viernes, 21 de agosto de 2026

Un pintor / Willem de Kooning


Elaine and Willem de Kooning

Antonio Muñoz Molina

De Kooning, talento y desastre


EL PAÍS 3 DIC 2011
Willem de Kooning tenía una idea proletaria del oficio de pintor. Era hijo de la dueña de una taberna de Rotterdam a la que acudían trabajadores del puerto. Emigró a Estados Unidos como polizón en un barco de carga cuando tenía 22 años y entre los muchos trabajos que hizo para salir de la penumbra estuvo el de pintor de brocha gorda. Tenía una complexión poderosa de obrero, la talla corta, el pecho y los brazos musculosos, las manos grandes y fuertes. Durante una gran parte de su vida fue tan pobre que él mismo se fabricaba los pocos muebles que necesitaba en su casa, buscando maderas en almacenes baratos o en solares de derribos. Cuando le faltaba dinero hasta para comprar lienzos pintaba sobre cartón o sobre planchas de aglomerado. Cuando no podía ni costearse tubos de óleo pintaba con esmalte. Trabajaba ensimismado durante jornadas que podían durar el día entero y parte de la noche y cuando se daba un descanso acudía a la Cedar Tavern de University Place con los zapatos y los pantalones salpicados de pintura. Algunos de sus efectos visuales más potentes los logró usando brochas de pintor de paredes y abarcando la anchura del lienzo con todo el brazo extendido: pintando no con la mano, ni con la muñeca, sino con el brío de todo el cuerpo.

Un pintor / Toulouse-Lautrec


Yvette_Guilbert_Gants_noirs
Henri de Toulouse-Lautrec


Toulouse-Lautrec

Las mujeres miradas

Antonio Muñoz Molina
13 de noviembre de 1996


Reconocemos la modernidad inmediata de Toulouse-Lautrec en el desasosiego de caligrafía urgente que tienen siempre sus trazos, en la prisa por captar cuanto antes lo que un segundo después ya no será igual. Pinta como si dibujara, con la instantaneidad de los calígrafos japoneses, y anuncia muy anticipadamente los gestos de velocidad y audacia de Robert Motherwell o de Jackson Pollock. Pinta y dibuja lo que ve, lo que ama, lo que está descubriendo y espiando, la sustancia misma de la vida moderna, como quería Baudelaire, pero a la vez pinta; igual que los expresionistas, el acto y el gesto de pintar, las destrezas y las incertidumbres de la mano, la sucesión de parpadeos rápidos y de fulminantes decisiones que constituyen la materia de su oficio. Parece que pinta o dibuja en cualquier circunstancia, en el palco de un teatro, en el salón de un prostíbulo, en un circo, entre las mesas de un café, y que lo hace con lo primero que encuentra a mano, que muchas veces en un trozo cuadrado de cartón. No sólo vemos con los ojos, también tocamos con ellos, tocamos la textura rica y vulgar del cartón, la materialidad grumosa de los lápices, vemos el escorzo o el perfil de una cara que estarán siempre como inacabadas, y, por lo tanto, siempre haciéndose delante de nosotros.Esa mujer de espaldas, pelirroja, con el pelo impetuoso y recogido en un moño, con un pañuelo al cuello, pintada y dibujada a la vez sobre un cartón, con óleo diluido en trementina para que las pinceladas sean más rápidas y con un lápiz rojo, tiene ahora mismo una poesía de provisionalidad y de presente idéntica a la que debió de tener cuando la mano y la mirada de Toulouse-Lautrec se apresuraban para retratarla. El cartón es de mala calidad, áspero, más bien sucio, incluso tiene, en la parte superior derecha, un oscurecimiento que será de humedad: da lo mismo, esa materia tan innoble, por comparación con el lienzo, transforma su misma vulgaridad en un atributo de la obra de arte, se convierte en una parte necesaria de ella, como el mármol de una escultura de Rodin o de Miguel Ángel.

jueves, 20 de agosto de 2026

Un pintor / Picasso / El minotauro y la doncella

Escena báquica con Minotauro (18 de mayo de 1933),
de Pablo Picasso, perteneciente a la 
Suite Vollard.

