FIDEL CASTRO Y LAS PALOMAS
Aquella noche de enero, Fidel Castro hablaba desde una tribuna improvisada en Marianao. El aire estaba cargado de una euforia mesiánica. De pronto, tres palomas blancas fueron liberadas; una de ellas revoloteó y se posó suavemente sobre el hombro del "Máximo Líder". La multitud, sumida en un trance colectivo, creyó presenciar un milagro: el Espíritu Santo para unos, Obatalá para otros, ungía al guerrillero. Pero detrás de la magia había un entrenamiento riguroso. Las aves habían sido condicionadas durante semanas para buscar alimento sobre los hombros de Castro; aquel día, la paloma no buscaba la paz, buscaba el grano que le habían enseñado a encontrar allí.

















