miércoles, 22 de abril de 2020

Triunfo Arciniegas / Diario / El arte de la arepa

La primera arepa
Pamplona, 2020
Fotografía de Triunfo Arciniegas


Triunfo Arciniegas
El arte de la arepa
21 de abril de 2020

Iván Duque, el pobre hombre que tenemos como presidente de este desordenado país dedicado al desangrado Corazón de Jesús, dijo que los panaderos ganaban en promedio dos millones de pesos mensuales. Entusiasmado, pensé en dejar la literatura y antier hice mi primera arepa. Le quedan mejor a Ligia Vera. Tal vez deba patentar el invento de la arepa cuadrada. El perro se la tragó sin rechistar. Sólo le dije las palabras mágicas: "Si no se la come, no lo saco".

Así que llevo tres madrugadas haciendo arepas y reconozco que estoy muy lejos de unirme al club de los panaderos millonarios. La harina reseca cae de mis manos al teclado mientras escribo estas líneas. La frase de Duque no se va a olvidar. Por mi parte, no la asociaré al confinamiento sino a los tiempos en que comencé a practicar el noble arte de la arepa. Porque voy a persistir así nunca sea reconocido en el ramo.

Tantos días me he visto varado porque se me acaba el pan. No se puede comprar pan para más de tres días, digamos, porque se entiesa. Pero la harina se puede guardar durante meses. Si hay huevos, mantequilla y harina en la alacena, estamos salvados. Y café, por supuesto. Con café y arepa sobrevivimos.

Changua y arepa fue el desayuno de mi infancia. Toda la vida mi madre hizo arepas, de trigo y de maíz, asadas y fritas. La arepa es parte de nuestra idiosincracia: harina somos. Y de la venezolana, mucho más. Ligia todavía hace arepas y la niña Alejandra aprendió con ella. Adriana Villalba es una experta, para dicha de René. Su arepa de huevo es un manjar de los dioses. Cata, por su parte, domina el oficio. Así que puede decirse que la arepa sigue en pie de lucha, presente y combatiente, camaradas.














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