miércoles, 3 de junio de 2026

Fidel Castro / El asalto a la propiedad privada

 




Fidel Castro
EL ASALTO A LA PROPIEDAD PRIVADA

En 1960, Fidel Castro ejecutó el mayor asalto a la propiedad privada en la historia del hemisferio. Bajo el lema de la "nacionalización", miles de empresas, bancos y activos productivos fueron arrebatados a sus legítimos dueños. Lo que el régimen vendió como un acto de justicia heroica, terminó siendo una hipoteca eterna que hoy, seis décadas después, Cuba sigue sin poder pagar. Confiscar fue un acto de fuerza; compensar ha resultado una misión imposible para un sistema quebrado. 

El castrismo no solo robó, sino que intentó darle un barniz de legalidad a la rapiña. La Ley 851 prometía compensaciones mediante bonos a largo plazo, pero con una condición cínica: el pago dependía de que Estados Unidos comprara cuotas masivas de azúcar. Era un chantaje disfrazado de finanzas. Estados Unidos, lógicamente, rechazó este esquema, y lo que pudo ser una negociación se convirtió en un conflicto estructural que dio origen a lo que hoy conocemos como el embargo. 

Las deudas no desaparecen por decreto. La Foreign Claims Settlement Commission certificó miles de casos con valores económicos reconocidos que hoy ascienden a miles de millones de dólares. Con la Ley Helms-Burton, estas reclamaciones se convirtieron en un muro legal insuperable: no habrá normalización real ni inversiones seguras en la isla mientras no se resuelva el despojo de 1960. Cuba ha logrado pactar migajas con países como España o Francia, pero el "plato fuerte" con los americanos sigue ahí, recordándole al régimen que el derecho a la propiedad es sagrado. 

Últimamente han circulado rumores sobre supuestas ofertas de Cuba para compensar a Estados Unidos, especialmente tras el deshielo de la era Obama. Sin embargo, no existe ni un solo documento oficial o declaración pública que lo confirme. Son meras conjeturas basadas en la desesperación de un régimen que necesita desesperadamente crédito internacional. Entre lo que el Partido desearía hacer para sobrevivir y lo que legalmente puede ofrecer, hay un abismo de insolvencia.

Confiscar fue un acto inmediato que destruyó el tejido productivo del país en meses. Resolver las consecuencias ha tomado más de sesenta años y la cuenta sigue corriendo. La historia nos enseña que una nación que no respeta la propiedad de ayer, no puede garantizar la prosperidad de mañana. Mientras los expedientes de las expropiaciones sigan acumulando polvo y juicios en Washington, Cuba seguirá siendo un paria económico. Algunas decisiones no terminan cuando se ejecutan, sino cuando se pagan... y el castrismo se quedó sin cambio hace mucho tiempo.








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