| James Salter |
martes, 18 de agosto de 2026
Un escritor / James Salter
Un libro / Todo lo que hay que saber, de James Salter
Lecciones de escritura
Se distingue a un verdadero maestro como James Salter en que carece de arrogancia. Muestra el deleite de ir aprendiendo, no la soberbia de saber
ANTONIO MUÑOZ MOLINA
9 MAR 2018 - 18:19 COT
Ampliar fotoLeyendo las conferencias sobre el arte de la ficción que James Salter dio en la Universidad de Virginia en 2014, uno no puede creerse que esas palabras hayan sido escritas y dichas por un hombre de 89 años. Y el motivo no es el grado de lucidez que muestran y la agudeza de sus observaciones, sino el aire de asombro y de tanteo que irradia de ellas, de entusiasmo a la vez sobrio y romántico hacia el oficio de escribir y las posibilidades de la literatura. Al filo de los 90 años, después de una vida entera en la que hizo casi de todo, desde escalar montañas a pilotar aviones de combate en la guerra de Corea, después de sobreponerse durante mucho tiempo a la oscuridad que envolvía su trabajo, al desánimo de la falta de reconocimiento, James Salter habla delante de los alumnos de la Universidad de Virginia con una especie de cautelosa inocencia. En sus palabras no hay rastro de esa insufrible seguridad con la que tantas veces los escritores, veteranos o no, predican ante el público voluntarioso y cautivo de las escuelas o másteres o talleres de escritura, haciendo creer a sus estudiantes que la literatura es una cofradía extremadamente restringida a la que ellos, los profesores, pertenecen, por una especie de derecho dinástico, o de privilegio congénito, y a la que pueden facilitar el acceso, no sin gran condescendencia, al aspirante que reúna las cualidades exigidas —siendo la más valiosa entre todas el sarcasmo arrogante de saberlo ya todo—.
lunes, 17 de agosto de 2026
Carl Watson / Algunas reflexiones aleatorias sobre libros

Algunas reflexiones aleatorias sobre libros
11 de agosto de 2026
El estatus de los libros en Estados Unidos hoy en día oscila entre la producción descontrolada y la irrelevancia. Probablemente se imprimen y publican más libros que nunca. La facilidad de la autopublicación, sumada a la ausencia de guardianes literarios, genera una avalancha de libros nuevos cada semana: poesía, memorias, ficción, opinión, etc. Basta con enviar el manuscrito a Amazon y ellos lo publicarán. ¡Felicidades! ¡Eres un autor publicado! A nadie le importará si es bueno o no, porque casi nadie le prestará atención.
domingo, 16 de agosto de 2026
Vicente Quirarte / Encuentro con la nieve
Vicente Quirarte
ENCUENTRO CON LA NIEVE
Nevó toda la noche y amanece
la tierra inmaculada.
Quién pudiera decir que bajo el manto
prepara su verdor la primavera.
Si la pureza existe,
qué semejante es a la nieve:
hoja blanca cedida por el mundo
para probar que nada permanece.
sábado, 15 de agosto de 2026
Un libro / El gran Gatsby, de Scott Fitzgerald

Una novela de ahora mismo
Un siglo después de su publicación, el tiempo ha confirmado la total modernidad de ‘El gran Gatsby’
Hay regalos que duran toda la vida. Cuando nos despedíamos al final del último curso en la universidad, un amigo me regaló una edición barata de El gran Gatsby, que traía en la portada una foto de Robert Redford en esmoquin, reclamo evidente por la película de mucho éxito basada en la novela. Con distraído esnobismo de universitario, adicto a las severidades de los cineclubs, yo no había hecho caso a la película, y la portada de la novela no me había llamado la menor atención, imaginando que sería una historia romántica de las que abundaban entonces, a la zaga del éxito de Love Story. No hay ignorancia que no sea despectiva. El gran Gatsby, cada vez que vuelvo a ella, me parece un modelo de esa perfección que se alcanza tantas veces en la música, y creo que con bastante menos frecuencia en la novela. El gran Gatsby apareció en el mismo año prodigioso en el que Virginia Woolf publicaba Mrs. Dalloway y John Dos Passos Manhattan Transfer, y un año después de nada menos que La montaña mágica, de Thomas Mann. Proust había muerto en 1922, pero los últimos volúmenes de En busca del tiempo perdido seguían editándose, y en ese mismo año la heroica y muy sufrida librera Sylvia Beach le había costeado a James Joyce la publicación de Ulises, que en algunos capítulos tiene concordancias misteriosas con Luces de bohemia, impresa en libro en 1924. El “Madrid absurdo, luminoso y hambriento” de nuestro Valle-Inclán se parece mucho en ciertos pasajes de esperpento y desgarro al Dublín de Joyce, por donde también deambulan un maestro y un discípulo tan beodos como Max Estrella y don Latino de Hispalis.
