miércoles, 9 de noviembre de 2022

Casa de citas / Leila Guerriero / Arquitectos de la prosa


Leila Guerriero
ARQUITECTOS DE LA PROSA

Leamos, por ejemplo, a Rex Reed describiendo así su encuentro con Ava Gardner en su perfil «¿Duerme usted desnuda?»: «Ella está ahí, de pie, sin ayuda de filtros contra una habitación que se derrite bajo el calor de sofás anaranjados, paredes color lavanda y sillas de estrella de cine a rayas crema y menta, perdida en medio de este hotel de cupidos y cúpulas, con tantos dorados como un pastel de cumpleaños, que se llama Regency. (...) Ava Gardner anda majestuosamente en su rosada jaula leche malta cual elegante leopardo. Lleva un suéter de cachemir de cuello alto, arremangado hasta sus codos de Ava, y una minifalda de tartán y enormes gafas de montura negra y está gloriosa, divinamente descalza.» Leamos, por ejemplo, al periodista colombiano Alberto Salcedo Ramos describiendo así el estilo de boxeo del ex campeón mundial Kid Pambelé, en el libro El oro y la oscuridad: «La mano izquierda adelantada mantenía a raya al contrincante, con una arrogancia nunca antes vista. No era el típico jab que apenas sirve para demarcar el territorio e impedir que el otro se acerque, sino un martillo persistente que aturdía y perforaba. Pum, en la boca. Pum, en la boca adolorida. Pum, en la boca rota. Pum, en la boca que chorreaba sangre. El martillo pegaba y pegaba, obsesivamente, donde más te dolía, y sólo te dejaba en paz al final de su tarea asesina.»

Leila Guerriero / ¿Qué es el periodismo literario?





Casa de citas / Leila Guerriero / Invisible

 



Leila Guerriero
INVISIBLE

Pero para ver no sólo hay que estar; para ver, sobre todo, hay que volverse invisible.

El periodismo narrativo se construye, más que sobre el arte de hacer preguntas, sobre el arte de mirar. La forma en que la gente da órdenes, consulta un precio, llena un carro de supermercado, atiende el teléfono, elige su ropa, hace su trabajo y dispone las cosas en su casa dice, de la gente, mucho más de lo que la gente está dispuesta a decir de sí.

En su libro El nuevo periodismo, Tom Wolfe decía que: «Cuando se pasa del reportaje de periódico a esta nueva forma de periodismo (...) se descubre que la unidad fundamental de trabajo no es ya el dato, la pieza de información, sino la escena (...). Por consiguiente, tu problema principal como reportero es, sencillamente, que consigas permanecer con la persona sobre la que vas a escribir el tiempo suficiente para que las escenas tengan lugar ante tus propios ojos.»


martes, 8 de noviembre de 2022

Casa de citas / Rodofo Walsh / Operación Masacre


Leila Guerriero
RODOLFO WALSH

El escritor y periodista argentino Rodolfo Walsh escribió, en 1957, un libro llamado Operación Masacre, sobre un hecho ocurrido en 1956. El 9 de junio de ese año militares nacionalistas partidarios de Perón intentaron una insurrección, que fue desbaratada, contra el gobierno de la Revolución Libertadora. Bajo el imperio de la ley marcial, el Estado fusiló a muchos. Entre ellos, a un grupo de civiles reunidos en un departamento de la localidad de Florida que estaban allí, en su mayoría, sin más intención que la de escuchar una pelea de boxeo. Detenidos sin explicaciones, fueron conducidos a un basural en la localidad de José León Suárez, y fusilados. Cinco murieron, siete lograron escapar. Meses después, uno de esos sobrevivientes, Juan Carlos Livraga, se presentó ante la justicia para denunciarlo todo. La noche del 18 de diciembre de 1956, Rodolfo Walsh, que era por entonces periodista cultural, traductor del inglés y escritor de cuentos policiales, tomaba cerveza en un bar cuando un amigo le susurró la frase que iba a cambiarle la vida: «Hay un fusilado que vive.» Tres días más tarde, Walsh se encontraba por primera vez con Juan Carlos Livraga, el fusilado vivo, y ése fue el comienzo de un trabajo de meses que lo llevó a rastrear y encontrar a dos, a tres, a cuatro, a siete sobrevivientes. Después, cuando llegó el momento de contar la historia, Walsh echó mano de todas las técnicas de la literatura policial, que conocía tan bien: esparció intriga, suspenso, descripciones minuciosas, estructura coral y un lenguaje parco, escueto. El libro empieza así: «Nicolás Carranza no era un hombre feliz esa noche del 9 de junio de 1956. Al amparo de las sombras acababa de entrar en su casa, y es posible que algo lo mordiera por dentro. Nunca lo sabremos del todo. Muchos pensamientos duros el hombre se lleva a la tumba, y en la tumba de Nicolás Carranza ya está reseca la tierra.» Operación Masacre abre con un paneo que presenta a los que van a morir en sus casas, en torno a las mesas de la cena y, sobre el telón de fondo de esas vidas cotidianas, monta la carnicería: doce personas que marchan a su muerte sin saberlo y que, al encontrarla, no mueren de pie: se humillan. Carranza ruega que no lo maten. Rodríguez, roto a balazos, pide que lo ultimen como a un animal.

