
Al 2040, de Jorie Graham
Al 2040 empieza con una pregunta puntuada como si de una afirmación se tratara: «Estamos / acaso ya extinguidos. De quién es / el mapa». Sus poemas son cantados por alguien que está escribiendo esos mismos versos mientras mira por la ventana de una sala de radioterapia, y lo que ve fuera son los retazos de una tierra en ruinas: un mundo apocalíptico donde la lluvia debe ser traducida, el silencio retumba más fuerte que el habla y los pájaros, conectados a la red, repiten grabaciones de sus extintos ancestros.