viernes, 14 de agosto de 2026
Gustavo Adolfo Garcés/ El premio
EL PREMIO
Tal vez algún día
a un grupo de poetas
jurado de algún concurso
le gusten mis poemas
y me den un premio
lo celebraré
con mi esposa y mi hija
y me emborracharé
con los amigos
los compañeros de oficina
se enterarán
de que escribo poesía
mi padre pensará
que es toda una efeméride
y se tomará unos aguardientes
especialmente sabrosos
Dios mío
no permitas que mi madre
ya se haya ido ese día
miércoles, 12 de agosto de 2026
Evelio Rosero / Lluvia de frailes en la selva
Evelio Rosero
Lluvia de frailes en la selva
1
Primero llegaron en barco.
Eran mil cuatrocientos noventa y dos frailes que se desperdigaron como sombras por la tierra, esparcieron el bautismo a diestra y siniestra y clavaron en el corazón de cada aldea la cruz como una estaca mortal —según cuenta en su Historia de las misiones el monje sevillano Augusto de Jesús Recto Pacífico, y todavía añade—: Estos frailes eran la inteligencia, la soterrada cabeza de otros miles de barbudos trepados en sus equinos que asaban indios y los freían, los empalaban y desollaban, los reventaban y crucificaban en nombre de Dios.
lunes, 10 de agosto de 2026
Ángel González / Todo amor es efímero
FUENTE DE LA IMAGÁngel González
Todo amor es efímero
Ninguna era tan bella como tú
durante aquel fugaz momento en que te amaba:
mi vida entera.
viernes, 7 de agosto de 2026
De amores y afinidades entre los escritores y los gatos
![]() |
| Colette |
De amores y afinidades entre los escritores y los gatos
Pla dejó escrito cuanto hay de esfíngico en los gatos al afirmar que “todo en el gato es dogma, seriedad y forma eterna”
IGNACIO PEYRÓ
1 de agosto de 2026
Siempre ha habido secretas simpatías entre los gatos, la soledad, los libros y el silencio. Los príncipes de este mundo se han hecho retratar con perros y caballos, mientras que el gato quedó para posar en el regazo bien acolchado de los cardenales. Es animal de interior, y todavía hoy una biblioteca será más biblioteca si un gato se pasea por entre los lomos de los libros con indiferencia de dama de bolero. Según Von Betchen, “el gato se parece a lo que los escritores querrían ser”: es decir, gentes independientes y caracteres sin sobresaltos. Y aún podríamos añadir: tanto a los escritores como a los gatos les gusta el mismo tipo de vida, sofá orejero por el día; escapada y aventura al caer la noche.
jueves, 6 de agosto de 2026
Un libro / En diciembre llegaban las brisas, de Marvel Moreno

En diciembre llegaban las brisas, de Marvel Moreno
En la novela En diciembre llegaban las brisas (Alfaguara). Marvel Moreno rompe con las figuras femeninas del universo mítico y narra una realidad que va desde las vidas privadas de los barranquilleros hasta una condición de la humanidad entera. Este libro contiene múltiples voces que se tejen alrededor de las contradicciones del mundo femenino, en un universo narrativo que combate tanto las ataduras de una vida burguesa y tradicional como sus formas de representación.
