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| Ilustración de Sellchi Terazono |
LOS AÑOS
Woody Allen y Diane Keaton (Annie Hall)
Yo creo que la vida está dividida en lo horrible y lo miserable. En esas dos categorías. Y lo horrible son los enfermos incurables, los ciegos, los lisiados... No se como pueden soportar la vida, me parece asombroso. Y los miserables somos todos los demás. Así que al pasar por la vida deberíamos dar gracias por ser miserables. Por tener la suerte de ser miserables.
FELINOS
El tigre es el felino más grande del mundo, superando a todos en peso y longitud corporal. El león, aunque ligeramente más pequeño en tamaño real, impone visualmente gracias a su melena, que lo hace parecer más grande y dominante. El jaguar es más bajo y compacto, pero extremadamente musculoso, con la mordida más poderosa entre los grandes felinos. El guepardo, aunque más liviano y esbelto, puede ser similar en altura al jaguar, destacándose no por fuerza sino por velocidad, siendo el animal terrestre más rápido del planeta.
NATURALEZA SALVAJE / FACEBOOK
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| Foto de Triunfo Arciniegas |
Son apenas seis historias pero todas difíciles de olvidar. Se leen con el corazón desbocado. Hay tanta desolación, tanta vejez, tanta soledad, que el libro podría titularse “Las cosas que nos hace la vida”.
La materia es extraña, casi inverosímil, pero la manera de contar de Samanta Schweblin las hace verdaderas, tanto como la vida misma. La vida no inventa, sucede. Nadie narra como Schweblin. Está mujer tiene un sello propio, una marca de origen. Diría que no cuenta con lectores sino con adictos, que se reconocen por la fiebre y la devoción.
“El buen mal” es sin duda uno de los mejores libros que he leído este año.
CECILIA GIMÉNEZ
Cecilia Giménez, quien dio a conocer al mundo al Ecce Homo de Borja, ha fallecido este lunes a los 94 años de edad en la residencia de esa localidad donde vivía. Cecilia, aficionada a la pintura, quiso restaurar el Ecce Hommo de su pueblo sin imaginar que su resultado lo haría mundialmente famoso y acabaría atrayendo a miles de visitantes hasta el santuario de la Misericordia de este pueblo zaragozano.
Desde disfraces hasta documentales y una ópera en Nueva York surgieron inspirados por este hecho, que acabó saliendo muy rentable al municipio, pero que también sumió en una depresión a la involuntaria artista abrumada por la reacción mundial de su obra.
ECCE HOMO
Ecce Homo de Borja: Un Error que se Convirtió en una Oportunidad.
En el pequeño pueblo de Borja, en la provincia de Zaragoza, España, se encontraba un fresco del pintor español Elías García Martínez, conocido como el "Ecce Homo". La pintura, que representaba a Jesús con la corona de espinas, había sido realizada en 1930 y se había convertido en un símbolo del pueblo.
En 2012, Cecilia Giménez, una pintora aficionada de 81 años, decidió restaurar el fresco, que se encontraba en un estado de deterioro. Sin embargo, lo que sucedió a continuación fue un desastre. Cecilia, sin experiencia en restauración, intentó limpiar la pintura con productos químicos y pinceles, pero terminó alterando la obra original de manera irreversible.
Lo que inicialmente se consideró un desastre, se convirtió en un fenómeno mediático internacional. La noticia del "Ecce Homo" restaurado se difundió por todo el mundo, y miles de personas comenzaron a visitar Borja para ver la pintura "destruida". El pueblo, que había estado en declive, se convirtió en un destino turístico popular.
El santuario de Misericordia, donde se encontraba la pintura, comenzó a cobrar entrada para ver el fresco restaurado, y se creó un centro de interpretación dedicado al Ecce Homo. El pueblo recibió un impulso económico significativo, y Cecilia se convirtió en una figura conocida y querida por la gente.
A pesar del escándalo inicial, Cecilia donó parte de sus ganancias a una organización benéfica para ayudar a personas con distrofia muscular, la enfermedad que padecía su hijo. Su gesto de generosidad y su determinación para hacer algo bueno de la situación, la convirtieron en un símbolo de la resiliencia y la creatividad.
Cecilia falleció el 29 de diciembre de 2025, a los 94 años, dejando un legado de generosidad y creatividad. Su historia es un ejemplo de cómo un "error" puede convertirse en una oportunidad para hacer algo bueno.
