no leen o que nunca han leído. Para mí es un requisito esencial. De lo contrario echo en falta algo, amplitud de miras, noción de la historia, una sintonía compartida. Los libros son contraseñas.

James Salter
El arte de la ficción
Barcelona, Salamandra, 2018, pp. 20-21



viernes, 30 de noviembre de 2018

Casa de citas / James Salter / No hay una vida completa



James Salter
BIOGRAFÍA
NO HAY UNA VIDA COMPLETA


Pero el conocimiento no te protege. La vida desprecia el conocimiento, lo obliga a esperar sentado en la antesala, a esperar fuera. Pasión, energía, mentiras: eso es lo que la vida admira. No obstante, todo es soportable si la humanidad entera observa. Lo demuestran los mártires. Vivimos dentro de la atención ajena. Nos volvemos hacia ella como flores hacia el sol. 

No hay una vida completa. Hay sólo fragmentos. Hemos nacido para no tener nada, para que todo se nos pierda entre los dedos. Y, sin embargo, esta pérdida, este diluvio de encuentros, luchas, sueños... hay que ser irreflexivo, como una tortuga. Hay que ser resuelto, ciego. Pues cualquier cosa que hagamos, incluso que no hagamos, nos impide hacer la cosa opuesta. Los actos demuelen sus alternativas, he aquí la paradoja. La vida, por tanto, consiste en elecciones, cada cual definitiva y de poca trascendencia, como tirar piedras al mar. 

Hemos tenido hijos, pensó; nunca podremos no tener hijos. Hemos sido mesurados, jamás sabremos lo que es despilfarrar nuestra vida.


James Salter, Años luz


jueves, 29 de noviembre de 2018

Casa de citas / James Salter / Saul Bellow


Saul Bellow

James Salter
BIOGRAFÍA
SAUL BELLOW


Creo que fue Turguéniev, o si no uno de los Goncourt, quien dijo que siempre que los hombres cenan juntos, la conversación gira en torno a las mujeres y el amor. En cualquier caso, así era con Saul Bellow, al menos en los años que yo lo conocí, desde finales de los setenta y en la década de los ochenta. En esa época tenía en mente sobre todo a las mujeres, porque su ex esposa, la tercera, le había puesto un pleito pidiendo más dinero, después de que ganara el Premio Nobel y los seiscientos o setecientos mil dólares que traía consigo. El juicio era en Chicago y Bellow temía que hubieran sobornado al juez. No llegué a conocer a su ex mujer, aunque tengo la sensación de haberlo hecho. Ella estaba en manos, por decirlo así, de un fabuloso contador de historias. Bellow estaba en manos del juez y ella en las de Bellow. Pedía que aumentaran su pensión y la ayuda para mantener a su hijo. Estábamos en Aspen, donde el Instituto de Estudios Humanísticos lo había invitado aquel verano; mientras Bellow nadaba estilo rana –había una piscina–enumeraba los motivos por los que sospechaba del juez y por qué era evidente que ella tenía el ojo puesto en el dinero del premio. Más que el ojo.

James Salter
El arte de la ficción
Barcelona, Salamandra, 2018, pp. 84-85



miércoles, 28 de noviembre de 2018

Casa de citas / James Salter / Kerouac





James Salter
BIOGRAFÍA
KEROUAC

Estaba en Pensacola una tarde, ya después de la guerra, caminando por la calle, cuando me detuve a mirar el escaparate de una librería. Había un libro con una cubierta llamativa titulado la ciudad y el campo. El nombre del autor atrajo mi atención: John Kerouac. Conocía a un Jack Kerouac con el que había estudiado en el instituto y que entonces escribía relatos. ¿Sería él?

Entré y busqué el libro. En la solapa había una fotografía. Lo reconocí inmediatamente. Me quedé atónito. Iba un curso por delante del mío en el instituto, al igual que todos sus amigos. Era fornido y atlético, corría muy rápido. Jugaba al fútbol americano. Sabía que se había ido a Columbia a jugar. Leí varias páginas del libro, y lo compré y me lo llevé a casa.



“Esto lo escribió Jack Kerouac”, le dije a mi mujer, enseñándoselo.



A ella no la conocí hasta mucho después del instituto, así que tuve que ponerla en antecedentes. Le expliqué quién era, pero no le expliqué cómo me había sentido al ver su libro: celoso, incluso asqueado de envidia, superado.

Mi mujer no veía con especial simpatía mi interés por la escritura. Tampoco se oponía; le era indiferente. Pero yo, caminando de uniforme por una calle en Pensacola, de pronto me había topado con la imagen de una vida distinta a la que yo vivía.

