lunes, 2 de noviembre de 2026

Una foto / Mujer rapada, de Robert Capa

 


UNA MUJER RAPADA

Una mujer de 23 años caminaba por las calles de Francia con su bebé de tres meses en brazos. Le habían rapado la cabeza y marcado una esvástica en la frente. A su alrededor, una multitud la insultaba mientras un fotógrafo registraba la escena. Era el 16 de agosto de 1944 y la ciudad de Chartres acababa de ser liberada de la ocupación alemana.

La mujer se llamaba Simone Touseau. La fotografía fue tomada por Robert Capa, uno de los corresponsales de guerra más conocidos del siglo XX, y terminaría convirtiéndose en una de las imágenes más representativas de la liberación de Francia.

Pero detrás de aquella escena había una historia bastante más complicada de lo que sugería la fotografía.

Durante la ocupación alemana, Simone había trabajado como secretaria e intérprete para las autoridades militares. Allí conoció a Erich Göz, un soldado alemán encargado de una biblioteca militar, con quien mantuvo una relación sentimental.

De aquella relación nació Catherine, el 23 de mayo de 1944. Su padre había muerto en el frente oriental pocas semanas antes de que su madre fuera exhibida públicamente por las calles de Chartres.

Simone también había manifestado abiertamente sus simpatías por el nazismo y se había afiliado al Partido Popular Francés, una organización colaboracionista dirigida por Jacques Doriot.

Cuando las tropas alemanas comenzaron a retirarse y los Aliados recuperaron territorio francés, estalló una oleada de represalias contra las personas acusadas de colaborar con los ocupantes.

Las mujeres sufrieron una forma particular de castigo: les rapaban la cabeza, las señalaban públicamente y las obligaban a desfilar entre insultos. Se calcula que unas 20.000 fueron sometidas a esta humillación entre 1943 y 1946.

Muchas fueron castigadas por haber mantenido relaciones con soldados alemanes, aunque las investigaciones históricas indican que aproximadamente la mitad de las mujeres rapadas ni siquiera había tenido una relación íntima con un ocupante.

En Chartres, Simone fue una de las once mujeres sometidas a aquel castigo. Su madre, Germaine, también fue rapada. Robert Capa fotografió a ambas mientras regresaban por las calles, rodeadas de vecinos que observaban la procesión.

La historia de Simone no terminó aquel día.

Semanas después fue detenida junto a su madre. Las acusaron de haber denunciado a cinco vecinos ante las autoridades alemanas, quienes terminaron deportados a un campo de concentración. Dos de ellos murieron.

La acusación era extremadamente grave, pero después de una larga investigación judicial, las autoridades francesas determinaron en noviembre de 1946 que no existían pruebas suficientes para condenarlas por aquellas denuncias.

Ambas recuperaron la libertad.

Simone todavía tuvo que responder por su colaboración política. En marzo de 1947 fue condenada a diez años de indignidad nacional, una sanción que implicaba la pérdida de determinados derechos civiles y políticos.

Abandonó Chartres, intentó reconstruir su vida y murió en 1966, a los 44 años.

Su fotografía, entretanto, había recorrido el mundo.

Durante décadas fue presentada principalmente como la historia de una mujer humillada por enamorarse de un soldado alemán. Las investigaciones posteriores revelaron sus simpatías nazis, su militancia colaboracionista y una acusación de delación que nunca pudo demostrarse.

El castigo público quedó registrado por la cámara de Robert Capa aquel 16 de agosto de 1944. La investigación judicial sobre sus responsabilidades se prolongó durante más de dos años.

FACEBOOK



No hay comentarios: