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| Gabriel García Márquez Foto de Colita |
jueves, 10 de septiembre de 2026
Un escritor / García Márquez
martes, 8 de septiembre de 2026
Un libro / Aladdin et moi, de Jeanette Winterson

Aladino, Frankenstein y la IA: una entrevista con Jeanette Winterson
Steven Sampson2 de septiembre de 2026
«Aladino y yo» , un ensayo de Jeanette Winterson, relata su encuentro con el personaje de Aladino y con Las mil y una noches . Se trata de un libro híbrido, a la vez íntimo, erudito y teórico, en el que la autora combina recuerdos personales con reflexiones sobre la historia de la ciencia, los estilos narrativos orientales y occidentales, los grandes mitos —como Drácula y Frankenstein—, la inteligencia artificial y el código binario, tanto en el ámbito de la sexualidad como en la informática. Su ensayo es cautivador.
lunes, 7 de septiembre de 2026
Un libro / El grito de la lechuza, de Patricia Highsmith
Una sensación de peligro
- Por ANTONIO MUÑOZ MOLINA
Un libro / El legado de los espías, de John le Carré
La lección del maestro
Le Carré ha regresado en 'El legado de los espías' a su escritura rápida y limpia, animada por un oído excelente para los matices verbales
sábado, 5 de septiembre de 2026
La misteriosa vida de Constantino Cavafis
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| Constantino Cavafy |
La misteriosa vida de Constantino Cavafis
El enigmático poeta admirado por EM Forster y Jackie Onassis ocupa un lugar central en esta biografía poco convencional.
Michael Nott
11 de agosto de 2025
El segundo piso del número 10 de la calle Lepsius, escondido en el antiguo barrio griego de Alejandría, sobre un burdel, fue durante tres décadas el centro literario de la ciudad. Al entrar en el apartamento, protegido del sol mediterráneo, los visitantes necesitaban un minuto para adaptarse a la penumbra, percibiendo gradualmente cortinas descoloridas y muebles pesados, cada superficie cubierta de antigüedades y objetos extravagantes. No había electricidad, solo luz de velas. El anfitrión, que ofrecía bocados de pan y queso desde la sombra, era un hombre mayor de ojos enigmáticos bajo unas gafas redondas: el poeta Constantino Cavafis.
Un poeta / Charles Simic
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| Charles Simic |
Boceto de Charles Simic
Mirando de cerca al poeta Charles Simic uno difícilmente imaginaría las cosas que vieron sus ojos infantiles, los pasajes siniestros de la historia europea que forman parte de sus recuerdos personales. Simic es un hombre alto, con el pelo blanco corto y peinado hacia delante, con gafas, con una sonrisa que en seguida se vuelve sardónica. Acaba de cumplir setenta años, pero parece más joven, en gran parte porque en él no hay rastro de solemnidad, igual que no lo hay en sus versos, en los que un humor seco y una impasibilidad a lo Buster Keaton son las veladuras que cubren una médula de espanto, no incompatible por el amor hacia las cosas que hacen la vida placentera y digna a pesar de todo de vivirse. Simic parece lo que ha sido durante más de treinta años, un profesor de universidad, pero no un profesor de Literatura, sino de algo, por decirlo así, más serio, con más fundamento, un profesor de Física, o de Botánica, o de Biología Molecular, un saber disciplinado que tenga que ver con las leyes del mundo natural y los prodigios y rarezas del mundo visible. Algo que me gusta mucho de los poetas americanos es que tienden a no parecer poetas, ni siquiera literatos, y mucho menos artistas: William Carlos Williams fue toda su vida un pediatra, y se vestía como tal; Wallace Stevens era agente de seguros. Mark Strand escribe sus poemas como un sonámbulo que recordara al despertar sus caminatas por ciudades y paisajes comunes transidos de fantasmagoría, pero si uno se lo encontrara como director de su banco le confiaría de manera inmediata los ahorros.
