viernes, 24 de julio de 2026

Benjamín Prado / Ángel González



Benjamín Prado
ÁNGEL GONZÁLEZ

Echo muchísimo de menos cuando estoy en Rota a Ángel González, nuestro poeta querido. Nos lo llevábamos a la playa y decía: “En bañador estamos ridículos todos, salvo los que tienen quince años”. Y tenía razón (risas)… Llegábamos allí y todas mis vecinas, que llevan cuidándome veinticinco años, también cuidaban de él. Eran lectoras suyas, le llevaban libros para que se los firmase, estaban pendientes de él... Y allí estaba Ángel, sentado en una hamaca, con un langostino de Sanlúcar en una mano y una manzanilla en rama en la otra, diciendo: “Esto no es una playa, esto es el Palace”.

Era el mejor. El más silencioso y, al mismo tiempo, el más divertido. Un poeta absolutamente descomunal. Nunca he conocido a una persona más humilde ni que escuchara con todo el cuerpo, como escuchaba él. Tenía una mezcla de magia y de melancolía permanente. Una melancolía irónica, si es que eso existe. Eso era Ángel. Muchas veces se quedaba unos días en casa de Luis [García Montero] y Almudena [Grandes] y, cuando empezaba a pensar que podía molestar, yo le decía: “Ángel, si crees que molestas, te vienes conmigo”. Y se venía a mi casa otra temporada. Siempre digo que el verbo más bonito del diccionario es cuidar. Nosotros nos hemos cuidado mucho unos a otros. Eso también ha significado sufrir muchas pérdidas y echar de menos a mucha gente, pero así es la vida.







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