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| La mano en el fuego, 1986 Robert Mapplethorpe |
LECCIONES DE ITALIANO
Mettere la mano sul cuico
Literal: Poner la mano en el fuego.
• Significado: Estar absolutamente seguro de la honestidad de alguien o de la verdad de algo.
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| La mano en el fuego, 1986 Robert Mapplethorpe |
Literal: Poner la mano en el fuego.
• Significado: Estar absolutamente seguro de la honestidad de alguien o de la verdad de algo.
LECCIONES DE ITALIANO
Volere la botta piena e la moglie ubriaca
Literal: Querer la barrica llena y la mujer borracha.)
• Significado: Querer tenerlo todo, sin renunciar a nada.
Literal: ¡En el culo de la ballena!
• Significado: Otra forma vulgar pero muy común (entre jóvenes o amigos) de desear "buena suerte" (similar a "In bocca al lupo"). Se responde: "Speriamo che non caghi!" (¡Esperemos que no cague!).
LA MENOR Y EL GOTA A GOTA
Una delicada y alarmante denuncia encendió las alertas en el departamento del Atlántico. El alcalde de Sabanalarga, José Elías Chams, reveló un caso que calificó como “deleznable” y que, según sus declaraciones, refleja la profunda crisis social que atraviesa su municipio.
CHEN XING Y LA REPRESA DE LOS MIL AÑOS
A principios de la década de 1950, la China revolucionaria quería dominar sus ríos. El río Ru, conocido por sus inundaciones históricas, fue el objetivo. Se construyó la represa de Banqiao con la ayuda de expertos soviéticos. Fue diseñada bajo una premisa ambiciosa: debía resistir una "inundación de mil años" (una lluvia tan fuerte que solo ocurre una vez cada milenio).
Aunque habían sido amigos, Vidal afirmó haberse sentado sobre Capote en una fiesta, confundiéndolo con un taburete, mientras que Capote mintió al decir que Vidal había sido expulsado de la Casa Blanca por ser grosero con la madre de Jackie Kennedy. «Siempre me entristece lo de Gore; me entristece mucho que tenga que respirar cada día», dijo Capote más tarde. Tras la muerte de Capote, Vidal declaró: «A Capote lo detestaba de verdad. Como se detesta a un animal. Un animal inmundo que se ha colado en la casa».
Vanessa Thorpe
The Guardian, 10 de septiembre de 2017
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| Paul Theroux |
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Estoy en Hawái, en una casa situada en una colina en la costa norte de Oahu, con el océano Pacífico a lo lejos y, más cerca, en mi jardín, varios grupos de bambú, incluido el bambú negro (“lako” -atryphylacia) de Indonesia que planté hace treinta años. Escribo en una habitación que es un edificio separado de nuestra vivienda, donde mi esposa está leyendo en este momento. Me resulta imposible escribir en un edificio donde hay otra persona, o incluso un perro o un gato. Necesito estar aislado y que no me interrumpan. En esta habitación también hay máscaras africanas, mazas polinesias, cuencos hawaianos y otros objetos, incluido un enorme huevo del pájaro elefante gigante de Madagascar, que encontré en un pueblo de allí. También hay una pequeña biblioteca de referencia y recuerdos de mis vidas anteriores.
Es un animal territorial y peligroso. Un problema que crece y que debe resolverse. Como siempre, aparece el humor de los colombianos, el remedio gratuito de tantas desgracias. Nos burlamos mientras no se nos aparezca uno en la calle. Somos un país desgraciado, donde los hipopótamos son una plaga menor si pensamos en los ladrones, los asesinos, la guerrilla, los paracos y, sobre todo, los políticos. Desgraciados pero divertidos. Y vamos directo al abismo, por supuesto.
