El deseo de cambiar / Hombres, masculinidad y amor
Bellaterra, 2021.
![]() |
| Gustavo Petro |
Triunfo Arciniegas
MALPARIDEZ VIl
1
Fábula colombiana para el 7 de agosto: se va el cerdo y llega el zorro. El cerdo se va porque así es la ley, pero no espere que el zorro haga lo mismo en cuatro años. Algo se inventará por el camino para quedarse en el sillón del poder. Además, terminará comiéndose sus gallinas.
2
Fábula colombiana para el 7 de agosto: se va el cerdo y llega el lobo disfrazado de oveja amorosa. El cerdo se va porque así es la ley. Pero el lobo no. Arroja la piel de oveja y hace la ley que le permita perpetuarse en el poder. El lobo hace lo que le da la puta gana.
No sobra advertir que el cerdo no se lo come a usted. Usted se come al cerdo. Pero el lobo sí se lo come a usted.
Después del lobo afuera, no vale Santa Lucía.
![]() |
| Tatiana Nevo en Buritica |
Tatiana Nevo
CUANDO TENÍA FAMILIA
6 de julio de 2022
Hoy, mientras pensaba como iba decorar la instalación de la activación - porque me vale verga el render- me senté en la playa y recordé mi último escenario de vida, de hace 3 meses, cuando tenía "Familia"...mi "familia secreta".
Recordé ese último momento tan harto y de mierda en un restaurante pequeño italiano al que nos metimos por hambre y la lluvia en el parkway.
Mi hijo de tan solo dos años hacia berrinche por un pastel de la mesa de al lado y mi amado refunfuñaba por la carta y la comida y defendía a mi hijo que tampoco quería estar ahí - los dos dándose Cova y así no se trata un bebé y como se amaron, el infierno...- mi amado y no paraba de repetir que fuéramos para su casa que el hacía pasta que le iba quedar mejor, mi hijo no paraba de llorar y de pedir un pastel y los perros no se quedaban quietos y velaban y mi amado los regañaba pero éramos la "familia indeseada" para todos los comensales, solo nos miraban. Yo cerré los ojos un momento y me dije: "que rico mandar a estos cuatro en un avión a Estambul y estar en la playa escuchando b52, ni un fin de semana en paz o hasta cubriendo una historia en Afganistán".
Obvio peleamos y a mal...mucho estrés. La mesera me trajo servilleta para que YO me secara la lágrimas. Ya me habían sacado la piedra. Tanto que mi amado se fue con los perros y yo me fui con mi hijo en un taxi, y mi hijo que el tío Juan y Tauro ( el perro) ...¡No tragamos! ¡Pelea extrema! Seguimos peleando por Whatsapp, me tocó comprar una patineta de 100 mil pesos en el aeropuerto para que dejara de llorar por Tauro hasta que nos dijimos lo peor y desde ese día, a las 24 horas ocurrieron las tragedias, y me quedé sola, bronceándome sola el culo en la playa porque por ninguno podía hacer nada y no podía perder la cabeza.
Si pudiera devolver el tiempo a ese mento los besaría y abrazaría a toditos los cuatro, hasta al chandoso ese como caca de loco y les diría cuánto los amo y los extraño y necesito con el alma; con babas, popó, loza sucia, gritos y berrinches.
Solo dolor disfrazado de vacaciones.
Y se me vino esa canción de Coldplay... scientist y en nombre de mi familia secreta hice el mejor montaje ever que he hecho en mi vida...
![]() |
| Leïla Slimani |
Si quieres escribir una novela, la primera norma es saber decir no. No, no iré a tomar esa copa. No, no puedo cuidar de mi sobrino enfermo. No, no estoy libre para una comida, una entrevista, dar un paseo, ir al cine. Hay que saber decir no tantas veces que al final las invitaciones escasean, el teléfono deja de sonar y hasta lamentas recibir por correo electrónico solo mensajes publicitarios. Decir no conlleva que te consideren una misántropa, una arrogante, enfermizamente solitaria. Que alces a tu alrededor un muro de rechazo contra el cual se estrellarán todas las ofertas. Eso me dijo mi editor cuando empecé a escribir novelas. Eso leía en los ensayos sobre literatura, desde Roth a Stevenson, pasando por Hemingway, quien lo resumía de manera simple y anodina: “los mayores enemigos de un escritor son el teléfono y las visitas”. Y añadía que, de todos modos, una vez que adquieres la disciplina, y la literatura se ha convertido en el centro, el núcleo y el único horizonte de tu vida, la soledad se impone. “Los amigos mueren o desaparecen, hartos quizá de nuestros rechazos”.
Mamá murió una semana después de tomarnos esta foto. Pasó los últimos venticinco años de su vida peleando contra un cáncer al que vencía cada seis años. Un día cualquiera me pidió acompañarla a una notaría para firmar el documento de "morir con dignidad". El cancer habia regresado y ella decidió no realizarse una quimioterapia más. En la notaría traté de disuadirla con frases como "te quieres morir y yo estoy limpiando el arma", me consolaba diciendo que había que abrir campo para que vinieran más personas. Acariciaba mi cabeza y secaba mis lágrimas mientras repetía mi nombre. De la notaría salimos directo al oncólogo. Ella quiso contarle su decisión. Cuando llegamos el doctor la miró aterrado y le dijo: "Estas viva por los avances de la medicina. Si no te haces la quimio te vas a morir". A lo que ella respondió con la suavidad de siempre:
-Usted también, doctor.
Algunas palabras manoseadas
entraron en estado de coma.
La palabra rosa
ocultó sus pétalos
entre un seto
de ortigas y yerbajos.
La palabra luna
se escondió
tras los tanques
de asbesto en las terrazas
y de unos señores
que fingen
atrapar sueños
con una red
de cazar mariposas.
Agobiadas
por centurias de necios
algunas palabras
lograron huir de la jauría
y ponerse a buen recaudo
en casa de un hombre mudo.
Muchas se niegan
a ser exhibidas
como botines de guerra.
Esta noche vi pasar
la palabra amor:
huía de sermones y baladas.
Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada .
Ni un rayo de luna
filtrado me haya.
Ni una margarita
se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
tú me quieres blanca,
tú me quieres alba.
Tú que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.
Tú que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
Tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.
Tú que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡me pretendes alba!
Huye hacia los bosques,
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua:
Habla con los pájaros
y lévate al alba.
Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.
![]() |
| Juan Carlos Onetti |
Juan Carlos Onetti
UN SOLO CAMINO
Hay solo un camino. El que hubo siempre. Que el creador de verdad tenga la fuerza de vivir solitario y mire dentro suyo. Que comprenda que no tenemos huellas para seguir, que el camino habrá de hacérselo cada uno, tenaz y alegremente, cortando la sombra del monte y los árboles enanos.
![]() |
| Carl Sagan |
Cuando mi esposo murió, como era tan famoso y conocido por no ser creyente, mucha gente venía a mí (aún pasa, a veces) y me preguntaba si Carl (Sagan) cambió de idea al final y se convirtió a una creencia en el más allá. También me preguntan con frecuencia si creo que lo veré de nuevo. Carl enfrentó su muerte con un coraje incansable y nunca buscó refugio en ilusiones. La tragedia era que sabíamos que no volveríamos a vernos. No espero reunirme nunca con Carl. Pero lo grandioso es que cuando estuvimos juntos, por casi veinte años, vivimos con una intensa valoración de lo breve y preciosa que es la vida. Nunca trivializamos el significado de la muerte fingiendo que no era una despedida definitiva. Cada momento particular en que estuvimos vivos y estuvimos juntos fue milagroso, pero no milagroso en el sentido de inexplicable o sobrenatural... Que el puro azar pudiera ser tan generoso y tan amable... Que pudiéramos encontrarnos el uno al otro, como escribió Carl tan bellamente en Cosmos, "en la vastedad del espacio y en la inmensidad del tiempo"... Que pudiéramos estar juntos durante veinte años. Eso es algo que me sostiene y es mucho más significativo. La forma en que me trató y yo lo traté a él, la forma en que nos cuidamos el uno al otro y a nuestra familia, mientras vivió. Eso es algo mucho más importante que la idea de que lo veré algún día. No creo que vuelva a ver nunca a Carl. Pero lo vi. Nos vimos el uno al otro. Nos encontramos el uno al otro en el cosmos, y eso fue maravilloso.
