viernes, 21 de octubre de 2022

Casa de citas / Borges / Sobre la felicidad

 



Jorge Luis Borges
SOBRE LA FELICIDAD

Yo pensé que uno tiene el deber de ser feliz, no por uno sino por las personas que lo quieren a uno. Uno debe ser o simular ser feliz para no apenar a quienes lo quieren. Yo estaba siguiendo un tratamiento para la vista. Mi madre, que estaba muriéndose, había cumplido ya 99 años y tenía terror de llegar a los cien, me decía: “Ahora ves un poco mejor”. Y yo, con toda crueldad, con toda pedantería, le dije: “No, sigo no viendo”. Nada me hubiera costado mentirle, decirle: “Sí, estoy viendo un poco más, ahora percibo tal color…” ¿Por qué no lo hice? Es imposible que haya obrado de un modo tan terrible, pero me acuerdo de haberlo hecho delante de todos ustedes. Entonces yo pensé, claro, he cometido el peor de los pecados, no ser feliz. No por uno; si hay otros que lo quieren a uno, uno tiene por lo menos que fingir, simular la felicidad.





jueves, 20 de octubre de 2022

Un libro / Eve Babitz / El otro Hollywood

 




Eve Babitz
El hedonismo hollywoodense

'El otro Hollywood' reúne los mejores textos de la cronista que se atrevió a retratar la crudeza del mundo de la fama.

Víctor Nuñez Jaime
Madrid, 8 de enero de 2022

Un día de 1997, Eve Babitz, la cronista del Hollywood cool, salió de un almuerzo dominical con amigos y colegas, se subió a su vocho para volver sola a casa y, segundos después de arrancar, se le antojó un cigarro. Podría haber esperado a toparse con un semáforo en rojo, pero no había tráfico. Así que se le hizo fácil sacar de su bolso un Marlboro y una cajita de cerillos. El coche avanzaba a una velocidad “normal” cuando, al pasar por un pequeño bache, el cerillo encendido se le cayó en su falda y en milésimas de segundo la prenda se incendió. Aterrada, alcanzó a frenar, abrir la puerta para lanzarse y rodar sobre el pasto de una pequeña colina con la intención de apagar las llamas. Nadie le brindó ayuda y ella, sin saber qué hacer, volvió al coche y se fue a casa de su hermana quien, al verla llegar en un estado deplorable, de inmediato llamó a una ambulancia. 

Eve tenía quemaduras de tercer grado en medio cuerpo, un susto del carajo y una incredulidad apabullante: ¿por qué la perra vida se le había volteado en un instante? Sus amigos no pararon de darle ánimos e, incluso, donaron varios objetos para hacer una subasta y obtener así una cantidad de dinero que le permitiera pagar una costosa operación y mantenerse mientras se recuperaba. Al salir del hospital, sin embargo, ella ya había decidido retirarse de la vida pública y dejar de escribir. 

Para entonces, esta diseñadora, fotógrafa y escritora, estaba consolidada como una de las “chicas mimadas” de la farándula estadunidense, un mundillo donde había hecho gala de su belleza, talento, entusiasmo y libertad. Se parecía a Brigitte Bardot, era hija de uno de los músicos de la orquesta de la 20th Century Fox, ahijada del compositor Igor Stravinsky, amiga de Charles Chaplin, Greta Garbo, Pablo Picasso, Andy Warhol, Yoko Ono y de la pareja de escritores Joan Didion y John Gregory Dunne. También había sido novia y/o amante de Jim Morrison, Harrison Ford, Ed Ruscha, Steve Martin y Annie Leibovitz (“porque en esta vida hay que probar de todo”). 

Fue su amiga Joan Didion, con la que compartía, entre muchas otras cosas, la afición por las mismas drogas, quien la convenció de que pertenecer a una élite artística y cultural implicaba tener una responsabilidad hacia el público. Un día de 1971, la revista Rolling Stone le pidió un artículo a Didion sobre el día a día de las estrellas Hollywood. La autora de El año del pensamiento mágico acababa de firmar un contrato de exclusividad con Life, así que llamó a Eve Babitz y le dijo “deberías encargarte tú. Porque no hay nadie mejor para contar el glamur y los desmadres de las celebridades”. Babitz aceptó, el texto que entregó fue todo un éxito entre los lectores y desde ese momento las mejores crónicas del famoseo eran las que llevaban su firma. 