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Saul Steinberg dibujándose The New Yorker, 27 de febrero de 1954. |
Ángel Antonio Herrera
11 de abril de 2026
Aún rueda el trueno de polémica por el premio literario AENA, que pone un laurel de un millón de euros al autor premiado, que en este caso ha sido autora. Yo veo que la polémica no está en la cuantía esplendorosa del galardón, donde el gentío se ha engarfiado, sino justamente en lo contrario: en la pobreza que domina la existencia del escritor. De esto ya se ha hablado poco, o nada. Un premio de pasta o pastizal nos escandaliza porque en la república de las letras no hay nunca un euro. El escritor, en España, es un pobre, pero un dolido pobre de seca solemnidad, sólo que un pobre que va al Palace de cuando en cuando si convidan los editores, o Iberdrola. La literatura es una obstinación de pobres. La escritura es un vicio de vagabundos. Quiero decir que en España, si escribes, es mejor poner una pastelería, para la intendencia del hambre, o tener una consorte que se desempeñe de dermatóloga, por ejemplo. Nunca hemos ido más allá del maligno lema de que la cultura en España es gratis, y así resulta que los escritores tienen que bifurcarse en profesores, o vivir de una ferretería de la familia. No me sirve el alivio o consuelo falso de que no es oficio del prestigio la producción de dinero, porque el prestigio sí debiera garantizar una tesorería holgada, para que el escritor tuviera una nevera competente como una biblioteca, e incluso tuviera aire acondicionado, que es un auxiliar laboral, mayormente entre creadores, que no cesan ni en agosto. Se han oreado en estos días muchas opiniones a propósito de la billetería alegre del premio AENA, pero no insistimos nada en que el escritor es un paria que se arrima allí donde se entorna un céntimo, y que viaja a promocionar su obra a puro pedal esforzadísimo, por poblachones y otras inclemencias. Recuerdo que un empresario llevó un día a su amante al Café Lyon, donde estaba escribiendo Ruano, y la mujer preguntó a su enamorado: «Y a ese señor le pagan por escribir?». Y el enamorado resolvió rápido: «No, querida. Si pagaran, escribiríamos todos». Pues eso. La escritura es una barbarie de pobres.
La historia del Flautista de Hamelín es mucho más que un cuento de hadas; es un enigma gótico que ha desconcertado a historiadores por siglos. Todo comienza con una fecha escalofriante grabada en las paredes de la ciudad alemana: el 26 de junio de 1284. Mientras el mundo moderno imagina ratas bailando al son de una flauta, los registros más antiguos de Hamelín omiten por completo a los roedores. Lo que describen es un evento traumático donde 130 niños fueron "conducidos hacia el exterior" por un hombre vestido de colores y desaparecieron para siempre cerca de una montaña. Este suceso fue tan real que la ciudad comenzó a fechar sus documentos basándose en los años transcurridos desde "la pérdida de nuestros hijos".
Inglaterra. Mayo de 1536. Ana Bolena ha muerto, decapitada en un abrir y cerrar de ojos, a manos de un verdugo francés. Mientras sus restos descansan bajo tierra, Thomas Cromwell desayuna con los vencedores y continúa su ascenso al poder y a la riqueza. Su maestro, Enrique VIII, se conforma con una felicidad a corto plazo en los brazos de su tercera reina, Jane Seymour.
Cromwell sabe que sólo puede confiar en sí mismo. No tiene una gran familia que lo respalde, ni un ejército privado. Y a pesar de la rebelión interna, de los traidores que se multiplican en el extranjero y de la amenaza de invasión que pone a prueba el reinado de Enrique VIII, Cromwell busca convertir Inglaterra en un nuevo país que se mire en el espejo del futuro. Pero ¿puede realmente una nación, o una persona, desprenderse de su pasado como si fuera piel muerta? «¿Qué haréis –le pregunta el embajador español a Cromwell– cuando el rey se vuelva contra vos como hace tarde o temprano contra todos los que están próximos a él?»
Con la novela Una reina en el estrado Hilary Mantel ha hecho historia: ganar por segunda vez el Man Booker Prize, además del National book Award y el Costa Book Award. Eso ha hecho que ya haya vendido 400.000 ejemplares en su versión inglesa.
Inglaterra, en 1520, está a un paso del desastre. El rey Enrique VIII no consigue engendrar un heredero varón y quiere divorciarse de su mujer, Catalina de Aragón, para casarse con Ana Bolena, pero el cardenal Wolsey, su principal asesor, no obtiene más que negativas del papa. En este clima de desconfianza y necesidad llega a la corte Thomas Cromwell, al principio como segundo de Wolsey y más tarde como su sucesor. Cromwell es un hombre con una trayectoria original: hijo de un herrero que le trataba con gran brutalidad, llega a ser un genio político, sobornador, encantador y fanfarrón, y con una delicada y mortífera habilidad para manipular los hechos y las personas. Implacable en la consecución de sus propios intereses, es tan exigente con los demás como lo es consigo mismo. Su programa de reformas tiene que abrirse camino entre un parlamento que sólo vela por los intereses de sus miembros y un rey que fluctúa entre las pasiones románticas y las pulsiones asesinas.