domingo, 2 de agosto de 2026
La Sarajevo de Enkil Bilal
LA SARAJEVO DE ENKI BILAL ![]() VOLVER DEL FUTURO |
Es yugoslavo y fue, junto a Moebius y Philippe Druillet, uno de los nombres más importantes del renacimiento de la historieta francesa hacia fines de los setenta. Ahora, después de abandonar la historieta para poner los cuadros en movimiento probando suerte en el cine, Enki Bilal está de vuelta. Con El sueño del monstruo, un comic ambientado en la Sarajevo del 2030, y protagonizado por un hombre que intenta recordar cómo fue su vida desde el día que nació en plena guerra. |
jueves, 30 de julio de 2026
Antonio Caballero / El asno de oro
EL ASNO DE ORO
Que se peleen Plinio Apuleyo Mendoza y D'Artagnan es sorprendente: son idénticos. Igual de lambones, igual de arribistas, igual de cínicos. Hasta la foto de sesudos pensadores con que los dos adornan sus columnas de prensa respectivas es igual. Si existe alguna diferencia entre ambos es que D'Artagnan no sabe escribir, y Plinio sí. (O al menos sabía: a juzgar por el capítulo publicado en la prensa de su última novela ha resuelto dejar que su prosa naufrague en la cursilería.) Sabe escribir, o sabía, pero no sabe leer. Lo digo porque en una columna reciente de esta revista habla de mí, y me pasman las deducciones que saca de lo que escribo: no ha entendido una palabra. Así, nunca me he "estremecido de horror" leyendo las zalamerías de Plinio a los poderosos: a lo sumo me da un repeluzno de asco. Así, nunca he tenido "gusto sospechoso" por el jerez, que más bien me produce dolor de cabeza, ni por los calamares en su tinta, que por lo visto constituyen para él el colmo de la exquisitez, o quizás del precio. No me "horroriza la chusma maloliente", entre otras cosas porque hay gente que huele peor, incluso por escrito, como el propio Plinio. No "me crispa" Castro: al revés, lo considero el político más importante que ha dado América en este siglo (aunque no escribiría a su sueldo, como hizo Plinio en Prensa Latina). No soy "enemigo irreductible" de la corbata (aunque tampoco me avergüenzo de no usarla, como él, que en su foto disfraza la ausencia de corbata con la mano de sesudo pensador); ni de los militares (aunque no viva, como él, lamiéndoles las botas); ni de los señores que se sientan en los clubes (aunque no los considere, como él, "arquetipos del privilegiado", ni, como él, les tenga envidia). Sólo soy enemigo del espíritu de club, del espíritu militar, y del espíritu encorbatado, que son tres formas de cerrazón del espíritu. No grito "viva la paz" como un inocente pajarillo: me limito a explicar por qué la guerra que Plinio canta es a la vez criminal y suicida, y además se está perdiendo: todos la estamos perdiendo. Y en cuanto a lo de haberme quedado con las ideas que tenía a los 20 años, no me parece mal. Lo que es malo es cambiar de ideas cada cuatrienio, como hace Plinio al viento cambiante de sus anhelos diplomáticos.
En cuanto a lo del apellido Holguín: en primer lugar, no es el único que llevo. Tengo además el de Caballero, y 20 más. No figuran entre ellos ni el de Chusacá ni el de Tibocha, pero si figuraran no "me sentiría mejor", ni tampoco peor: no me parecen grotescos ni vergonzosos, como a Plinio, que en su arribismo los considera así sólo porque pertenecen a una raza vencida. (Aunque también le parece ridículo el de "un señor Bromberg", que suena a victoriosa raza aria o a pueblo elegido de Jehová: en su ciego racismo Plinio no se orienta ni por el oído.) Pero, sobre todo, se equivoca creyendo que "no me perdono a mí mismo llevar a cuestas el apellido Holguín". No lo llevo "a cuestas", sino con orgullo. Porque considero que el apellido Holguín es un honor y una responsabilidad; y no, como supone Plinio en su mezquindad, un pase de favor para ir a almorzar al Jockey.
