Stephen Dunn
HISTORIA
Una mujer pasea al atardecer
por Chestnut, una calle sin acera donde
las casas con caminos de grava
se encuentran apartadas entre los pinos. Solo la casa
del perro agresivo está cerca de la carretera.
Una cerca eléctrica lo mantiene a raya.
Cuando llega a esa casa, la mujer
siempre cruza al otro lado.
Soy el marido de la mujer. Es un problema
querer demasiado a tu protagonista.
Pronto el perro va a atravesar
la valla, mostrando los dientes, y atacará a mi mujer.
Ella estará indefensa. Yo estoy fuera de la ciudad,
también indefenso. Ahí viene el perro.
¿Qué clase de perro? Un perro rabioso, un perro
como esos adolescentes que pierden el control
en el patio de recreo y matan a un profesor.
Va a ocurrir algo que no puede pasar
en una buena historia: de repente, un coche
atropella al perro. El perro sale
volando y cae en la hierba.
Mi esposa está llorando. La mujer que atropelló
al perro se ha bajado del coche. Se cubre
la cara con las manos. La dueña
del perro ha salido corriendo de su casa. Tres mujeres
llorando en la calle, cada una por un motivo diferente.
Todo esto es tan improbable; es como si
me encontrara en un país de hechos puros,
a kilómetros del reino más exigente de la verdad.
Cuando escuché la historia de mi esposa por teléfono,
supe que la aceptaría, la contaría
de mil maneras hasta que tuviera un orden
y un punto final engañoso. Eso es lo que
siempre hago ante la impotencia:
hacer arreglos si puedo.
¡Bendito sea el mundo, tan peculiar y fortuito!
Nada de lo que yo hubiera imaginado
habría podido detener a ese perro.
Solo los hechos la salvaron.
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