La ciudad y el campo del título eran Nueva York –donde Kerouac conoció a las figuras fundamentales de su vida, William Burroughs, Allen Ginsberg, Neal Cassady, y también a varias de las mujeres con las que se casó– y Lowell, Massachussets, su pueblo natal. La escritura está marcadamente influida por Thomas Wolfe. Yo había leído a Thomas Wolfe, las tres novelas colosales, sus largas, exuberantes descripciones de lo prosaico y su naturaleza insaciable, su búsqueda de sentido y amor, que a veces acaban en pie yámbico, la señora Jack, Esther Jack, sacada de su propia vida. Fue esa exuberancia lo que Kerouac encontró en él y transformó en una fuerza torrencial para que la elegía sonara a jazz. Leí La ciudad y el campo; me conmovió profundamente el mero hecho de que se hubiera escrito.

Yo nunca había escrito una novela, aunque lo había intentado. Había escrito varios cuentos. En un momento dado escribí uno mucho más largo y se lo enseñé a un buen amigo. Su novia y él lo leyeron y me aconsejaron que lo rompiera. Es una lección de humildad escribir algo sobre ti mismo y verlo ridiculizado. Claro que yo había fingido que no era sobre mí, pero se traslucía en cada página.

No sé de dónde sale el afán de escribir. No creo que sea innato, pero llega pronto. Yo no albergaba un demon, como al parecer le ocurría a Faulkner, o a D. H. Lawrence, pero hay escritores que no están poseídos de ese modo. No creo que fuera el caso de Ford Madox Ford. John Updike no tenía demon. Tampoco Lampedusa. Sea como sea, el genio obra a su antojo. Lo mío era solo un deseo que podría haber durado hasta cierto punto. Entonces apareció en mi camino una figura compasiva. Era un agente que había dirigido mucho tiempo una revista y que me aceptó a pesar de que no hubiera publicado ni pudiera mostrar nada aparte de aquel único intento, pero yo había seguido trabajándolo y le pareció lo bastante bueno para presentarlo.

En mi otra vida, me habían destinado al transporte aéreo. Era aburrido pero eres joven; los nombres de lugares lejanos significan algo para ti. Nadie pensaba que habría una guerra; eso se había acabado, Hablo de 1946, cuatro años antes de que la Guerra de Corea estallara de repente, como una tormenta, casi pareció que de la noche a la mañana. Cuando eso ocurrió, yo estaba en el cuerpo de cazas y ansioso por entrar en combate. Sería ridículo morir en un caza y que no fuera en la guerra. Fue operístico, decir adiós y cargar con el miedo de no volver… sin confesarlo nunca.

En algún momento recibí una nota de mi agente: Harper’s había rechazado el manuscrito, pero, al devolverlo, el editor había dicho: “Si escribe otro libro, nos interesaría verlo”. Así que por fin era escritor. O quizá lo sería al cabo de cinco años. Ése fue el tiempo que transcurrió desde el momento en que volví a empezar hasta que terminé.

La novela que empecé fue Pilotos de caza. Supe desde el principio cuál sería el estilo, pero no la forma. No podía encontrarla, por más vueltas que le daba y a pesar de que prácticamente la veía, es decir, la imaginaba escrita. Hasta que un día la vi clara. Me senté y escribí en la zona en blanco de un mapa el esbozo de la novela en capítulos. Me la aceptaron e incluso me mandaron un contrato para otra.

James Salter
El arte de la ficción






viernes, 3 de julio de 2015

jueves, 2 de julio de 2015

Casa de citas / James Salter / La escritura II

James Salter
Poster de T.A.
James Salter
BIOGRAFÍA
LA ESCRITURA II

Hay autores que escriben con un entusiasmo increíble, quemando las páginas. Otros simplemente reflejan esa historia que va surgiendo y tienen el deseo de expresarla, pero son conscientes del esfuerzo que supone la escritura. Son dos tipos de escritores, pero también dos tipos de escritura. Honestamente, todo escritor sabe que escribir es duro. Incluso Simenon, que escribió cientos de libros. Su método requería un esfuerzo increíble, solía sentarse durante ocho o diez días en una habitación y se aislaba de todo y de todos, ni comía ni bebía. Escribía y escribía. Eso no es fácil. Aunque cuando lees algunos libros te das cuenta de que están escritos con menor esfuerzo. ¿Cuál es el estado ideal para un escritor? Creo que la esperanza.

«Tengo 88 años y estoy listo para empezar de nuevo»


martes, 30 de junio de 2015

Casa de citas / James Salter / Ciertas cosas



James Salter
BIOGRAFÍA
CIERTAS COSAS

Había ciertas cosas de las que quería hablarle pero no lo hacía, cosas que a él no iba a gustarle saber, pensaba Noreen. Por ejemplo, aquella noche en el hotel St. George cuando tenía diecinueve años y subió a la habitación con un tipo que le pareció simpático y agradable. Fueron a la suite del jefe de él, que se encontraba de viaje. Estuvieron bebiendo su whisky de reserva y luego, sin saber cómo, ella estaba boca abajo en la cama y con las manos atadas a la espalda. Eso pasó en un mundo diferente del de Arthur. El de él era limpio, tierno, clemente.

