Rock Hudson y una joven Sharon Stone posan en el set de su película. Sus miradas, aparentemente casuales, guardan una historia profunda que, al conocerla, transforma por completo la forma en que se observa esa imagen.
Rock Hudson y una joven Sharon Stone posan en el set de su película. Sus miradas, aparentemente casuales, guardan una historia profunda que, al conocerla, transforma por completo la forma en que se observa esa imagen.
El maestro y Margarita, la gran obra del escritor soviético Mijaíl Bulgákov (Kiev, 1891 – Moscú, 1940), publicada originalmente en 1966, veintiséis años después de la muerte de su autor, y recuperada ahora para su catálogo, con una nueva traducción al español a cargo de Raquel Marqués García, por la editorial DeBolsillo. En parte relectura del Fausto de Goethe, en parte una aproximación fabulosa y fiera a la realidad política de la primera década del estalinismo, El maestro y Margarita se sostiene como una de las grandes obras de la imaginación del siglo XX, tan militante como llena de desvíos, hechizos y misterios.
6 de septiembre de 2025
Será imposible que exista una fotografía donde aparezcamos los hermanos que seguíamos viviendo a principios de 2020.
Ésta fue tomada durante la presentación de mi libro Manantial de carcajadas, en marzo de 2019.
Mino asistió al evento también pero se esfumó sigilosamente, ignorando que nos tomaríamos una foto. En realidad ni yo lo sabía. Creo que los 4 que estuvimos en esa reunión nunca volveremos a encontrarnos. Y los cinco, menos (falta Martín, el mayor, que vive lejos).
Ese día fue curioso, tuve la sospecha de que perdimos un momento único para que quedara un registro gráfico de los 4 hermanos. Y lamentablemente así fue.
Lupe ya no está con nosotros. Y Martín, dudo que aparezca en una imagen junto a los tres que quedamos en la ciudad.
Somos una bocanada de humo que tarde o temprano disipará el viento. Lo único que podemos aprehender durante unos minutos son los recuerdos, y las palabras, hechas del mismo material inasible que el viento.
Por favor absténgase de mandar promesas de reencuentros en la vida eterna, bendiciones y demás subterfugios contra esta terrible y ordinaria certeza: al final del día sólo quedará de nosotros un montículo de ceniza o de silencio.
El Presidente infla de nanera inverisímil las cifras de las negocios para justificar el despilfarro de un pabellón en la feria del futuro de Osaka que nos cuesta a los colombianos 8 millones de dólares, aparte de su propio viaje. Ya sabemos que es un absoluto despilfarrador y que cuando sale del país se pierde en extraños parajes para dar rienda suelta a sus pasiones.
Nos importaría un pepino si los extravíos no los pagaran nuestros impuestos y si no tuviera al país al borde de otra infame reforma tributaria.
En las pésomas fotos se aprecia su lamentable estado. Con la mirada perdida y ya despelucado, Petro ni siquiera luce el ridículo peinado con que acompaño la pinta turquesa que tanto nos recordó a Juan Gabriel.
6 de septiembre de 2025
MILLONES DE VISITANTES O EL MENTIROSO MÁS IMBÉCIL DEL MUNDO
Petro dice que al pabellón de Colombia en la Feria del Futuro de Osaka han entrado 1300 millones de personas. Tantos millones ni siquiera caben en Osaka. ¿Cómo putas se acomodan en una feria? ¿Y en un pabellón? Mil trescientos millones. Sólo le hizo falta agregar que saludó de mano y abrazo a todos. O tan solo a unos mil millones. Cierto: los japoneses evitan el contacto físico. Pero mil millones de venias se verían bien.
Uno se pregunta de dónde sacaron los marranos. ¿Del Tolima o del mismo Japón? ¿Cuándo prepararon tantísimas lechonas? ¿Viajaron en primer clase?
Según Petro, el pabellón de Colombia en Osaka vendió diez millones de toneladas de lechona, una cifra que equivale a diez mil millones de kilos de carne. Si se traduce esa cifra en porciones de 250 gramos —lo que pesa un plato estándar— el resultado sería 40.000 millones de raciones, es decir, cinco veces más que la población mundial. Datos claves de Infobae.
Cinco veces la población mundial pasó a comer lechona en el pabellón de Colombia. Es decir, toda la humanidad y como 32.000 millones de extraterrestre.