Walsh pudo haber buscado otro camino. Pudo haber escrito una pieza de periodismo de investigación con lenguaje justiciero y notarial, presentando pruebas, datos, documentos. Pero intuyó que ésa no era la forma. Quería que sus lectores le tomaran el peso a lo que había sucedido. Quería que las páginas rezumaran el pánico de esos infelices que corrían en la noche iluminados por los focos de los autos, con el aliento de las balas en la espalda. «Lo están alumbrando, le están apuntando –escribió, para relatar el momento en que Horacio Di Chiano intenta que no lo maten haciéndose pasar por muerto–. No los ve, pero sabe que le apuntan a la nuca. Esperan un movimiento. Tal vez ni eso. Tal vez les extrañe justamente que no se mueva (...). Una náusea espantosa le surge del estómago (...). Nadie habla en el sermicírculo de fusiles que lo rodea. Pero nadie tira. Y así transcurren segundos, minutos, años... y el tiro no llega. Cuando oye nuevamente el motor, cuando desaparece la luz, cuando sabe que se alejan, don Horacio empieza a respirar, despacio, despacio, como si estuviera aprendiendo a hacerlo por primera vez.»

¿Y si Walsh, en vez de escribir eso, hubiera escrito así: «Uno de los sobrevivientes de la masacre de Jose León Suárez le contó a este periodista que pudo salvarse gracias a que fingió estar muerto»? ¿Sentirían ustedes el jadeo metálico del miedo, podrían imaginar el olor a tierra, el empujón del vómito? Walsh no escribió lo que escribió para pavonearse de lo que podía hacer con el idioma. Escribió como escribió porque quería producir un efecto. Quería que, en la tranquilidad mullida de su sala, un lector se topara con esa realidad y que esa realidad le resultara insoportable. Que entendiera que habían sido hombres que una hora antes comían milanesas –y no héroes, y no martirizados por la patria– quienes poco después mordían el polvo y se meaban de miedo en un baldío de José León Suárez. Gente como yo, gente como ustedes. Gente común, en circunstancias absolutamente extraordinarias.

Y en ese arco que va de retratar gente común en circunstancias extraordinarias y gente extraordinaria en circunstancias comunes se ha construido buena parte del periodismo narrativo norte y latinoamericano.

Leila Guerriero / ¿Qué es el periodismo literario?


Casa de citas / Leila Guerriero / Paul Bowles

 



Leila Guerriero
PAUL BOWLES

Hace años leí un libro llamado El cielo protector en el que su autor, Paul Bowles, escribió la frase más aterradora que yo haya leído jamás. «La muerte –dice Paul Bowles– está siempre en camino, pero el hecho de que no sepamos cuándo llega parece suprimir la finitud de la vida. Lo que tanto odiamos es esa precisión terrible. Pero como no sabemos, llegamos a pensar que la vida es un pozo inagotable. Sin embargo, todas las cosas ocurren sólo un cierto número de veces, en realidad muy pocas. ¿Cuántas veces recordarás cierta tarde de tu infancia, una tarde que es parte tan entrañable de tu ser que no puedes concebir siquiera tu vida sin ella? Quizás cuatro o cinco veces más. Quizás ni eso. ¿Cuántas veces más mirarás salir la luna llena? Quizás veinte. Y, sin embargo, todo parece ilimitado.»