James Salter, "Palm Court"



lunes, 29 de junio de 2015

Casa de citas / James Salter / Hermosa



James Salter
BIOGRAFÍA
HERMOSA

Qué hermosa es una mujer sola, con camisa blanca de verano y las piernas desnudas.


James Salter, "Contigo, Mi Señor"


domingo, 28 de junio de 2015

Casa de citas / James Salter / Las botellas de cerveza rodando por el suelo


James Salter
BIOGRAFÍA
LAS BOTELLAS DE CERVEZA 
RODANDO POR EL SUELO

Sus años de casada, vistos desde el presente, habían sido buenos. Myron Hirsch le había dejado dinero más que suficiente para arreglárselas, y el éxito que había cosechado después había sido como la guinda del pastel. Para ser una mujer con poco talento -¿era verdad?; tal vez estaba siendo demasiado crítica consigo misma- las cosas le habían ido bastante bien. Estaba acordándose de cómo empezó todo. Recordó las botellas de cerveza rodando por el suelo de la parte trasera del coche cuando tenía quince años y él le hacía el amor todas las mañanas y ella no sabía si estaba iniciando la vida o tirándola por la ventana, pero lo amaba y nunca olvidaría.


JAMES SALTER, "Los ojos de las estrellas"



miércoles, 9 de octubre de 2013

Casa de citas / James Salter / La cuestión de los elogios

James Salter
James Salter
LA CUESTIÓN DE LOS ELOGIOS

Recuerdo su último comentario (el de Joe Fox, editor de la novela) cuando se acabó la labor de corrección. “Un libro absolutamente maravilloso en todos los sentidos -dijo, y añadió-: Probablemente”. Creyéndomelo, me llené de júbilo. Quería elogios, por supuesto, elogios generalizados, y parecía que de algún modo Fox podía procurármelos: había sido editor de muchos escritores admirados, Paul Bowles, Capote, Ralph Ellison, Roth. Yo quería la gloria. En el Met había visto a Nureyev y Fonteyn en su actuación de despedida, una de muchas, de El lago de los cisnes: magnífica, inspirada, todo el público de pie y aplaudiendo clamorosamente durante tres cuartos de hora después de caer el telón mientras aparecían las deidades juntas, luego una y después la otra, luego otra vez las dos, y así sucesivamente, reverencia tras reverencia con agotada satisfacción mientras les llevaban al escenario grandes ramos de rosas.

James Salter
Quemar los días
Título original: Burning the Days (1997)
Traducción: Isabel Ferrer Marrades
Ediciones Salamandra, Barcelona, 2010



Lea, además
"La última noche", cuento de James Salter




martes, 8 de octubre de 2013

Casa de citas / James Salter / Escribir sobre alguien


James Salter
ESCRIBIR SOBRE ALGUIEN


Escribir sobre alguien a fondo es destruirlo, consumirlo. Supongo que eso también es aplicable a la experiencia: al describir un mundo, lo extingues, y en un libro de memorias gran parte queda reducida a escombros. Las cosas se capturan y al mismo tiempo se despojan de vida, para nunca volver a estremecerse o emitir luz.


James Salter
Quemar los días
Título original: Burning the Days (1997)
Traducción: Isabel Ferrer Marrades
Ediciones Salamandra, Barcelona, 2010


Lea, además
"La última noche", cuento de James Salter



lunes, 7 de octubre de 2013

Casa de citas / James Salter / Guionista en Hollywood

Bailarina
Consuelo Restrepo
James Salter
GUIONISTA EN HOLLYWOOD

Un guionista es como las chicas de las fiestas: mientras luces apetecible, tus posibilidades son infinitas. Pero el atractivo es efímero, y en seguida eres descartada.


Lea, además
"La última noche", cuento de James Salter



domingo, 6 de octubre de 2013

Casa de citas / James Salter / Noches de matrimonio



James Salter
NOCHES DE MATRIMONIO

Noches de matrimonio, conyugales, la casa en silencio por fin, los cojines hundidos donde los invitados se habían sentado, las cenizas calientes. (…) Yacían en la oscuridad como dos víctimas. No tenían nada que darse el uno al otro, estaban atados por un amor puro, inexplicable.


James Salter
Años luz








lunes, 23 de septiembre de 2013

Casa de citas / James Salter / Las preocupaciones



James Salter
LAS PREOCUPACIONES


En la juventud da la sensación de que las preocupaciones de uno son las mismas que las de todo el mundo. Más adelante queda claro que no es así. En la última etapa vuelven a coincidir. Al final todos somos pobres. Las frases del guión ya se han pronunciado. El escenario queda vacío y desnudo.


James Salter
Quemar los días