EL EJÉRCTO INVISIBLE
Lo que debería ser una escena de ciencia ficción ocurre cada anochecer en los océanos de la Tierra, y casi nadie lo sabe. La imagen, capturada por el fotógrafo David Liittschwager y la bióloga Karen Osborn en la bahía de Monterey, California, muestra un calamar de fresa recién capturado en una red de arrastre a 500 metros de profundidad. Su cuerpo brilla de un rojo rubí que, en la oscuridad absoluta de su hogar, se vuelve marrón negruzco, camuflándolo de depredadores. Sus ojos son una obra maestra de la evolución: uno, enorme y amarillo, mira hacia arriba para detectar siluetas; el otro, más pequeño y azul, escudriña las profundidades en busca de presas bioluminiscentes. Pero este calamar no es una rareza aislada; es solo uno de los billones de seres que habitan la zona mesopelágica, el reino del crepúsculo, una franja oceánica que comienza donde la fotosíntesis se vuelve imposible y se extiende hasta los mil metros de profundidad. Es el ecosistema más grande y menos conocido del planeta, y está en peligro mortal sin que apenas hayamos empezado a cartografiarlo.