sábado, 10 de enero de 2026

Triunfo Arciniegas / Tratado sobre el sueño


Mío
9 de enero de 2026
Foto de Triunfo Arciniegas

Triunfo Arciniegas
TRATADO SOBRE EL SUEÑO
9 de enero de 2026

Soñé con el poeta Darío Jaramillo. Tenía una revista o una editorial y yo era uno de sus lectores. Me dio un libro que acababa de recibir para que lo evaluara. Vi a su cama repleta de libros, periódicos y revistas. Su cuarto y las oficinas estaban en el mismo edificio.

Jaime Fernández había organizado un festival de poesía de 24 horas consecutivas. Habíamos empezado a la medianoche y faltaban unas cinco horas para terminar. Quise cumplir mi parte de inmediato. Solo tenía a la mano unos cuantos poemas y me urgía conseguir La silla que perdió una pata y El Superburro y otros héroes. Fui de cuarto en cuarto por la casa de Jaime hasta que encontré en el rincón dedicado a mis libros los títulos que necesitaba. Fui al baño y quedé listo para participar. Le dije a Jaime que leería unos poemas y que remataría con un par de cuentos.

He soñado mucho en estos días, pero olvido los sueños de inmediato. Sueños largos que empiezan a desdibujarse tan pronto despierto.

Soñé con una frase: El guerrero pierde lo que se lleva y conserva lo que deja. No hay explicación.

Soñé con Erica. Volvíamos a estar juntos. Ella era un personaje menor de una obra de teatro, pero se veía muy bella. Le pregunté si estaba bien y le prometí ayudarla en caso de peligro.

En otro sueño estoy trabajando en un libro para Entreletras. Lo voy puliendo día tras día, suprimiendo capítulos.

Otro sueño es una larga y absurda caminata. 

En otro compro el juguete más caro de la tienda, pero debo esperar casi toda la noche para que me den el cambio. Me quedo dormido en el piso. Cuando despierto los dueños han desaparecido. Me han dejado con alguien unos billetes.

Tengo una novia tan bella como Scarlett Johansson. Ha dejado su casa, un inmenso castillo, para compartir conmigo un cuarto en un pequeño hotel. Vivía en la parte del fondo del castillo. Su hermana y sus hermanos habitaban el resto. Ahora está decidida a vivir conmigo aunque el mundo se oponga. La ventana de nuestro cuarto da a un solar. Una amiga, Beatriz Ochoa, viene a conversar con ella. La cortina no cubre toda la ventana. Hablo con mi mamá al respecto y ella me ofrece una cortina muy pequeña que no resuelve el problema. La mujer parece feliz. No le preocupa que tengamos que salir disfrazados a la calle. Tengo una ridícula peluca. Dice que podemos vivir en otro país. Estoy dichoso. No puedo creer que haya tenido tanta suerte. Toco en una ventana cada vez vez que llego, me abren la puerta de la calle y voy al cuarto, donde ella me espera, amorosa y bella.

En la parte final de otro sueño, uno muy extenso, con niños y comida, hay que lavar los peces para quitarles una capa de grasa y luego cubrirlos de harina. Entonces se devuelven al agua y se alejan dichosos. 

Estos sueños son como libros que han perdido la mayoría de sus páginas, unas arrancadas por el viento y otras echadas a perder por la lluvia.






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