Yo siempre supe que me iba a morir, pero la frase de Paul Bowles me hizo entender que tengo mis días contados. ¿Cuántas veces más viajaré a España; cuántas veces más estaré en Santander; cuántas veces más recordaré esta tarde? Quizás dos veces más. Quizás ni siquiera eso. Y, sin embargo, todo parece ilimitado.

Leila Guerriero / ¿Qué es el periodismo literario?



lunes, 7 de noviembre de 2022

Casa de citas / Peter Straub / Elmore Leonard

 

Elmore Leonard


¿QUÉ ES LO PEOR QUE SE HA DICHO O ESCRITO SOBRE TU TRABAJO?

Peter Straub:

Eso es fácil. En 1979, Elmore Leonard dijo en una reseña de GHOST STORY, publicada en el Detroit Free Press, que era "bombo y platillo, no ficción". Estuve resentido con Elmore Leonard durante años. Pero finalmente lo superé, y cuando leí sus libros me di cuenta de que tenía derecho a decir lo que se le ocurriera sobre mí. En mayo de 2004, me presenté a Elmore Leonard en la boda de un amigo común. Era la primera vez que nos veíamos. Una expresión extraña cruzó su rostro y me hizo un gesto para que me apartara. Me dijo: "Sabes, te debo una disculpa desde hace 25 años. No sé por qué fui tan estúpido. Creo que debo haber estado bebiendo". Le dije que le había perdonado hace años y apoyé mi frente en su hombro.


Elmore Leonar


WHAT’S THE WORST THING ANYONE’S EVER SAID OR WRITTEN ABOUT YOUR WORK?
Peter Straub:That’s easy. In 1979, Elmore Leonard said in a review of GHOST STORY, published in the Detroit Free Press, that it was “hype, not fiction.” I resented Elmore Leonard for years. Then I finally got over it, and when I read his books I realized that he was entitled to say whatever came into his mind about me. In May, 2004, I introduced myself to Elmore Leonard at a wedding of a mutual friend. It was the first time we’d ever met. A strange expression crossed his face, and he motioned me aside. He said, “You know, I’ve owed you an apology for 25 years. I don’t know why I was so stupid. I think I must have been drinking.” I told him that I’d forgiven him years ago, and then I rested my forehead on his shoulder.

FAQ by Peter Straub



Casa de citas / Peter Straub / Mi libro favorito



DE TODOS LOS LIBROS QUE HA ESCRITO, ¿CUÁL ES SU FAVORITO?

Peter Straub

Cuando la gente me pide que recomiende un libro, suelo nombrar MYSTERY, porque es accesible y fácil de leer. Sería una buena introducción a mi obra. Pero mi favorito probablemente sea KOKO. Fue un libro muy difícil de escribir, pero en algún momento de la mitad vi que había elevado mi nivel de juego y sentí que había alcanzado un nuevo nivel. Tal vez esta sensación era ilusoria, pero nunca he querido sentir que trabajaba a un nivel inferior al que tenía en KOKO.



OF ALL THE BOOKS YOU’VE WRITTEN, WHICH IS YOUR FAVORITE?
Peter StraubWhen people ask me to recommend a book, I usually name MYSTERY, because its both accessible and reader-friendly. It would be a nice introduction to my work. But my favorite probably has to be KOKO. It was a very difficult book to write, but somewhere in the middle I saw that I had raised my game and felt as though I had reached a new level. Maybe this feeling was delusory, but I’ve never wanted to feel as though I was working at a lower level than I was in KOKO.

FAQ by Peter Straub






Casa de citas / Peter Straub / Stephen King



Stephen King

 

Peter Straub

STEPHEN KING

El Sr. King, Steve, Stevie, es un ser humano extraordinario. Dentro de su piel viven muchas personas, y todas ellas son brillantes, divertidas, obsesionadas, devotas, sensibles y trabajadoras. Es un tipo que ama a su familia como se supone que debes amar a tu familia. Le admiro enormemente.


Stephen King


STEPHEN KING

by Peter Straub

Mr. King, Steve, Stevie, is an extraordinary human being. A great many people live inside his skin, and all of them are bright, funny, obsessed, devoted, sensitive, and hard-working. This is a guy who loves his family the way you’re supposed to love your family. I admire him enormously.