Pablo Picasso

El Minotauro y la doncella

ANTONIO MUÑOZ MOLINA 28 MAR 2009

El mito, decía Pavese, es contar algo de una vez para siempre: contar un cuento muchas veces y que nunca se agote su misterio, contarlo a través de los siglos y que sea siempre una revelación y al mismo tiempo un enigma. Después de ver la Suite Vollard de Picasso en las nuevas salas de la Fundación Mapfre en el paseo de Recoletos he buscado la historia del Minotauro en un diccionario de mitología griega, en las Metamorfosis de Ovidio, en ese relato de Borges que se titula La casa de Asterión. El Minotauro de Picasso tiene un cuerpo de hombre fornido pero ya no joven y un cabezón ciclópeo más de bisonte que de toro, aunque su destino sea morir en la luz cruel de la plaza y no en las tinieblas del laberinto. Para que una claridad excesiva no dañe el papel en el que están impresas, las estampas se ven en una sala casi en penumbra. Viniendo del fulgor de la calle, el lugar ya tiene algo de galería de un laberinto, sobre todo si es una hora temprana en un día laboral y no hay más visitantes.
Picasso ya no despierta la misma reverencia incondicional y abrumada de antes, lo cual sin duda es una ventaja a la hora de distinguir, en su obra innumerable, la parte más sólida, la que en vez de diluirse o desacreditarse se afirma con el paso del tiempo. Hay algo literalmente monstruoso en una fama excesiva: monstruoso porque desbarata la figura humana de un artista, volviéndolo tan superior a las figuras y los logros de los demás que hace de ellos insectos o simples adoradores; y monstruoso también porque al aislarlo a él, al elevarlo insensatamente, lo convierte en un monstruo, una criatura deforme y misántropa que se alimenta del tributo de la adoración y nunca tiene bastante, que sólo tolera la cercanía de personas serviles a las que sin embargo desprecia, condenado por su misma soberbia y por la sumisión de los demás a una soledad terrorífica. La idea del artista genial, un invento del romanticismo exagerado hasta el delirio en la época de las celebridades globales, cada vez me produce más desconfianza. Nadie merece tanta admiración. Nadie está tan por encima de sus contemporáneos ni de sus semejantes. El talento, como cualquier capacidad humana, es siempre limitado, y está bien que sea así; y también, como cualquier otra capacidad que se desarrolla mucho, tiende al desequilibrio: se es muy bueno en el razonamiento matemático a costa de un cierto grado de indiferencia hacia la vida cotidiana y las cosas tangibles; llegar a ser un sabio en un campo de conocimiento por fuerza significa ser ignorante en casi todos los demás.

Un pintor / Picasso / Patología del genio


Françoise Gilot y Picasso en 1952 



Pablo Picasso
BIOGRAFÍA
Patología del genio

Picasso, dice Richardson en sus memorias, “necesitaba desesperadamente admiradores que alimentaran su ego voraz”


El rey Midas del arte del siglo XXI es el galerista Larry Gagosian. Debe de ganar tantos miles de millones vendiendo tiburones en formol de Damien Hirst a estafadores financieros y traficantes de petróleo y de otras sustancias aún más lucrativas que tiene suntuosas sucursales de su galería en casi todas las zonas más caras de la Tierra: en Madison Avenue, en Beverly Hills, en Ginebra, en Londres, en París, en Hong Kong. Los tiburones en formol, los becerros chapados en oro, los cuadritos de lunares y los estantes farmacéuticos de Hirst son tan rentables para el galerista Gagosian como las aspiradoras en vitrinas de cristal y las panteras rosas y perritos de porcelana de Jeff Koons. El mapa mundial de sus galerías se corresponde fielmente con el del flujo de los capitales especulativos.

miércoles, 19 de agosto de 2026

Un escritor / Onetti me marcó desde siempre

Juan Carlos Onetti

Antonio Muñoz Molina
"ME MARCÓ DESDE SIEMPRE"
Por Juana Libedinsky

Dicen que cuando Faulkner murió, en su pueblo natal de Oxford, Mississippi, en el profundo Sur americano, las vidrieras de los negocios pusieron un cartel que decía: "En memoria de William Faulkner este negocio estará cerrado desde las 2.00 hasta las 2.15 pm, julio 7 de 1962". "Es decir, ¡quince minutos sin ganar un mísero cent!" escribió Juan Carlos Onetti, para agregar: "El muerto no podría imaginar un homenaje mayor y más sacrificado que éste de los pequeños gold diggers de su país".

Un escritor / Onetti


Juan Carlos Onetti —en una imagen de 1989— pasó años metido en la cama en su domicilio de Madrid. / FOTO: FRANCISCO ONTAÑÓN
Antonio Muñoz Molina


Un recuerdo de Onetti

En aquel anciano enfermo, anclado en su deterioro físico, había una lucidez intacta y algo que yo había encontrado siempre en su literatura: el desengaño de la vida y el amor por la vida, la propensión a una tristeza sin alivio y al mismo tiempo a una ternura pudorosa y sin límite


martes, 18 de agosto de 2026

Un escritor / James Salter


James Salter

Noches leyendo a James Salter


En pocas páginas, en una trama simple que se desliza hacia lo vergonzoso y lo atroz, el autor trata de frente la muerte, el deseo y la traición