A diferencia de Hedda Hopper y Louella Parsons, las dos chismosas más célebres, venenosas y temidas de la época dorada de Hollywood, Eve Babitz hacía énfasis en el hedonismo que practicaban las estrellas dentro de la “burbuja” en la que vivían. Muchos de esos textos están reunidos en El otro Hollywood (Random House), uno de los libros más descarados, inteligentes, irónicos, vitalistas y divertidos que he leído. Ahí está Eve, encerrada en una habitación del hotel Chateau Marmont, bebiendo bourbon y comiendo papas fritas con un rico heredero petrolero y unos aspirantes a estrellas de rock, mientras Los Ángeles ardía en protestas por el racismo. O comiendo unos deliciosos tacos mexicanos con salsa picante (“mucho mejores que la heroína”) para combatir la soledad de una chica sensible como ella. O de fiesta en fiesta en las mansiones de actores y actrices. Además de éste, escribió otro libro de memorias y cinco novelas. 

En 1963, cuando se inauguró una retrospectiva de Marcel Duchamp en Pasadena (California), su amigo Julian Wasser, fotógrafo de la revista Time, le pidió desnudarse y sentarse frente al artista surrealista, como si ambos estuvieran jugando al ajedrez, para tomarles una foto. Ella tenía 19 años y Duchamp 76. La instantánea se convirtió en legendaria y desde entonces Eve fue considerada una musa de la contracultura. Después del accidente del cerillo, vivió encerrada en sus recuerdos y murió el pasado 17 de diciembre, una semana antes que su amiga Joan Didion. Tenía 78 años y la última vez que concedió una entrevista dijo ser simpatizante de Donald Trump. Ni siquiera las musas son perfectas.

MILENIO 





miércoles, 19 de octubre de 2022

Un libro / Dave Eggers / El Círculo

 



Dave Eggers

‘El Círculo’

MNINHA
7 de febrero de 2016

No es frecuente terminar una novela sin saber si te ha gustado o no. Tampoco acabarla pese a que, página a página, no ha hecho sino enfadarte (una sensación que se incrementaba cuanto más se acercaba el final y menos espacio quedaba para que la cosa se enderezase).

Preguntarte todo el tiempo qué es lo que pretende el autor y por qué ha tomado las decisiones narrativas que ha tomado tampoco ha ayudado a hacer de la lectura de El Círculo, de Dave Eggers, una experiencia placentera.

Por si no sabéis de qué va la novela, la historia está centrada en una joven que entra a trabajar en la empresa que da título a la obra, una especie de mega-Google que se ha introducido en todas y cada una de las esferas de la vida pública y privada. Siguiendo los pasos de Mae, la chica protagonista, asistimos (vía narrador en tercera persona limitado a la visión y la mente de Mae) a cómo es trabajar en una corporación así, cómo la empresa domina las facetas profesional y personal de sus empleados hasta hacerlas indistinguibles y cómo fomenta primero y exige después una identificación absoluta con la firma por medio de competiciones sociales y supuestamente festivas cuyo único premio es ocupar la parte alta de una tabla de popularidad.


Hasta aquí, no va mal. Salvo por el hecho de que Eggers emplea más de la mitad de la novela para explicar todo esto, con páginas y páginas que relatan cada una de las acciones de Mae, sus tareas laborales, sus interacciones en las redes sociales y otras cosas que, francamente, cansan. El otro gran problema es que la protagonista es más simple que una alcachofa. Sus frases suelen limitarse a dar la razón a todos los que hablan con ella (bueno, a casi todos, ahora iremos con eso), a aceptar sin discusión los progresivos abusos a que la someten jefes y compañeros y a dejarse manipular por los dos hombres que se interesan romántica/sexualmente por ella en la empresa, uno un inadaptado social y el otro un tipo siniestro y sospechoso (no diremos más para no desvelar nada) con el que no tiene problema en mantener relaciones sexuales en los baños de su lugar de trabajo.

