jueves, 3 de mayo de 2012

Juan Manuel Roca / Mujeres y otros ensalmos


Jaime Fernández Molano, Juan Manuel Roca y Triunfo Arciniegas
Feria Internacional del Libro de Bogotà
1 de mayo de 2012
Juan Manuel Roca
MUJERES Y OTROS ENSALMOS

No me sorprendió para nada que Triunfo Arciniegas, tras trajinar con el cuento con un auténtico virtuosismo de todos conocido, y con la fotografía a través de un ojo que sabe poner la bala de su mirada al mismo tiempo que devela un momento de la vida, nos entregara un libro de poemas. ¡Y qué libro!
Tanto en el cuento como en sus fotografías, Triunfo tiene un punto de vista, un ángulo muy suyo en el que encuentra una materia poética, el coletazo del milagro que se esconde aún en los más anodinos asuntos.
Y bien, no otra cosa hace con sus poemas recogidos en “Mujeres”, su primer libro de poemas conocido y hoy presentado con entusiasmo. En él se pone de relieve que Arciniegas tiene una manera particular de ver el mundo y de atraparlo esta vez en palabras sencillas e inquietantes, más por su disposición que por su rareza, más por sus artes de domador del lenguaje que de exhibidor de vocablos exuberantes.
Por sus versos pasa la madre como ayudándole a limpiar en pequeñas ceremonias las altas noches del desvelo. O ve cómo huye en el lomo del tiempo la infancia, que deja milagros giratorios como un trompo. No hay truculencias, artes de embalsamador o tiranías de la realidad a las que no oponga su mirada serena. De tal manera puede unir lo más aéreo con lo más aterrizado, cielo y suelo, mito y cotidianidad. “El muchacho remienda/ su par de alas/ en el rincón de la cocina”, escribe en su poema “Muchacho con alas”, y es como si la aguja perdida de su madre fuera encontrada para remendar mañanas.
Me gusta de mi buen amigo Triunfo su manera de entender la poesía como una suerte de fisura abierta en la oscuridad del mundo, la forma como la convierte en una prótesis para andar por el país sin alardear de ser un hombre que no se quiere mudar del vecindario de la poesía. Que no cambia por nada la alegría de ser hombre entre los hombres.
A veces acude al expediente, como buen observador de la pintura, de realizar un óleo sobre tela en el que entrelaza el lenguaje entre luces y sombras. Entonces deja en el lector la sensación de que la palabra pinta, de que el verbo dibuja más allá de abstracciones y figuraciones un mundo digno de ser recordado. 
Y lo hace de la mismísima manera como “con el lápiz del trompo/el niño escribe sobre el polvo/ la historia de su vida”, esto es sabiendo tomar como lo hacen los niños terribles los juegos de la manera más seria y más transformadora posible.
Bello, conmovedor es su poema “Primer amor”, en el que entreabre la ventana de la niñez para transmitir, aún a quienes se hayan envilecido al punto de ser generales o banqueros, la vivacidad de los sentidos que se agolpan, como en una sinestesia, al contacto con la evocación de la primera persona amada.
Es esta una poesía de resonancias y de certezas en los usos del lenguaje: no hay trucos de embalsamador de palabras, de buhonero de voces y de giros gratuitos, lejos de ese artilugio tan en boga de insertar la imagen por la imagen.
Una muestra de lo anterior puede ser su bello poema “Muchacha”:
La reciente mujer descubre
su cuerpo
en la ilusión de los espejos.

Se desvanece
como piedra en el agua
su rostro de niña.

De sus dotes minimalistas, por algo es uno de los más certeros hacedores de cuentos breves, y de ello queda rastro en algunos de sus intensos poemas argumentales que a a cada tanto aparecen en “Mujeres”, Triunfo Arciniegas nos entrega notables muestras que nos recuerdan que el poema tiene tratos secretos con el milagro.
Solo me resta desear más por los lectores que por el propio Triunfo, que este libro tenga la divulgación que se merece.
Bogotá, 1 de mayo de 2012



2 comentarios:

Marisol dijo...

Felicitaciones...

Laura Gabriel dijo...

¡Felicidades, querido Triunfo!