FAQ by Peter Straub



domingo, 6 de noviembre de 2022

Casa de citas / Borges y sábato / Conversación


Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato

CONVERSACIÓN 
ENTRE JORGE LUIS BORGES Y ERNESTO SÁBATO

Sábato: Perdone pero me quedé tocado por esa frase que usted citó. Recordemos las cosas feroces que se hicieron en nombre del Evangelio. Y las atrocidades que hizo Stalin en nombre del Manifiesto Comunista.

Borges: ¡Qué extraño! Nada de eso ha ocurrido con el Budismo.

Sábato: (Con tono escéptico) Pero dígame, Borges, ¿a usted le interesa el budismo en serio? Quiero decir como religión. ¿O sólo le importa como fenómeno literario?

Borges: Me parece ligeramente menos imposible que el cristianismo (ríen). Bueno, quizá crea en el Karma. Ahora, que haya cielo e infierno, eso no.

Sábato: En todo caso, si existen, deben ser dos establecimientos con una población muy inesperada. (Por un instante las risas se confunden con las palabras. Los dos se divierten.) ¿Y que opina de Dios, Borges?

Borges: (Solemnemente irónico) ¡Es la máxima creación de la literatura fantástica! Lo que imaginaron Wells, Kafka o Poe no es nada comparado con lo que imaginó la teología. La idea de un ser perfecto, omnipotente, todopoderoso es realmente fantástica.

Sábato: Sí, pero podría ser un Dios imperfecto. Un Dios que no pueda manejar bien el asunto, que no haya podido impedir los terremotos. O un Dios que se duerme y tiene pesadillas o accesos de locura: serían las pestes, las catástrofes.

Borges: O nosotros. (Se ríen.) No sé si fue Bernard Shaw que dijo: God is in the making, es decir: "Dios está haciéndose".

Sábato: Es un poco la idea de Strindberg, la idea de un Dios histórico. De todas maneras las cosas malas no prueban la inexistencia de Dios, ni siquiera la de un Dios perfecto. Usted acaba de insinuar que cree más bien en los budistas. Si un niño muere, de modo aparentemente injusto, puede ser que esté pagando la culpa de una vida anterior. También es posible que no entendamos los designios divinos, (que pertenecen a un mundo transfinito), mediante nuestra mentalidad hecha para un universo finito.

Borges: Eso coincide con los últimos capítulos del libro de Job.

Sábato: Pero dígame, Borges, si no cree en Dios ¿por qué escribe tantas historias teológicas?

Borges: Es que creo en la teología como literatura fantástica. Es la perfección del género.


sábado, 5 de noviembre de 2022

Casa de citas / Borges / Sobre la tauromaquia


Jorge Luis Borges
SOBRE LA TAUROMAQUIA

La tauromaquia es una de las formas vigentes de la barbarie. En cuanto a la figura del torero, creo que es esencialmente un cobarde. Un hombre que con todo un aparato racional de estrategias, entrenamientos, armas, estocadas practicadas, clases y mucho estudio premeditado, se mide frente un animal pasmado por la sorpresa, por la ansiedad; un animal que no tiene otro recurso que los reflejos de su instinto primario. Bajo esa disparidad podemos medir el valor de los toreros. La valentía verdadera no soporta desniveles tan abusivos. Por eso para mí los toreros no son valientes, sino más bien bufones; los bufones de la valentía.


viernes, 4 de noviembre de 2022

Triunfo Arciniegas / Diario / Cama

 


Árbol y gatos

Mío, Nino y libros

Lámparas, gatos y libros

Gatos con libros

Nino y Mío

Nino y parte de Mío

Triunfo Arciniegas
CAMA
3 de noviembre de 2022

Hace como diez años, asaltado por el optimismo, compré una cama king size con su respectivo colchón y las sábanas. Como no había una puerta lo suficientemente alta tuve que dejar todo en un garaje ajeno, hasta que le hice un cuarto propio en el tercer piso de mi casa. Las puertas tienen más o menos uno con ochenta de alto por uno de ancho. Rara vez alcanzan la altura de los dos metros indispensables para este colchón.