Enki Bilal es uno de los artistas más destacados en el ámbito de la ciencia ficción, especialmente dentro del cómic y la ilustración. Sus trabajos, caracterizados por una atmósfera única y un estilo visual inconfundible, han redefinido el concepto de la ciencia ficción y han otorgado a este género una profundidad emocional y estética rara vez vista en otros ilustradores. Nacido en Belgrado en 1951, de madre checa y padre bosnio, Bilal emigró a Francia en su juventud, donde desarrolló su carrera artística en un contexto influido por los cambios políticos, la guerra fría, y el auge de la ciencia ficción en Europa. Su talento innato para capturar la esencia del caos y el conflicto en sus ilustraciones ha convertido sus obras en piezas fundamentales para el estudio de la ciencia ficción oscura y distópica.
En este extracto de su nuevo libro, Getting Better, el autor y poeta describe la muerte de su amado hijo adolescente, Eddie.
Michael Rosen
29 de enero de 2023
Voy a empezar contándote una historia. Te la cuento para que sepas lo que pasó. También te la cuento porque me ayuda a mí contarla. Y como me ayuda, te digo que si te ha pasado algo parecido, quizás te ayude hacer lo mismo: contar tu historia. Puedes hacerlo como quieras. Lo importante es contarla.
Me acuerdo de la primera vez que leí Distancia de rescate. Siempre me acordaré. De la sensación de asombro (¿Eso se puede hacer?), de la sensación de urgencia (como si Schweblin hubiese tenido que contar la historia lo antes posible, y nosotros entender qué está pasando cuanto antes, para salvarnos), de esa primera frase en cursiva (Son como gusanos) que desata un misterio siniestro a gran escala que incluye aguas pútridas, un caballo enfermo y más ansiedad de la que un solo ser humano puede manejar.
Se habla mucho de "Quiero mi sombrero de vuelta", el libro de Jon Klassen. Debo decir que me encanta.
La Dolce Vita marca un punto de inflexión en la filmografía de Federico Fellini. ¿Quién puede olvidar la escena en la que Anita Ekberg retoza en la Fontana di Trevi y Marcello Mastroianni se une a ella? Esta película, estrenada en 1960 y ganadora de la Palma de Oro en Cannes, anunció el singular lenguaje cinematográfico de Fellini, que se convertiría irrevocablemente en su sello distintivo. Inimitable. Con su entrelazamiento de secuencias, como bocetos. Y, sin embargo, provocó un enorme escándalo en su estreno, debido a su retrato de una sociedad italiana ociosa y depravada. Las escenas de orgías escandalizaron al público romano, que tal vez había olvidado la historia de su decadente imperio.
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| Raymond Carver según David Levine |
EL REALISMO SUCIO
Hubo un momento, a finales de los años 70, en que los lectores se hartaron de los laberintos de espejos y las selvas mágicas. En Estados Unidos, un grupo de escritores decidió que no había nada más fantástico —ni más aterrador— que la vida de un hombre que acaba de perder su empleo o de una mujer que espera una llamada que sabe que no llegará. Bill Buford, editor de la revista Granta, le puso nombre al fenómeno en 1983: Realismo Sucio. No era una etiqueta de prestigio; era una descripción de la mugre emocional que goteaba de aquellas páginas.
La ganadora del premio Booker aportó un rigor intelectual implacable a su reinterpretación de la historia de Enrique VIII y Ana Bolena.
John Mullan
23 de septiembre de 2022
La novela de Wolf Hall (En la corte del lobo) catapultó a la fama a Hilary Mantel. Tomó uno de los episodios más conocidos de la historia inglesa —el repudio de Enrique VIII a su primera esposa, Catalina de Aragón, por Ana Bolena, y su posterior ruptura con la Iglesia católica— y lo reinterpretó por completo. Mantel narró la historia desde la perspectiva de un hombre considerado hasta entonces uno de los villanos de la historia: Thomas Cromwell, el principal cortesano de Enrique VIII. Él presenció todo lo que se describe y escuchó cada diálogo.
Hilary Mantel cree que la historia no está separada de las personas vivas, sino que es algo en lo que estamos, una noción que la base de seguidores de la escritora en todo el mundo, que está contando los días hasta el lanzamiento esta primavera de El espejo y la luz, entiende. Esta es la última entrega de su trilogía de Thomas Cromwell, una hazaña literaria hercúlea que ha revivido por sí sola la reputación de la ficción histórica.