No es lo mismo “recorrí sólo los bares” (es decir, ningún otro tipo de establecimiento) que “recorrí solo los bares" (es decir, sin compañía de un nadie). La tilde eliminada por la Academia evitaba la confusión entre el adverbio y el adjetivo. Como adverbio y con tilde, en el primer caso, equivale a solamente. En fin, los médicos también se mueren.
Ayer leí un memento con un ejemplo más contundente:
Señores de la RAE:
No es lo mismo “tuve sexo sólo una hora” que “tuve sexo solo una hora”.
Los académicos se caerán de culo si alguna vez les llega el mensaje. Temo que les corresponde el segundo caso. Se merecen el adjetivo. Al fin y al cabo, fueron ellos quienes eliminaron la tilde. Mientras con una mano se encargan de las tildes, con la otra ya saben qué.
![]() |
| Nino 2022 |
El arte no es, como dice Stendhal, una promesa de felicidad: es la felicidad.
La facultad de crear es irracional.
Escribir es una larga paciencia.
El arte arde o no es.
El que explica se rebaja. Por eso todos los críticos son pequeños.
![]() |
| Ernest Hemingway |
Gabriel García Márquez
HEMINGWAY
Lo reconocí de pronto, paseando con su esposa, Mary WeIsh, por el bulevar de Saint Michel, en París, un día de la lluviosa primavera de 1957. Caminaba por la acera opuesta en dirección del jardín de Luxemburgo, y llevaba unos pantalones de vaquero muy usados, una camisa de cuadros escoceses y una gorra de pelotero...me puse las manos en bocina, como Tarzán en la selva, y grité de una acera a la otra: «Maeeeestro». Ernest Hemingway comprendió que no podía haber otro maestro entre la muchedumbre de estudiantes, y se volvió con la mano en alto, y me gritó en castellano con una voz un tanto pueril: «Adioooos, amigo». Fue la única vez que lo vi.
.
![]() |
| Gabriel García Márquez |
Es una historia de los tiempos en que pasaba penurias, cuando todavía no había logrado vivir con solvencia de sus regalías como escritor.
Mis dos hijos, Rodrigo y Gonzalo le tienen temor a mis premoniciones. Un día en el comedor, después de haber peleado en la mañana palabra por palabra, se me ocurrió decirles que un día llegaría a la casa y tocaría la puerta un señor grande y mayor con una maleta negra en sus manos. Y que esa maleta negra estaría llena de billetes, y que con ese dinero les podría comprar todos los regalos del mundo, y que creyeran en el cuento porque si no creían no llegaría el señor de la maleta negra, pero que si creían, el señor de la maleta negra llegaría un día la casa, tocaría a la puerta, y entonces…
Cuando terminé Cien años de soledad, las cosas empezaron a cambiar. Nos marchamos a Barcelona. La editorial sudamericana (de Argentina), lanzó una primera edición de 10,000 ejemplares que se agotaron en la primera semana.
Un día me llamó un señor y me dijo que era el representante de la editorial que había comprado mis derechos, que tenía instrucciones de entregarme las primeras regalías, pero que no los podía dar en cheque sino en efectivo, que si deseaba me las podía consignar en la cuenta bancaria.
Entonces pensé: "¡Ahí está! Este es el señor de la maleta negra".
-Mire señor: le agradezco su llamada y su ofrecimiento. Si no tiene inconveniente, porque yo no tengo cuenta bancaria todavía, le pido el favor de que compre una maleta negra, meta el dinero allí y me lo traiga a tal dirección mañana después de las tres de la tarde, cuando los chicos hayan regresado del colegio.
A las 3:30 de la tarde estábamos todos, Mercedes, Rodrigo, Gonzalo y yo, almorzando en la casa.
Suena el timbre. Les pido a mis dos hijos que abran la puerta, y les digo que estoy seguro de que ese es, por fin, el señor de la maleta negra.
-Fue la locura. Al abrirla, los billetes no cabían, se desparramaban, jamás habíamos visto tantos billetes juntos.
Los hijos no se recuperaban de su asombro ni de tanta alegría.
-Hoy cuando les digo que va pasar tal cosa tiemblan. Están seguros de que así sucederá.
Hay un momento en que todos los obstáculos se derrumban, todos los conflictos se apartan, y a uno se le ocurren cosas que no había soñado, y entonces no hay en la vida nada mejor que escribir. Eso yo lo llamaría inspiración.