viernes, 17 de julio de 2026

Stephen Dunn / Historia

 

Stephen Dunn

HISTORIA

Una mujer pasea al atardecer 
por Chestnut, una calle sin acera donde 
las casas con caminos de grava 
se encuentran apartadas entre los pinos. Solo la casa 
del perro agresivo está cerca de la carretera. 
Una cerca eléctrica lo mantiene a raya. 
Cuando llega a esa casa, la mujer 
siempre cruza al otro lado.

Soy el marido de la mujer. Es un problema 
querer demasiado a tu protagonista. 
Pronto el perro va a atravesar 
la valla, mostrando los dientes, y atacará a mi mujer. 
Ella estará indefensa. Yo estoy fuera de la ciudad, 
también indefenso. Ahí viene el perro. 
¿Qué clase de perro? Un perro rabioso, un perro 
como esos adolescentes que pierden el control 
en el patio de recreo y matan a un profesor.

Va a ocurrir algo que no puede pasar 
en una buena historia: de repente, un coche 
atropella al perro. El perro sale 
volando y cae en la hierba. 
Mi esposa está llorando. La mujer que atropelló 
al perro se ha bajado del coche. Se cubre 
la cara con las manos. La dueña 
del perro ha salido corriendo de su casa. Tres mujeres 
llorando en la calle, cada una por un motivo diferente.

Todo esto es tan improbable; es como si 
me encontrara en un país de hechos puros, 
a kilómetros del reino más exigente de la verdad. 
Cuando escuché la historia de mi esposa por teléfono, 
supe que la aceptaría, la contaría 
de mil maneras hasta que tuviera un orden 
y un punto final engañoso. Eso es lo que 
siempre hago ante la impotencia: 
hacer arreglos si puedo.

¡Bendito sea el mundo, tan peculiar y fortuito! 
Nada de lo que yo hubiera imaginado 
habría podido detener a ese perro.
Solo los hechos la salvaron.


No hay comentarios: