miércoles, 19 de enero de 2011

Maldita


MALDITA


Es tanto el descaro que cuando me llamó, casi a medianoche, dijo que todavía se demoraba y que debía colgar porque no tenía más monedas. Le pedí que viniera a casa de inmediato, que no me creyera tan imbécil, y entonces se cortó la llamada. Maldije. Maldije hasta su nombre bendito. Subí el volumen del televisor, aplasté el puño contra la almohada, me revolqué en la cama. Se supone que debo comprenderla, que ya pasé de los cincuenta y ella todavía no llega a los veinte. La vida rebosa en sus huesos, que buscan el bullicio, mientras los míos requieren el silencio y algo de tibieza. Cuando volvió a llamar, a los dos o tres minutos, dijo que ya salía, que nos veríamos en un cuarto de hora frente a Donut´s Factory. Aparte de que se pierde por casi cinco horas con el cuento de hacer un trabajo de biología y me llama desde un sitio donde se oye la música a todo taco, la encuentro borracha y con una chaqueta nueva. La rechacé, por supuesto, no quise que me tocara, no acepté sus disculpas ni el cuento de que sólo había tomado dos cervezas y no estaba haciendo nada malo. Conduje de prisa, sin precauciones, como espantado por los perros de la desgracia, dispuesto a dormir a la orilla de la cama o de la muerte. Dispuesto, lleno de rabia y, al mismo tiempo, deseoso de sus súplicas. Le dije que si me quería debía respetarme, que no me gustaban las putas ni las borrachas. “No soy una puta ni una borracha”, dijo, y aclaró que la chaqueta era de una amiga. En todo caso, no quiero que aparezca como el año pasado, preñada de otro, para que yo corra con los gastos. Maldita sea.


Triunfo Arciniegas
Noticias de la niebla



2 comentarios:

Judith Pérez Medina dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
AMATS dijo...

Humm, si a veces pasa!