Hace unos catorce años sembré ese árbol que se puede ver a través de la ventana. Al frente de la cama he colgado un chinchorro. Ahí leo y, en las pausas, contemplo el árbol, más alto que la misma casa,

Esta mañana por fin armé la cama pero falta con quién. Por ahora retozan los gatos. Entre la cama y el chinchorro, dejé un enorme, pesado y centenario baúl húngaro que mi hermano Rubén recuperó con su habitual destreza. A un lado de la cama, la nueva biblioteca: británicos y escritores que se expresan en inglés pero que no son norteamericanos. Coetzee y Conrad, por ejemplo. A los gringos, tan numerosos, tan geniales, les armé rancho aparte en este mismo tercer piso, en una habitación más pequeña. En la parte superior de la biblioteca, escritores buenísimos de diversas lenguas. Ya veremos qué pasa. En el segundo piso siguen los franceses y los italianos, los españoles y los brasileños, los libros de pintura y fotografía, los diccionarios, las mujeres y los poetas, la literatura infantil, Shakespeare, el teatro, la poesía, las revistas, entre otras hierbas. Son como doce mil libros regados por toda la casa. Ya veremos. Al otro de la cama, que no se aprecia en ninguna de las fotografías, empiezo a armar otra biblioteca. Tampoco hay fotografías del piso. Me hicieron un mal trabajo. Las baldosas se soltaron después del segundo mes y cuando llueve aparece una humedad.

En fin, lo que importa, lo que más importa es que me entusiasmé tanto, me pareció tan bonita esta habitación que me acosté a escribir de inmediato, en el celular, como acostumbro ahora. Me acordé de un letrero que leí en la entrada de un cementerio en São Paolo, cerca del hotel donde pasé un cumpleaños, unos días después de la locura del carnaval de Rio de Janeiro: "Lotes en promoción". Con esa idea armé el texto, "Temporada", que puede leerse en Mester de brevería. Salgo de la depresión y entro a la fatalidad. Días difíciles. A los problemas personales y la familia que se desbarata, se suma la miserable y angustiosa situación del país. El dólar por las nubes y el país de culo pal estanque. Un Petro arrogante que no le contesta el celular ni a los que lo pusieron en el cargo, una ministra que no sabe dónde putas está parada, la gasolina con otro precio cada mes y una vicepresidente que cobraba el auxilio del Estado de unos cuantos pesitos y ahora hace fiestas de cincuenta y dos millones de pesos.

Va lenta la biblioteca. Entre otras cosas, el carpintero demoró diecisiete meses para entregarme las tablas.

Los obreros entraron el colchón con lazos desde la calle, por el hueco de la ventana. Luego se instalaron los marcos de metal y los vidrios, y ya no hay manera de sacar el colchón.

Va lenta la biblioteca y todavía más la cama. Compré vajilla y cubiertos de lujo entonces. Las lámparas también son nuevas. Las mesitas no Alguna vez tuve la locura de montar hogar con la que creí la mujer de mi vida, pero los dioses finalmente se opusieron. Encontré la vajilla hace unos meses, en la caja original. Ese día compré una olla preciosa, preparé un sancocho y supe que el dolor se había ido.

jueves, 3 de noviembre de 2022

Fundación Letras Mexicanas / Premio hispanoamericano de poesía

Ilustración de Arnold Lobel


FUNDACIÓN LETRAS MEXICANAS

Riqueza plástica, métrica y sonora

TRINARES: EL SENTIDO GOZOSO DE LA CREACIÓN

Felipe Munita Jordán, Premio hispanoamericano de poesía para la infancia 2022

Por Trinares, el chileno Felipe Munita Jordán obtuvo por unanimidad el decimonoveno Premio hispanoamericano de poesía para la infancia

Para las integrantes del jurado, Coral Bracho, Norma Muñoz Ledo y Blanca Luz Pulido, _Trinares_ acerca a la infancia “al disfrute de la riqueza plástica, métrica y sonora de la poesía versificada”; y es una invitación “a seguir muy de cerca el proceso imaginativo y el sentido gozoso de su creación”.

Felipe Munita Jordán (1979), licenciado en letras y doctor en didáctica de la lengua y de la literatura, profesor universitario, es autor de libros y artículos científicos y divulgativos sobre mediación de la lectura, educación literaria y poesía para la infancia y la juventud. También escribió el poemario _Diez pájaros en mi ventana_.  