'The Circle' - FrasesMae es tan plana y poco real como la mayoría de sus compañeros en El Círculo, salvo tal vez los superjefes de todo el tinglado, uno de los cuales, Bailey (un tipo de apariencia paternal y bonachona), da a Mae el último empujón (sin apenas esfuerzo, porque la chica ya hemos dicho que es muy dócil) para que pierda por completo su individualidad y la convence de barbaridades como que la privacidad es un robo (tal cual) o que todas las experiencias, pensamientos y sentimientos de todo el mundo deben ser compartidos porque todos tenemos derecho a acceder a lo que cualquier individuo experimente, piense o sienta, por muy íntimo que sea. Porque «los secretos son mentiras» (*).

Un disparate que en apariencia parte de la propia Mae, que no tiene problema (nunca lo tiene) en ir con una cámara colgada al cuello todo el día, a todas partes, para retransmitir en directo su vida al mundo.

También, claro, las de cuantos se cruzan con ella, quieran o no. Y no todos quieren. Hay tres personajes que se oponen abiertamente a esa transparencia (lo llaman así en la novela): los padres de Mae y su ex novio, precisamente los personajes más reales de la novela (aunque, como el narrador sigue los pasos de la protagonista, tampoco nos da tiempo a conocerlos mucho). La alienada Mae, ni que decir tiene, no les hace ni puñetero caso a ninguno, ni siquiera tras una tragedia desencadenada por su obsesión circulista.

Aparte de la anodina y a un tiempo crispante protagonista, de la excesiva longitud que Eggers emplea en contar cómo es El Círculo en cuestión, de elementos cruciales que desaparecen sin más (lo de los kayaks) o de las metáforas burdas y de torpe ejecución (el tiburón y el acuario o el cierre del círculo), mi principal problema con esta novela es que no sé qué quiere contar, cuál es su intención ni a quién se dirige.

Supongo que trata de alertar sobre el peligro de la socialización (colectivización) de la vida privada, de dejarnos abducir por amigos virtuales olvidando a los reales y a la familia, o arrastrar por absurdos concursos de popularidad, y también de permitir a una empresa privada hacerse con el control de la vida pública. En El Círculo está todo eso, sí, pero la elección de un personaje tan vacuo para recorrer ese camino me parece un error. Mae acepta sin más lo de la cámara, que para votar haya que tener una cuenta del Círculo, que se implante el voto directo (y no secreto) para todo y que se planteen cosas como la eliminación de los parlamentos, porque para qué necesitamos representantes si podemos votarlo todo nosotros mismos.

Sé que Eggers no es tan idiota como para pensar que la única misión de los parlamentos es votar cosas. Pero me pregunto cuántos de los lectores de este libro sí serán idiotas y pensarán que Mae, sus pensamientos y sus acciones son perfectamente razonables y que sus padres y su ex novio son unos luditas estúpidos que tienen todas las de perder en su lucha contra el progreso.

El principal problema de El Círculo (dejando a un lado a su protagonista) es que las voces críticas a la visión oficial son rápidamente despachadas, sin que se les otorgue el mínimo crédito. Y del autor, salvo en el párrafo final, no hay noticia. Y se echa en falta su voz para acotar tanto disparate.

1984_triptico

(*) La terna de frases de la imagen de arriba recuerda mucho a esta otra que resume algunas de las máximas del Gran Hermano de 1984, de George Orwell. Sólo que en El Círculo no es la malévola y dictatorial autoridad la que vigila los pasos, pensamientos y sentimientos de cada individuo, sino que es la protagonista la que accede, voluntariamente, a que el mundo entero vigile sus pasos, pensamientos y sentimientos. Este reverso de la distopía orwelliana encajaría mejor en una novela que fuese realmente un homenaje digno a esa novela. Aquí parece más bien una alusión a lo que cada vez más gente (por desgracia) cree que es el Gran Hermano: un programa de televisión en el que vemos desde casa los pasos, pensamientos y sentimientos (y estupideces) de unos cuantos individuos encerrados en una casa.

COSAS DE BABEL



DE OTROS MUNDOS
Mirta Rojo / Letras más allá de Philip Roth
150 años sin Dickens / 15 escritores opinan sobre su legado e influencia
Estados Unidos / Al borde del abismo
Dave Eggers / El escritor generoso
Dave Eggers / Una radio bajo cada árbol
Dave Eggers / Este escritor es un visionario
Dave Eggers / Apaguen sus móviles
Dave Eggers, el escritor de éxito que no quiere vender en Amazon: “España es la sociedad más evolucionada del mundo”

DRAGON
Books / Friends for faraway places
Dave Eggers / How Do The Koreans Feel About The Germans
Dave Eggers / Accident
21 Books You Should Read This July / Part two
Legends of the fall / The 50 biggest books of autumn 2021
Dave Eggers turns his hand to illustration for new book
Dave Eggers / Woman waiting to take a photo
Dave Edgers / The End Is Night
Dave Eggers / The Definition Of Reg
Dave Eggers / ‘The US is becoming a Christian theocracy’


martes, 18 de octubre de 2022

Un libro / Dave Eggers / Qué es el Qué

 



La tragedia de los niños perdidos

Dave Eggers denuncia en la biografía novelada 'What is the What?' el drama de la guerra en Sudán


Pablo Guimón
28 de mayo de 2007

Cuenta una antigua leyenda africana que, cuando Dios creó al primer hombre de las tribus dinka del sur de Sudán, le dio a elegir entre dos regalos. Puedes escoger, le dijo, entre el ganado y el Qué. "¿Qué es el Qué?", preguntó el primer hombre dinka. Pero Dios no le respondió. El hombre pensó que el ganado le proporcionaría alimento con su carne, y abrigo con sus pieles. El Qué, en cambio, era lo desconocido. Podía ser todo o nada. Así que el hombre eligió el ganado.


Valentino: "Quería escribir mi historia para que la gente supiera por lo que hemos pasado"
Eggers: "Sufrieron ataques y tuvieron que alimentarse de cadáveres de animales"

Durante miles de años, los dinka creyeron haber elegido lo correcto. Y hasta convirtieron la vaca en un animal sagrado. Pero llegó el siglo XX y, con él, una sucesión de guerras civiles que provocaron, sólo en los 20 últimos años del siglo, dos millones y medio de muertos y cuatro millones de desplazados. El desastre llevó a los dinka a cuestionarse de nuevo si habían elegido bien. ¿Qué sería el Qué?, se preguntaban. Fuera lo que fuera, tenían claro que los sudaneses árabes del norte, de los que la leyenda decía que se quedaron con el Qué, se habían llevado el mejor de los regalos de Dios, y lo estaban utilizando para destrozar a sus vecinos del sur.

¿Qué es el Qué? (What is the What?) es la pregunta que da título a la fascinante última novela de Dave Eggers (Chicago, 1970), probablemente el escritor joven más influyente de Estados Unidos. Un libro denuncia de 475 páginas, una biografía novelada escrita en primera persona, un pequeño fenómeno social y de ventas en su país, aún inédito en España, cuya gestación empezó un día de octubre de 2002. Ese día Eggers recibió una carta de una tal Mary Williams -hija de unos panteras negras adoptada por Jane Fonda y Ted Turner- que se presentó como fundadora de una organización con sede en Atlanta llamada The Lost Boys Foundation (La Fundación de los Niños Perdidos).


"Me habló de las condiciones en que vivían los llamados niños perdidos [3.800 jóvenes refugiados sudaneses repartidos por distintas ciudades de Estados Unidos]. Les daban un dinero para empezar, pero enseguida tenían que buscarse la vida por su cuenta en un lugar desconocido. Y Mary había creado una fundación para ayudarlos. Yo no conocía a Mary, pero en la carta me pedía que dejara lo que estuviera haciendo porque había un chico que necesitaba ayuda para escribir su biografía", recuerda Eggers. Ese chico era Valentino Achak Deng, el niño perdido sudanés que, vestido con chaqueta y camisa, en un inglés culto y reposado, charló con Dave Eggers el domingo en un escenario del Hay Festival, que se celebra estos días en Gales.


Hablaron sobre su durísima vida y el proceso mediante el que el relato de ésta se ha convertido en una de las novelas del año. "Quería escribir mi historia", explica Valentino, "y que ésta sirviera como microcosmos para que la gente supiera por lo que hemos pasado todos nosotros. Por eso le pedí ayuda a Mary".


Valentino Achak Deng y Dave Eggers



Eggers aceptó la propuesta. Y conoció a Valentino Achak Deng el 11 de enero de 2003, en Atlanta, en una fiesta de cumpleaños de él y de otro centenar largo de niños perdidos. No es que todos hubieran nacido el mismo día, sino que, al llegar a Estados Unidos, como la mayoría de ellos no sabían en qué día habían nacido, les dieron a todos el mismo cumpleaños. Después de la fiesta, Eggers y Valentino pasaron el resto del fin de semana juntos en el apartamento de las afueras de la ciudad donde vivía el niño perdido. Allí empezó Valentino a contarle al joven escritor su historia, desde los primeros días de la guerra hasta el presente.


Eggers prometió que escribiría su historia, y Valentino prometió que cooperaría en todo lo que pudiera. Pero el escritor cometió dos errores. El primero, prometerle a Valentino que tendría el libro listo en un año: el proceso, por el rigor que exigía la responsabilidad que implicaba, resultó ser mucho más largo. El segundo, pensar que estaban trabajando en un relato sobre algo acontecido en el pasado: en aquellos días, un alto el fuego en Sudán invitaba a albergar esperanzas sobre la llegada de la paz pero, apenas un mes después de aquella primera cita, empezarían las matanzas en Darfur.


A través de diversos encuentros en Atlanta y en San Francisco (donde vive Eggers), de horas y horas de conversaciones telefónicas y de innumerables correos electrónicos, Valentino fue contando su historia, que empieza en un pacífico Marial Bai, pueblo de comerciantes en el sur de Sudán. Pero la paz duró poco. "Me separaron de mi familia en 1987 y me tuve que unir a la gente que huía de sus pueblos", recordaba Valentino el domingo en Hay. "Tenía seis o siete años. Pensé que estaría fuera unos días, hasta que se fueran las milicias, pero acabó siendo un viaje que duró meses. Volver a mi pueblo era un suicidio. En esos días, en el sur de Sudán, cualquier varón moviéndose era un objetivo. Mi única opción era continuar con el grupo hasta que terminara la guerra o llegáramos a Etiopía".


Durante el viaje, Valentino y sus miles de compañeros de infortunios sufrieron bombardeos y ataques de animales salvajes. Se alimentaron de hojas, de frutas desconocidas, de cadáveres de animales en descomposición, y algunos hasta tuvieron que beber su propia orina. "He visto cosas horribles", asegura Valentino. "Incluso tuve que enterrar a un amigo cuando yo tenía nueve años".


Después llegaron los campos de refugiados en Etiopía, donde Valentino pasó 13 años. Y un buen día, el 25 de septiembre de 2001, a las 7.30, puso sus pies en Nueva York. Su vuelo, por cierto, estaba inicialmente previsto para el 11 de septiembre. Encontraron para Valentino un apartamento en Atlanta, donde tuvo que empezar una nueva vida. Sobrevivió a base de trabajos mal pagados que no le permitían alcanzar su sueño de ir a la universidad. Y se enfrentó -y se sigue enfrentando- a los problemas que un inmigrante africano puede encontrar en un país del llamado primer mundo.


Ni sus problemas, ni mucho menos los de su país, han terminado. Pero con ayuda de este libro y de la labor de concienciación que ha emprendido con su amigo Dave Eggers, Valentino pone su granito de arena para llamar la atención sobre un conflicto que, de puro largo, parece a menudo olvidarse. A ese efecto, todos los beneficios del libro se destinan a la Fundación Valentino Achak Deng (www.valentinoachakdeng.com). Una institución que distribuye sus fondos "entre los refugiados sudaneses en EE UU; la reconstrucción del sur de Sudán, empezando por Marial Bai; las organizaciones que trabajan por la paz en Darfur, y la educación universitaria de Valentino Achak Deng".


La nueva voz de la narrativa estadounidense

Dave Eggers se dio a conocer en el año 2000 con un libro de naturaleza y título peculiares. Una historia conmovedora, asombrosa y genial (editado en España por Planeta) es el relato de cómo el autor tuvo que cuidar de su hermano pequeño, Toph, tras la muerte repentina de sus padres.

Se trata, como en el caso de su último libro (What is the What?), de una biografía con elementos de ficción. El libro se convirtió rápidamente en un éxito de ventas y fue elogiado por su originalidad y sus innovaciones estilísticas.

En 2002, publicó Ahora sabréis lo que es correr, su primera novela como tal, editada en España por Mondadori. Desde entonces ha publicado varios ensayos y libros de relatos.

