martes, 26 de diciembre de 2023

Triunfo Arciniegas / Diario / Un año difícil

 

Ilustración de Fernando Vicente



Triunfo Arciniegas
UN AÑO DIFÍCIL
26 de diciembre de 2023
 

No ha sido un año fácil para Vargas Llosa. El 2022 cerró con una bomba mediática: el final de la relación de ocho años con su amante Isabel Preysler. 

Era apenas el anuncio del terremoto 2023. Para empezar, Vargas Llosa pasó unos cuantos días en el hospital y sus lectores temimos lo peor. 87 años pesan, por supuesto. Luego el maestro regresó a la servidumbre de su antiguo matrimonio y, además, dejó la literatura y el periodismo: ya publicó su última novela, “Le dedicó mi silencio”, y la última columna de “Piedra de toque”, que mantuvo en El País durante 33 años. Una catástrofe tras otra. 

Lo vi, ya octogenario, en la Feria del Libro de Guadalajara, rodeado de guardaespaldas que no lo descuidaron ni cuando fue al baño, y me impresionaron la firmeza y la velocidad de sus pasos, y luego, en la charla convocada por el periódico español El País, la lucidez de sus respuestas y la elaboración gramatical. Lo había visto antes, en el lanzamiento de una de sus pobres novelas eróticas, en la Feria del Libro de Bogotá, pero el escritor colombiano que lo presentaba, dueño de un ego descomunal y una obra lastimosas, casi no lo dejó hablar. Al parecer, estos últimos años han pasado factura, afectando hasta su prodigiosa memoria.

A propósito de estas desgracias tan propias de la edad, he leído comentarios mezquinos de gente miserable. Uno se pregunta si han leído “La casa  verde” o  “Conversación en La Catedral”, monumentos de la literatura, o un libro tan sólido y admirable como “La orgía perpetua”. Uno se pregunta si alguna vez han leído. Porque escribir no saben. No son capaces con cuatro o cinco líneas. Aparte de los atropellos gramaticales y los patéticos razonamientos, sólo destilan veneno e ignorancia. Uno se pregunta si algo memorable han hecho estas personas. Uno se preguntan si alguna vez se lo preguntan.

Un humorista colombiano se burlaba de los olvidos de García Márquez en sus últimos años y otro ridiculizaba el comportamiento de Octavio Paz cuando, en su vejez, se le quemó la biblioteca. Me recuerdan a las hienas furiosas que atacan con fiereza a los leones viejos, heridos y moribundos. Si no morimos antes, señores, estamos destinados a la decrepitud. Y las hienas, como la peste, seguirán ahí, agazapadas en la oscuridad y los matorrales.

Ahora Vargas Llosa escribe el último libro, un ensayo sobre Sartre, uno de sus maestros, y relee una sus obras más amadas, “Madame Bovary”. Flaubert y Sartre, como al principio. 

La escritura ha sido la pasión fundamental de Vargas Llosa. ¿Qué sigue luego? ¿Qué hace un hombre sin la pasión de su vida? ¿Se consuela con la admiración de millones de lectores? ¿Se dedica al disfrute de su merecida fortuna? ¿Basta con eso? ¿Eso es todo?


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