¿Habrá un imbécil que se crea semejante cuento?
Hace dos o tres años estaba leyendo en el Park Way, esa zona tan bonita de Bogotá. Una mañana luminosa. Un venezolano sucio y con pinta de gay pobre se acercó a pedirme dinero y, como no le di nada, se alejó diciendo: “Este país es una mierda”.
De acuerdo. Hay cosas que no se discuten. Así nos vemos y así somos. No me trago el pinche cuento del país de la belleza o ese otro, todavía peor y más fantoche, “potencia mundial de la vida”.
Pero entonces no me agunté y le grité, herido, al pobre marica: “Nadie le pidió que viniera”.
Y seguí leyendo.
Don Domingo, taxista y vecino, estaba en el patio un domigo en la tarde del mes pasado. Muy tranquilo. De pronto se cayó y se partió el femur. El problema es que tiene más de ochenta.
“Le cayeron diez años encima”, dice su esposa. Y me hace el resumen de todos los afanes que ha vivido en estas cuatro semanas.
No quiero ni pensarlo.
Nos despedimos bajo la lluvia. No hubo tiempo para enseñarle mi bolsa de remedios. Pierna quebrada mata lumbago.
Idi Amin Dada
Su régimen se convirtió en un reinado de terror. Más de 300.000 ugandeses fueron asesinados, víctimas de purgas, venganzas y caprichos. Nadie estaba a salvo: opositores, periodistas, líderes religiosos, incluso miembros de su propio círculo cercano. La Oficina de Investigación del Estado, su temida policía secreta, convirtió la tortura y las ejecuciones en rutina.
En 1972, Amin tomó una de sus decisiones más fatales: expulsó a la comunidad asiática del país, unas 60.000 personas que eran el motor económico de Uganda. En cuestión de meses, los comercios quebraron, las fábricas se detuvieron y la economía colapsó.
Amin se autoproclamaba “Conquistador del Imperio Británico en África” y alardeaba de títulos extravagantes, pero su gobierno era un pozo de violencia y corrupción. En 1978, su ambición lo llevó a invadir Tanzania. Fue un error: las tropas tanzanas contraatacaron, tomaron Kampala y lo expulsaron del poder en 1979.
El “Carnicero de Uganda” huyó primero a Libia y después a Arabia Saudita, donde vivió tranquilamente hasta su muerte en 2003, protegido por la sombra del olvido.
Su figura es hoy un recordatorio brutal: cuando el poder carece de límites, se convierte en un arma que devora primero a un país y después a su propio portador.
FACEBOOK / DATOS HISTÓRICOS
SIBORA GAGANI
Y MARCO GAIO ROMEO
Sibora Gagani tenía 22 años, era de origen albanés y también ciudadana italiana. En 2014 se mudó a Torremolinos, España, para vivir con su pareja, Marco Gaio Romeo. Al principio, todo parecía ir bien, pero con el tiempo, la relación se fue apagando, así que ella decidió terminarla.
El 7 de julio de 2014, Sibora fue al piso que compartían para recoger sus cosas y, según su familia, para hablar con él por última vez. Pero después de ese día, misteriosamente, nadie volvió a saber de ella. Pasaron las horas, luego los días, y como no contestaba llamadas ni mensajes, su familia denunció su desaparición. Cuando le preguntaron a Marco por la joven, este dijo que no sabía nada, y sin pistas claras, el caso quedó en el olvido.
Así pasaron nueve años… hasta que en mayo de 2023, Marco fue detenido por un asunto distinto con otra mujer. Durante el interrogatorio, vio una foto de Sibora en un car'tel y, por alguna razón, confesó haberla matado durante una discusión y que la había ocultado en el mismo apartamento donde vivieron. '
Con esta información, la policía registró el lugar y, con ayuda de equipos especiales, encontraron un espacio sellado entre dos paredes. Dentro había una caja de madera con pertenencias y restos. Las pruebas de ADN confirmaron que se trataba de Sibora.
Marco insiste en que no fue algo planeado, pero su versión no ha convencido a todos. Después de casi una década, su familia al fin supo dónde estaba. Un hallazgo que cerró una larga espera, pero que también dejó una historia que difícilmente podrán olvidar.
DATOS PERTURBADOS / FACEBOOK
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| Ilustración de Häri Ren |
Volverá a las calles dentro de siete años, apenas veintiañero, y seguirá ejerciendo su oficio.