Pero la influencia de Dave Eggers, y su posición de referente de la nueva narrativa estadounidense, se debe, además de a sus libros, a su trabajo como editor. En el año 1998, fundó McSweeney's, una editorial independiente, que publica la revista cuatrimestral del mismo nombre, biblia de la nueva narrativa estadounidense. El imperio McSweeney's incluye también, desde 2003, una revista mensual, The Believer, dirigida por Vendela Vida, la mujer de Eggers; otra revista en DVD y una página web de literatura y humor.

McSweeney's ha ayudado a lanzar la carrera de numerosos jóvenes escritores estadounidenses, y ha publicado a algunos más consagrados como Michael Chabon, Joyce Carol Oates o Stephen King.

Eggers, que reside en San Francisco con su mujer y su hija, imparte clases de escritura en una escuela benéfica que fundó en 2002 llamada 826 Valencia.

Pablo Guimón

Es el redactor jefe de la sección de Sociedad. Ha sido corresponsal en Washington y en Londres, plazas en las que cubrió los últimos años de la presidencia de Trump, así como el referéndum y la sacudida del Brexit. Antes estuvo al frente de la sección de Madrid, de El País Semanal, y fue jefe de sección de Cultura y del suplemento Tentaciones.

EL PAÍS



DE OTROS MUNDOS
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lunes, 17 de octubre de 2022

Casa de citas / Patricia Rodríguez García / Mala racha





Patricia Rodriguez García
MALA RACHA

Gracias a Dios terminaron  la semana y el mes, he andado con una racha que me urge me pasen un huevo, y no de los que están pensando (¡ojalá fuera de esos!). No, un huevo que logré sacarme tanta mala suerte o vibra. Esta última semana pintó terrible. Primero se rompieron mis anteojos y créanme no veo sin ellos, después se descompuso mi reloj de mano y me encanta (¿cómo uno se vuelve dependiente tan rápido a las cosas materiales, verdad?). Me lo regalaron el año pasado, es digital, de los que te dicen hora, pulsaciones y demás, está muy lindo. Pero ahorita ya no enciende, de pronto se murió y a cada rato yo volteó a ver mi muñeca negada a aceptar que ya no lo puedo usar. Después me quedé un día y medio sin agua, por culpa de la pésima  administración de mi edificio (realmente fue desesperante pero ya contratamos una pipa) y lo peor, realmente pésimo, fue que me rayaron con una llave mi camioneta por los dos lados. No sé quién ni en dónde porque soy muy despistada y no puedo asegurar que vi el daño justo después de que me lo hicieran. Pero me dolió mucho que me perjudicarán mi vehículo, porque fue con mucha saña. 

Al principio lo quise tomar con filosofía y pensé: "Pobre persona a mi me raya el carro pero su alma la trae muy lastimada, debo sentir pena por ella". De verdad no me enojé. Pero sí me agüité, porque me quedé meditando pues yo en realidad no le hago daño a nadie, ni tengo tiempo para hacerlo ni es mi naturaleza querer lastimar a alguien por más insoportable que pueda resultarme. Digamos, ando siempre en automático y en la pendeja.

Y desde el martes que me ocurrió este hecho, anda rondando en mi cabeza ¿por qué a mi? Me preocupa pensar que pueda despertar sentimientos tan negativos sin siquiera percatarme. Y lo peor cada que salgo esos rayones me lo recuerdan. Ya lleve a pulir mi camioneta pero no pudieron reparar el daño, sigue ahí. Recordándome que alguien me tiene mucha rabia y siento feo. 

En fin, mi reloj y anteojos se pueden reparar, el asunto del agua se va a resolver, llamaré al seguro para arreglar bien la camioneta, pero que un desconocido te traiga tanto coraje,  ¿díganme, cómo lo resuelvo?


domingo, 16 de octubre de 2022

Casa de citas / Dorothy Parker / Escritores

E.B. White
 

Dorothy Parker
ESCRITORES

Si tienes amigos jóvenes que aspiran a ser escritores, el segundo mayor favor que puedes hacerles es regalarles ejemplares de Los elementos del estilo. El primero más grande, por supuesto, es dispararles ahora, mientras son felices.


WRITERS
by Dorothy Parker

If you have any young friends who aspire to become writers, the second-greatest favor you can do them is to present them with copies of The Elements of Style. The first-greatest, of course, is to shoot them now, while they’re happy.



Casa de citas / E.B. White / Sobre la escritura



E.B. White

E.B. White
SOBRE LA ESCRITURA

La mejor escritura es la reescritura.

The best writing is re-writing.

***

"No hay nada más difícil de calcular que el tiempo de un escritor, nada más difícil de controlar. Hay momentos -momentos de creación sostenida- en los que su tiempo es bastante valioso; y hay horas y horas en las que el tiempo de un escritor no vale el papel en el que no está escribiendo nada."

There is nothing harder to estimate than a writer’s time, nothing harder to keep track of. There are moments—moments of sustained creation—when his time is fairly valuable; and there are hours and hours when a writer’s time isn’t worth the paper he is not writing anything on.

***

Escribir es un acto de fe, no un truco de gramática.

Writing is an act of faith, not a trick of grammar.

***

Consejo a los jóvenes escritores que quieren salir adelante sin molestas demoras: no escribas sobre el hombre; escribe sobre un hombre.

Advice to young writers who want to get ahead without any annoying delays: don’t write about man; write about a man.


***

Escribir es un trabajo duro y malo para la salud.

Writing is hard work and bad for the health.





sábado, 15 de octubre de 2022

Casa de citas / Valzhyna Mort / Música para los muertos y resucitados

 

Valzhyna Mort


Valzhyna Mort
MÚSICA PARA LOS MUERTOS Y RESUCITADOS
Traducción de Andrea González

Mi nuevo poemario «Music for the Dead and Resurrected» [Música para los muertos y resucitados] es un trabajo completamente bielorruso. Lo publicaré en bielorruso en Belarús cuando sea posible.

Estos últimos días he vivido totalmente en línea, en una Belarús virtual. Mi reloj interno cambió, no puedo decir qué trabajo tuve que realizar realmente durante estos días. Puede que tenga una versión ligera de estrés postraumático, ver a las personas hablar sobre la política estadounidense o vivir su día como si nada estuviera sucediendo en Belarús parece absurdo, hasta me enfurece. En los muchos años que tengo de vivir en el exterior, en muchas ocasiones me he sentido fuera de lugar, pero ese sentir lo estoy experimentando a un nuevo nivel. No quiero que se me acerque nadie que no esté prestando atención a BBelarús en este momento. Por supuesto, que todo esto es emoción en estado puro. Los estadounidenses no hicieron huelgas cuando murieron niños en jaulas en la frontera con México. Pero si puedo decir esto: estoy cansada de la curiosidad ignorante. Quiero ver empatía internacional.

Escribí una declaración en solidaridad con los bielorrusos y la envié a algunos editores. Quise publicarlo inmediatamente para que todos cesaran sus actividades para ver lo que está sucediendo en mi hogar. Cuando di clic sobre «enviar» y el texto escapó de mis manos, un gran temor me agobió. Me pregunté si en realidad había soñado lo que describí en mi declaración. Imaginé a alguien leyendo, alguien almorzando y diciendo «¡guau!, ella es lo méximo, está enfurecida y es emotiva», y temí que todo fuera un jugarreta de mi propia mente delirante.

Luego, mi teléfono sonó. Mi querida amiga me escribió vía Telegram desde Minsk: «Escuchamos disparos y explosiones. ¿Alguien en el exterior nos ve?».


‘Este es un movimiento partidario de una nación partidaria' / Reflexiones de la poeta bielorrusa Valzhyna Mort sobre la agitación de su país



MUSICA FOR THE DEAD AND RESURRECTED
by Valzhyna Mort

My new book of poetry «Music for the Dead and Resurrected» is a deeply Belarusian work. I will publish it in Belarusian in Belarus when it becomes possible.

In these past few days I’ve been living entirely online, in a virtual Belarus. My body’s clock has shifted, I cannot tell what work I actually had to do during these few days. I might have a light version of PTSD – seeing people discuss American politics or going about their day as if nothing were happening in Belarus seems absurd and, more so, it enrages me. In my many years of living abroad, I’ve felt out of place many times, but this is a new level of that feeling. I do not want a single person who isn’t watching Belarus right now anywhere near me. Of course, this is all raw emotion. Americans didn’t go on strike when children died in cages on their own southern border. But I can say this: I’m tired of ignorant curiosity. I want to see international empathy.