ANTONIO MUÑOZ MOLINA 12 ABR 2013 - 23:16 CET


James Salter, en Barcelona en noviembre de 2007. / EDU BAYER
Hace dos semanas no había leído nada de James Salter ni recordaba siquiera haber oído o leído su nombre y hoy estoy intoxicado por su literatura. En el periódico he rastreado una entrevista con él que publicó hace años Jacinto Antón y críticas de sus libros y declaraciones de entusiasmo de José María Guelbenzu y de Marcos Ordóñez. He leído su entrevista en la Paris Review de los años noventa y he vuelto a buscarla y a leerla en Internet después de haber terminado una tras otra las dos primeras novelas de Salter que han caído en mis manos,Light Years y A Sport and a Pastime. En mitad de esas lecturas he ido a la librería de mi barrio a proveerme de otros libros suyos como quien almacena víveres. Compré un volumen de memorias, Burning the Days. Un amigo me escribió para recomendarme su libro de cuentos Last Night, y para alertarme sobre el último, el titulado así. Tiene unas pocas páginas y se lee en menos de diez minutos. Corta el aliento desde el principio y en la última página depara una descarga eléctrica. Terminé de leerlo y volví al principio, a las primeras líneas de transparencia engañosa. En esas pocas páginas, en una trama simple que se desliza hacia lo vergonzoso y lo atroz, Salter trata de frente la muerte, el deseo y la traición. Last Night es ese cuento que uno da a leer de inmediato a la persona querida, urgiéndole a dejar de lado cualquier otra tarea; el cuento que si uno lo lee estando a solas quiere leer por teléfono a alguien, o tiene la tentación de contar en voz alta, como contaba de niño en el patio de la escuela una película a la mañana siguiente de verla.

Un libro / Todo lo que hay que saber, de James Salter


James Salter


Leccionedescritura

Se distingue a un verdadero maestro como James Salter en que carece de arrogancia. Muestra el deleite de ir aprendiendo, no la soberbia de saber


ANTONIO MUÑOZ MOLINA
9 MAR 2018 - 18:19 COT


James Salter, durante su época de piloto militar.Ampliar foto
James Salter, durante su época de piloto militar.
Leyendo las conferencias sobre el arte de la ficción que James Salter dio en la Universidad de Virginia en 2014, uno no puede creerse que esas palabras hayan sido escritas y dichas por un hombre de 89 años. Y el motivo no es el grado de lucidez que muestran y la agudeza de sus observaciones, sino el aire de asombro y de tanteo que irradia de ellas, de entusiasmo a la vez sobrio y romántico hacia el oficio de escribir y las posibilidades de la literatura. Al filo de los 90 años, después de una vida entera en la que hizo casi de todo, desde escalar montañas a pilotar aviones de combate en la guerra de Corea, después de sobreponerse durante mucho tiempo a la oscuridad que envolvía su trabajo, al desánimo de la falta de reconocimiento, James Salter habla delante de los alumnos de la Universidad de Virginia con una especie de cautelosa inocencia. En sus palabras no hay rastro de esa insufrible seguridad con la que tantas veces los escritores, veteranos o no, predican ante el público voluntarioso y cautivo de las escuelas o másteres o talleres de escritura, haciendo creer a sus estudiantes que la literatura es una cofradía extremadamente restringida a la que ellos, los profesores, pertenecen, por una especie de derecho dinástico, o de privilegio congénito, y a la que pueden facilitar el acceso, no sin gran condescendencia, al aspirante que reúna las cualidades exigidas —siendo la más valiosa entre todas el sarcasmo arrogante de saberlo ya todo—.

lunes, 17 de agosto de 2026

Carl Watson / Algunas reflexiones aleatorias sobre libros

Libros libro 2026
© Sergio Aquindo

Algunas reflexiones aleatorias sobre libros


Carl Watson,
11 de agosto de 2026

El estatus de los libros en Estados Unidos hoy en día oscila entre la producción descontrolada y la irrelevancia. Probablemente se imprimen y publican más libros que nunca. La facilidad de la autopublicación, sumada a la ausencia de guardianes literarios, genera una avalancha de libros nuevos cada semana: poesía, memorias, ficción, opinión, etc. Basta con enviar el manuscrito a Amazon y ellos lo publicarán. ¡Felicidades! ¡Eres un autor publicado! A nadie le importará si es bueno o no, porque casi nadie le prestará atención.

domingo, 16 de agosto de 2026

Vicente Quirarte / Encuentro con la nieve

 



Vicente Quirarte
ENCUENTRO CON LA NIEVE

Nevó toda la noche y amanece
la tierra inmaculada.
Quién pudiera decir que bajo el manto
prepara su verdor la primavera.
Si la pureza existe,
qué semejante es a la nieve:
hoja blanca cedida por el mundo
para probar que nada permanece.