Concursaron 179 libros provenientes de países como Argentina, Costa Rica, Cuba, Colombia, Chile, España, Estados Unidos, Perú y México. Como todos los años, el libro ganador será editado por el Fondo de Cultura Económica.

Los libros premiados gozan de excelente recepción y circulación. Los derechos de varios han sido vendidos en España, Brasil y Estados Unidos.  

Entre las ganadoras recientes del premio, se cuentan la peruana Micaela Chirif, la cubana Elizabeth Reinosa Aliaga, la mexicana Evelyn Moreno, y la chilena María José Ferrada.




miércoles, 2 de noviembre de 2022

Casa de citas / Hebe Uhart / Sobre el taller

 


Hebe Uhart
SOBRE EL TALLER

1

No se enseña a escribir. Yo no enseño a escribir. Lo que les enseño entre lo que pueden estar haciendo y el esfuerzo que necesitarían hacer para escribir. El trabajo de un escritor es consigo mismo. No se logra por ósmosis. La gente es muy cholula, cree que se logra todo por ósmosis, por estar cerca de alguien. Lo lindo y bueno es raro. Lo que pasa es que es un oficio. Hay momentos de placer, de duda, de trabajo. No puede ser todo placer. Vos te casás y no es todo placer. Una vez estaba en una terapia de grupo y uno dijo algo que me quedó: “Si se trabaja en todas las áreas, para el amor también”.

La actividad de escribir tiene algo de actividad oculta, de brujo, uno hace cosas con las letras en el papel. Los indios, en un libro muy lindo, llamaban a un chico que sabía leer y escribir “el chico que conversaba con el papel”. Eso es muy lindo. Como cualquier oficio tiene todas sus partes. El que escribe tiene que darse cuenta de eso.

En la facultad nos juntábamos a tomar algo y hablábamos mucho, de todo. Eso se perdió, y es muy importante para la formación de los jóvenes. Se aprenden muchas cosas.

2

Muchas veces en el taller propongo escribir sobre la propia infancia, aunque por lo general hay una idealización de la infancia. Alicia Steimberg decía: “yo no les creo a esos que me dicen que tuvieron una infancia feliz”. Los chicos pueden aburrirse soberanamente, pero el que escribe, ya mayor y a lo lejos, no recuerda ese aburrimiento, o lo niega.

3

Si hago un texto mal hecho o una silla de tres patas o una mesa sin terminar, demuestro falta de interés o apuro por publicar.

4

Una alumna dijo “escribí una hoja y me cansé”. Un artesano nunca diría “hice una silla de tres patas y me cansé”. Las cosas se hacen y se terminan.

5

La mayoría de los errores de los que empiezan a escribir son por impaciencia, por querer terminar, por no detenerse en los detalles

6

Los chicos arman cosas y quieren ver rápido el resultado; el escritor no debe caer en ese pensamiento mágico, el interés debe concentrarse en el proceso. Un deseo no desarrollado en un niño causa una pataleta. En el grande, el deseo va aminorando con el tiempo, hay menos urgencias: te vas desapasionando. Nietzsche decía que cuando se anula la manifestación del deseo, finalmente se anula el deseo

7

Una chica en un taller de Córdoba escribía desde la necesidad, desde lo que le faltaba. Pero así, si uno escribe desde lo que le falta, le va a salir mal. Uno tiene que escribir desde lo que le sobra. Tampoco hay que dar demasiadas explicaciones al escribir. ¿Acaso uno da explicaciones por todo en la vida?

8

me parece que los escritores o los aspirantes a tales deben evitar los lugares comunes de los escritores, que hay muchos. Uno es que no podrían vivir sin escribir. Podría ser, pero es impúdico decirlo. Otro es llamar hijos a los libros. Otro es el terror de la página en blanco. Otro el de que los bestsellers no pueden ser buenos. Otro es llamar por el nombre de pila a un escritor conocido por todos pero que no conocen, usando una familiaridad cholula. Otro lugar común, que no sé si todavía está de moda, es ponerle a los personajes nombres y apellidos de colegas y escritores, como un guiño para elegidos, como si los que fueran a leer tuvieran que estar en la pomada.

