martes, 29 de noviembre de 2022

Poemas como heridas / Ada Limón / Carga

 

Tren nocturno
Lionel Walden


Ada limón
CARGA
Traducción de Jorge Vessel

Desearía poder escribirte desde debajo del agua,
                
el baño tibio cubriendo mis orejas—
una de ellas tiene tres marcas en la forma
exacta de un triángulo, asterismo de mi propia atmósfera.

Anoche, las sirenas del camión cisterna eran tan estruendosas
que ahogaban hasta al bramido constante
                
de los trenes de carga que llegaban. ¿Te conté
que el ferrocarril R. J. Corman pasa a quinientos pies de nosotros?

Antes de que todo cambiase y yo envejeciera en este cuerpo,
     mis abuelos vivían encima del cañón de San Timoteo,
donde el ferrocarril Southern Pacific rugía cada día en el verano
sofocante de California. Yo estaba atenta a los trenes,
aullando a su llegada.

Hoy Manuel está en Chicago, y ambos admitimos
      que ahora viajamos con nuestros pasaportes
Reportes de redadas de ICE y las dos, nuestras sangres
necesitan nuevos medicamentos.

Desearía que pudiésemos volver al muelle con viento,
a tomar vino rosado y hablar tonterías.
Ahora es gris y sombrío.

Aquí el supermercado está lleno de semillas para grama, como si
                
la primavera fuese a llegar, pero no lo sé. ¿Y tú?
Me dijo una amiga que sigues esforzándote en rescatar a las
     palabras. Lo único a lo que me he dedicado es a tomar la siesta, y quizá
a ser más amable con los demás, conmigo misma.

Justo esta mañana, vi siete cardenales atrevidos y valientes
                como un pecado en un árbol sin hojas. Los dejé estar allí un buen rato
antes de agitar el aire y arruinarlo todo con sólo vivir también.

¿Soy más valiente que esos pájaros?

¿Te preguntas acaso qué traen los trenes? Lingotes de aluminio,
                plástico, ladrillos, sirope de maíz, caliza, furia, alcohol, alegría.

Todo el mundo se desplaza, incluso la arena se transporta de una orilla
a otra. Yo vivo mi vida medio asustada, y medio gritándole
a los trenes cuando retumban. Esta carta para ti es ambas.




CARGO
BY ADA LIMÓN

I wish I could write to you from underwater, 
                the warm bath covering my ears—
one of which has three marks in the exact
shape of a triangle, my own atmosphere’s asterism.

Last night, the fire-engine sirens were so loud
they drowned out even the constant bluster
                of the inbound freight trains. Did I tell you,
the R. J. Corman Railroad runs five hundred feet from us?

Before everything shifted and I aged into this body,
       my grandparents lived above San Timoteo Canyon,
where the Southern Pacific Railroad roared each scorching
California summer day. I’d watch for the trains,
howling as they came.

Manuel is in Chicago today, and we’ve both admitted
     that we’re travelling with our passports now.
Reports of ICE raids and both of our bloods
are requiring new medication.

I wish we could go back to the windy dock,
drinking pink wine and talking smack.
Now it’s gray and pitchfork.

The supermarket here is full of grass seed, like spring
might actually come, but I don’t know. And you?
I heard from a friend that you’re still working on saving
      words. All I’ve been working on is napping, and maybe
being kinder to others, to myself.

Just this morning, I saw seven cardinals brash and bold
                as sin in a leafless tree. I let them be for a long while before
I shook the air and screwed it all up just by being alive, too.

Am I braver than those birds?

Do you ever wonder what the trains carry? Aluminum ingots,
                plastic, brick, corn syrup, limestone, fury, alcohol, joy.

All the world is moving, even sand from one shore to another
is being shuttled. I live my life half afraid, and half shouting
at the trains when they thunder by. This letter to you is both.


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