sábado, 15 de agosto de 2026

Un libro / El gran Gatsby, de Scott Fitzgerald

FRAN PULIDO

Una novela de ahora mismo

Un siglo después de su publicación, el tiempo ha confirmado la total modernidad de ‘El gran Gatsby’

Antonio Muñoz Molina
12 de diciembre de 2025

 Hay regalos que duran toda la vida. Cuando nos despedíamos al final del último curso en la universidad, un amigo me regaló una edición barata de El gran Gatsby, que traía en la portada una foto de Robert Redford en esmoquin, reclamo evidente por la película de mucho éxito basada en la novela. Con distraído esnobismo de universitario, adicto a las severidades de los cineclubs, yo no había hecho caso a la película, y la portada de la novela no me había llamado la menor atención, imaginando que sería una historia romántica de las que abundaban entonces, a la zaga del éxito de Love Story. No hay ignorancia que no sea despectiva. El gran Gatsby, cada vez que vuelvo a ella, me parece un modelo de esa perfección que se alcanza tantas veces en la música, y creo que con bastante menos frecuencia en la novela. El gran Gatsby apareció en el mismo año prodigioso en el que Virginia Woolf publicaba Mrs. Dalloway y John Dos Passos Manhattan Transfer, y un año después de nada menos que La montaña mágica, de Thomas Mann. Proust había muerto en 1922, pero los últimos volúmenes de En busca del tiempo perdido seguían editándose, y en ese mismo año la heroica y muy sufrida librera Sylvia Beach le había costeado a James Joyce la publicación de Ulises, que en algunos capítulos tiene concordancias misteriosas con Luces de bohemia, impresa en libro en 1924. El “Madrid absurdo, luminoso y hambriento” de nuestro Valle-Inclán se parece mucho en ciertos pasajes de esperpento y desgarro al Dublín de Joyce, por donde también deambulan un maestro y un discípulo tan beodos como Max Estrella y don Latino de Hispalis.

viernes, 14 de agosto de 2026

Gustavo Adolfo Garcés/ El premio



Gustavo Adolfo Garcés
EL PREMIO

Tal vez algún día
a un grupo de poetas
jurado de algún concurso
le gusten mis poemas
y me den un premio
lo celebraré
con mi esposa y mi hija
y me emborracharé
con los amigos
los compañeros de oficina
se enterarán
de que escribo poesía
mi padre pensará
que es toda una efeméride
y se tomará unos aguardientes
especialmente sabrosos
Dios mío
no permitas que mi madre
ya se haya ido ese día





miércoles, 12 de agosto de 2026

Evelio Rosero / Lluvia de frailes en la selva

 


Evelio Rosero 

Lluvia de frailes en la selva


1

Primero llegaron en barco.

Eran mil cuatrocientos noventa y dos frailes que se desperdigaron como sombras por la tierra, esparcieron el bautismo a diestra y siniestra y clavaron en el corazón de cada aldea la cruz como una estaca mortal —según cuenta en su Historia de las misiones el monje sevillano Augusto de Jesús Recto Pacífico, y todavía añade—: Estos frailes eran la inteligencia, la soterrada cabeza de otros miles de barbudos trepados en sus equinos que asaban indios y los freían, los empalaban y desollaban, los reventaban y crucificaban en nombre de Dios.

lunes, 10 de agosto de 2026

Ángel González / Todo amor es efímero

Pompas de jabónFUENTE DE LA IMAG
Pie de foto, Fascinan por su belleza y por su extrañeza.

Ángel González
Todo amor es efímero

Ninguna era tan bella como tú
durante aquel fugaz momento en que te amaba:
mi vida entera.


viernes, 7 de agosto de 2026

De amores y afinidades entre los escritores y los gatos

 

Colette


De amores y afinidades entre los escritores y los gatos

Pla dejó escrito cuanto hay de esfíngico en los gatos al afirmar que “todo en el gato es dogma, seriedad y forma eterna”



IGNACIO PEYRÓ
1 de agosto de 2026


Siempre ha habido secretas simpatías entre los gatos, la soledad, los libros y el silencio. Los príncipes de este mundo se han hecho retratar con perros y caballos, mientras que el gato quedó para posar en el regazo bien acolchado de los cardenales. Es animal de interior, y todavía hoy una biblioteca será más biblioteca si un gato se pasea por entre los lomos de los libros con indiferencia de dama de bolero. Según Von Betchen, “el gato se parece a lo que los escritores querrían ser”: es decir, gentes independientes y caracteres sin sobresaltos. Y aún podríamos añadir: tanto a los escritores como a los gatos les gusta el mismo tipo de vida, sofá orejero por el día; escapada y aventura al caer la noche.