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| Toni |
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| Mío |
Cuando Cata murió, destrozada por los perros, me quedé con la única compañía de Mío. Luego llegó Nino, que desapareció mientras pasaba una temporada en casa de René y yo resolvía algunos pendientes en Bogotá. Conseguí dos gatos grises un tanto salvajes, muy hermosos, en la finca vecina de La Mancha. Nacieron en el monte, cerca de una mina de carbón, según me contaron. Los conseguí sin proponérmelo. Mi hermano Darío y yo fuimos a la finca de Genaro por un vaso de agua y terminamos trayendo el par de gatos. Pregunté por bromear si me vendían uno y la esposa de Genaro dijo que pedía llevarme ambos si quería. A su nieta, una niña de unos ocho años, le prometí unas acuarelas.
Dejé a Mío en casa de René para evitar conflictos. Los gatos grises estuvieron perdidos en mi casa un par de meses. Comían a escondidas y no tuvimos el acercamiento que esperaba. Uno prefirió la azotea y terminó desapareciendo. Tuvo que disputarse el territorio con otros gatos. De pronto se asustó, huyó y no encontró el camino de regreso. Supongo que así fue.
Me quedé con el otro, el más gris, que prefería el estudio y otros rincones seguros. Al final se pasó a la azotea y dejé de verlo. Rescaté a Mío de la casa de René y entonces apareció en la calle el gato más gris, que empecé a llamar Toni, pues en la finca los llamaban Tom y Jerry. En realidad, nunca pude diferenciarlos. Dejé la puerta entreabierta y Toni volvió a casa.
Sigue esquivo, pero hemos tenido acercamientos. Siempre aparece a la hora de la comida y no se espanta como antes. Entra al dormitorio y a veces se trepa a la cama. Pasa parte de la tarde en la ventana donde Mío toma el sol. Todavía no son amigos. A veces se gruñen.
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| Francis Bacon |

Al enterarme de la publicación de El buen mal (2005), pensaba en cuánto podría haber cambiado la escritura de Samanta Schweblin después de siete años. Al leer el inicio del primer cuento intuí que sería una experiencia entretenida, lo cual confirmé al terminarlo. En efecto, cada cuento supuso una experiencia de lectura distinta, pero tenían en común un halo de extrañamiento que se profundiza con lo dicho y lo no dicho. Sus cuentos nadan entre las mareas opuestas de lo real y lo fantástico. Es así que nos topamos con la ocurrencia de lo improbable, queriendo saber cómo se resolverán las acciones y las consecuencias de dicha experiencia. Mientras leemos nos cobijamos en un tipo de seguridad que se disuelve al término de cada relato, sin saber qué ocurrirá después.
Hoy me enteré de la muerte que alguien que fue amigo mío en mi adolescencia. Era un lector muy dedicado (caminaba con un libro abierto desde el trabajo hasta su casa, un trayecto de dos o tres kilómetros) y quería ser escritor. Tuvo una columna en un periódico de provincia y trabajó en una biblioteca. Nunca lo leí.
Nunca fuimos amigos de verdad.
Se fue a vivir a otra ciudad y fue un alivio.
Me escribió algunas veces y nunca le respondí.
Me molestaba su sentido del humor. Se reía de sus propios chistes malos. En realidad, no me interesaba nada suyo. Poco supe de su vida. Ahora leo que tuvo esposa y dejó dos hijos. Lo imaginaba más solo. Era una persona ridícula.
Murió hace más de un año y hasta ahora me entero. Un periódico de provincia habla de su muerte y menciona algunos libros suyos. Nada importante.
Me llevaba tres o cuatro años. Me pregunto si sabía que no logró sus sueños o si se conformaba con la radio local y el periódico. Supongo que todos nos preguntamos lo mismo. Todos o la mayoría, a cierta edad. Con pocas excepciones, somos inferiores a nuestros propios sueños.
Una noche escribí con pintura en una pared del barrio Viva Renata Morantes, festejando uno de mis personajes, la misma que muchos años después sería la protagonista de Dulce animal de compañía. “Yo la conozco”, dijo el amigo de la adolescencia mirando el letrero. No señalé ni comenté su mentira.
De los abuelos no hay ni rastro. Los padres, casi todos, murieron. Y ahora empezamos a morir nosotros. En la pandemia perdí tres conocidos. Tres tipos que no apreciaba. Luego murió un aprendiz de poeta que fue mi profesor. Nadie importante, aunque tuvo mucha suerte con las mujeres y un hogar feliz. Mal poeta, pero hombre afortunado. No se puede tenerlo todo. Nunca lo vi desesperado.