Today, I’ve written a statement in solidarity with Belarusians and sent it out to a couple of editors. I wanted to publish it immediately so that everybody drops everything and sees what’s going on in my home. When I hit the “send” button and the text slipped out of my hands, a great fear overcame me. I wondered whether I had actually dreamed what I described in my statement. I imagined somebody reading it – somebody having lunch and saying “oh wow, she is too much, so angry, so emotional,” and I got scared that everything was just a trick of my own insane mind.

Then my phone buzzed. My dear friend was writing to me via Telegram from Minsk: “We hear gunshots and explosions. Does anybody outside see us?”


‘This is a partisan movement of a partisan nation': a Belarusian poet reflects on her homeland's turmoil





Casa de citas / Valzhyna Mort / Somos demasiado solitarios e invisibles

Valzhyna Mort


Valzhyna Mort
SOMOS DEMASIADO SOLITARIOS E INVISIBLES
Traducción de Andrea González

Este es un momento de solidaridad bielorrusa internacional. Todos tenemos poco conocimiento de nuestras raíces, con árboles genealógicos que dependen de un único sobreviviente, todo lo que tenemos es el uno al otro. Somos demasiado solitarios e invisibles en el mundo para no ser unidos. Y sí, la comunidad de emigrantes bielorrusos está haciendo de todo para atraer la atención internacional hacia la lucha por la dignidad bielorrusa. Se están organizando manifestaciones con exigencias y solicitudes concretas y recaudaciones de fondos. También se está estableciendo comunicación, tan simple como superar las interrupciones telefónicas para saber cómo está la familia y los amigos y hacerles saber que no están solos.

En Belarús, las personas se encuentran atrapadas y no cuentan con ningún medio para comunicarse con el mundo exterior, ignoran lo que los demás perciben o entienden sobre su situación. Han deportado a los periodistas extranjeros. La Policía ha disparado y abatido a muchos periodistas. Algunos reporteros, particularmente en Rusia, tienen tan poco conocimiento de la situación bielorrusa que podrían estar perjudicando más que ayudando con sus paralelos infundados con Ucrania o marcos coloniales sin reservas.

Por lo tanto, es el deber de todos los que estamos en el exterior hacer que Belarús sea visible y reciba apoyo. De nuevo, esto no es algo que se deba declarar. En cambio, fue algo que se sintió de manera inmediata, no hubo necesidad de decirlo. Creo que la mayoría de las personas que se marcharon el país no lo hicieron de manera permanente. Tenemos vínculos en casa, regresamos regularmente, educamos a nuestros hijos sobre dónde provienen, brindamos un sistema de apoyo para nuestra gente en Belarús y para los compatriotas donde quiera que se encuentren.


‘Este es un movimiento partidario de una nación partidaria' / Reflexiones de la poeta bielorrusa Valzhyna Mort sobre la agitación de su país



Valzhyna Mort

WE ARE TOO ALONE AND INVISIBLE
by Valzhyna Mort 

This is a moment of a worldwide Belarusian solidarity. We are all people with little knowledge of our roots, with family trees hanging on a single chance survivor, all we have is each other. We are too alone and invisible in the world not to be united. And yes, the diaspora is doing everything to draw international attention to the Belarusian struggle for dignity. There are protests with concrete demands, petitions, and fundraising. There is keeping in touch, as simple as getting through the phone disruptions in order to check on family and friends and let them know that they are not alone.

In Belarus, people are trapped without any means of communicating with the outer world, without a clear understanding of what is seen, what is understood about their situation. Foreign journalists have been deported. Many journalists have been shot at and beaten by police. Some reporters, especially in Russia, have so little knowledge of Belarusian situation that they might be doing more damage than help with their baseless parallels with Ukraine and/or unapologetically colonial frames.

So, it is the duty of all of us outside the country to make Belarus both visible and supported. Again, this is not something that had to be declared. Rather, it was immediately felt, it went without saying. It is my belief that most people in the diaspora didn’t leave for good. We have ties to home, we return regularly, we educate our children about where they come from, we provide a support system for our people back in Belarus and for Belarusians everywhere.


‘This is a partisan movement of a partisan nation': a Belarusian poet reflects on her homeland's turmoil