9

Se va escribiendo de a poco, así como uno va viviendo de a poco lo que a uno le pasa. No debo apurarme ni tener ansiedad, sólo debo preocuparme en escribir, como decía Isak Dinesen, “un poco cada día, sin esperanza y sin desesperación”.

10

El taller es un estímulo, no es otra cosa. Yo he tenido de todo y nunca escribí una crónica de mis talleres

11

El siglo XIX es el siglo de la carta. Una carta tardaba quince días en llegar a destino y el estado de ánimo se mantenía más tiempo estable, mucho más que en nuestra época, cuando estamos acostumbrados a la comunicación vertiginosa. También era el mundo de los jardines hermosos, que no son espacios para atravesar o trasponer sino para detenerse, para meditar y reflexionar. En comparación con esas personas del siglo XIX que vivían en otro tiempo y paseaban por otros espacios, hoy cambiamos mucho más rápido, sin apenas posibilidad de conectarnos con nosotros mismos y sin transiciones.

12

El oficio de escribir es similar al de la vida. Tengo que darme tiempo, esperarme, reconocer cuándo un cuento es para mí y cuándo no. Cada uno tiene que saber dónde le aprieta el zapato. El trabajo del escritor no es tanto el trabajo de escribir sino todo el proceso de ideación previo. Si se escribe a la mañana o a la tarde, eso no importa tanto. Si estoy perezosa y dejo para mañana, no sirve. No hacer más de lo que yo puedo hacer me da una imagen más baja de mí misma. Esto sirve para cualquier trabajo que haga. Yo, por ejemplo, me quiero más cuando soy diligente, cuando no me achancho

13

Un alumno del taller escribió sobre su abuelo: “lo veo podando el cerco”. Esa es una visión idealizada y sentimental del abuelo y el apego no sirve para escribir. ¿Cómo, de qué manera podaba el cerco el abuelo? “Mi madre amasaba el pan cada día” es otra generalidad, hay millones de madres que han amasado el pan, pero ¿de qué forma?, ¿qué olores yo percibía cada día?, ¿de qué manera particular amasaba mi madre el pan? Siempre debo ir a lo particular para escribir14

14

Lo primero que tiene que saber el que va a escribir es cuál es su meta, con qué material se debe meter o puede meterse. Cada uno debe saber cuáles son sus limitaciones, decirse: no me puedo meter con este material, porque no lo puedo manejar. No todos los materiales son para mí. Yo debo saber que un tema me va a convocar y que se va a imponer sobre todos los demás. Es como elegir cualquier otra actividad de la vida. Como con un vestido: puede gustarme, pero yo sé que no me va a quedar bien. O como cuando voy a un restaurante, hay de todo pero tengo que elegir lo que a mí me gusta o lo que deseo comer o lo que puedo pagar del menú

15

Hay una pregunta de lo más curiosa: ¿Desde cuándo se siente escritor? Como si ser escritor fuera producto de una iluminación divina. No se nace escritor, se nace bebé.


martes, 1 de noviembre de 2022

Casa de citas / Hebe Uhart / Paradiso




Hebe Uhart
PARADISO

Cuando mis abuelos italianos se despidieron de la familia antes de partir hacia América, mi bisabuela les dijo, en el puerto de Génova: "Ci vediamo nel paradiso". Eran otras épocas, la gente no viajaba tanto, los viajes eran para toda la vida y los inmigrantes se despedían para siempre.



 





Casa de citas / Hebe Uhart / Sin ganas

Hebe Uhart


Hebe Uhart
SIN GANAS

A lo mejor es cierto que las cosas están mal, que todo va a ser peor, pero no tengo ganas de saberlo ni de dejar mi vida para prestarle atención a eso.

Hebe Uhart / El aprendizaje como estilo




Casa de citas / Hebe Uhart / Un raro equilibrio



Hebe Uhart


Hebe Uhart
UN RARO EQUILIBRIO

Siempre me manejé en la vida en una especie de raro equilibrio. No fui pobre ni rica. Fui y no fui desmedida. No es la pasión de mi vida la desmesura. Prefiero lo constante a lo turbulento. Nada de volcanes breves. La permanencia me es más placentera. Después de años de análisis he comprobado que Descartes es para mí una buena terapia. Antes lo eran las traducciones de latín, de Cicerón por ejemplo.

Hebe Uhart / El aprendizaje como estilo