Porque me parece un individuo mezquino, racista, arribista, criminal, lambón, venal, maloliente, de mal gusto en materia de comida y bebida, lector incompetente y escritor cursi, cuando Plinio trate de hacerse socio del Jockey Club yo le echaré bola negra.
Un comentario final sobre el tema de los apellidos. En el extranjero, donde no saben quién es Plinio tan bien como lo sabemos en Colombia, la gente siempre piensa al conocerlo que su apellido es Apuleyo. "Monsieur Apuleyó", lo llaman en París, y "signore Apuleyo" en Roma, al azar de su profusa vida diplomática. Ya lo de 'Plinio' les parece suficientemente estrambótico, y no pueden creer que por añadidura sus padres hubieran llevado la crueldad hasta el extremo de ponerle lo de 'Apuleyo'. Pero no fue por crueldad, sino por precaución. Es que sus pobres padres, al echarle la vista encima a la cara del recién nacido, intuyeron cómo se iba a volver cuando grande el angelito; y quisieron darle ese segundo nombre de escritor romano para que, leyéndolo, Plinio descubriera que el antídoto contra la maldición de haberse metamorfoseado en una repulsiva alimaña es la receta que da Apuleyo en su novela El asno de oro: comer rosas. Pero Plinio no sabe leer. Y además no le gustan las rosas.
miércoles, 29 de julio de 2026
Un libro | El limonero real, de Juan José Saer
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| Juan José Saer |
El limonero real
Juan José Saer
Desde que murió su hijo, Wenceslao también tiene que aprender a vivir sin su mujer. Toda la familia, excepto ella ―que no tiene nombre―, se reúne para celebrar el último día del año: una fiesta que dura todo el día y concluye con la cena de un cordero asado.
martes, 28 de julio de 2026
Jaime Bayly / Me arrepiento profundamente de haber ido a la final del Mundial
Jaime Bayly
Me arrepiento profundamente de haber ido a la final del Mundial
Me arrepiento profundamente de haber asistido a la final del mundial de fútbol en un estadio en las afueras de Nueva York. Fue una pésima decisión, una de las peores que he tomado. Gasté una fortuna absurda para sufrir de una manera absurda. Lo pasé fatal antes, durante y después del partido. No volveré a la cancha para ver fútbol.
viernes, 24 de julio de 2026
Benjamín Prado / Ángel González

Benjamín Prado
ÁNGEL GONZÁLEZ
Echo muchísimo de menos cuando estoy en Rota a Ángel González, nuestro poeta querido. Nos lo llevábamos a la playa y decía: “En bañador estamos ridículos todos, salvo los que tienen quince años”. Y tenía razón (risas)… Llegábamos allí y todas mis vecinas, que llevan cuidándome veinticinco años, también cuidaban de él. Eran lectoras suyas, le llevaban libros para que se los firmase, estaban pendientes de él... Y allí estaba Ángel, sentado en una hamaca, con un langostino de Sanlúcar en una mano y una manzanilla en rama en la otra, diciendo: “Esto no es una playa, esto es el Palace”.
Era el mejor. El más silencioso y, al mismo tiempo, el más divertido. Un poeta absolutamente descomunal. Nunca he conocido a una persona más humilde ni que escuchara con todo el cuerpo, como escuchaba él. Tenía una mezcla de magia y de melancolía permanente. Una melancolía irónica, si es que eso existe. Eso era Ángel. Muchas veces se quedaba unos días en casa de Luis [García Montero] y Almudena [Grandes] y, cuando empezaba a pensar que podía molestar, yo le decía: “Ángel, si crees que molestas, te vienes conmigo”. Y se venía a mi casa otra temporada. Siempre digo que el verbo más bonito del diccionario es cuidar. Nosotros nos hemos cuidado mucho unos a otros. Eso también ha significado sufrir muchas pérdidas y echar de menos a mucha gente, pero así es la vida.
ESQUIRE