viernes, 4 de septiembre de 2026
Un escritor / Graham Green
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| Graham Greene Ilustración de T.A. |
Antonio Muñoz Molina
Réquiem fugaz por Graham Greene
Era el sitio más raro y desolado del mundo para enterarse de la muerte de Graham Greene. Un hotel en las afueras de una ciudad del Medio Oeste norteamericano, una habitación tan hospitalaria y casi tan grande como el estadio que se veía por la ventana, a la primera luz lluviosa de un día con rasgos de extrañeza y de sueño mal recordado por culpa del cambio de hora y de la distancia. Él, que fue tan adicto a los viajes a lugares remotos como a la literatura y el whisky, seguramente había conocido esa sensación. He dicho que el hotel estaba en las afueras de la ciudad, pero es inexacto: en rigor, uno no sabía distinguir las afueras del centro, pues todo lo que los ojos podían ver era una repetición horizontal del mismo paisaje, carreteras en interminable línea recta y almacenes y hamburgueserías y gasolineras ingentes, iluminadas en la noche de rojo y amarillo, aparcamientos, edificios altos y aislados en una distancia que no parecía posible atravesar caminando, vallas metálicas. extensiones de césped, filas de casas de madera sin pintar sobre las que ondeaban banderas que parecían signos de una victoria insolente sobre la pobreza y la desgana de quienes vivían en ellas. Me habían explicado que ese edificio que se veía desde la ventana era un centro de instrucción para los reclutas que estudian en la Universidad. Por la mañana temprano, en camiseta y pantalón corto, desfilaban con fusiles al hombro sobre el césped y se podían oír muy débilmente los gritos que repetían al marcar el paso. Tal vez alguno de ellos o de ellas llevaba en la pechera de la camiseta una leyenda parecida a la que me había helado la sangre la tarde anterior: con ese eficaz laconismo del Inglés se pedía en dos palabras el exterminio nuclear de Sadam Husein. Bajo la puerta de la habitación alguien había deslizado un periódico, el USA Today, que tiene, según sus promotores, la atrayente virtud de poder ser leído con el mismo esfuerzo intelectual con que se mira de soslayo un televisor. En la primera página, a la izquierda, entre titulares deportivos, venía la noticia, junto a una foto borrosa, en blanco v negro, de tamaño carnet: a los 86 años, Graham Greene acababa de morir en Ginebra, con la misma discreción con que había vivido y escrito durante los últimos años, casi tan secretamente como Beckett o Rulfo. Por algún motivo, en aquel lugar resultaba más difícil aceptar la evidencia. Está uno tan retirado de su propia vida en esos viajes, tan desposado de la longitud y la latitud de su alma, que no sabe exactamente quién es ni se siente dueño de sus propios recuerdos. Debe de ser una sensación parecida a la que notaban los navegantes antiguos cuando llevaban unos días sin ver la línea de la costa de donde habían partido: sin los puntos de referencia que suministra la costumbre, la realidad más coriácea se disuelve en una especie de niebla. La identidad de uno, su vida verdadera, lo que hacía o deseaba hasta una hora antes de subir al avión, quedan no atrás ni en el pasado, sino en ninguna parte, en un estado de suspenso. Se ha borrado la cuidadosa cuadrícula del calendario, y hasta el orden de las horas y la sucesión del día y de la noche se han roto. El viajero insomne, lúcido y más bien trastornado, siente la misma extrañeza cuando mira con incredulidad el reloj que cuando descorre las cortinas de esa ventana inmensa que da a un paisaje en el que no hay absolutamente nada a lo que su conciencia pueda anclarse. Son las dos de la madrugada y llueve de esa manera unánime con que suele llover en las llanuras sin límites de los países extranjeros, pero en el lugar de donde viene uno acaban de dar las nueve de la mañana y sin duda hace sol. Uno siente la exaltación de no pertenecer a nada de lo que está viendo, el alivio de haber perdido transitoriamente las normas del espacio y del tiempo en las que su vida se resume, pero también una angustia como de extender las manos en la oscuridad y no encontrar a donde asirse, de estar mirando objetos y rostros y escuchando voces que no son del todo reales, que tienen algo de las caras y las voces y las risas violentas de la televisión.
Un escritor / Primo Levi
En cierta calle
En la fachada de la casa de Primo Levi no hay ningún recuerdo de su presencia. No hay una placa ni un panel explicativo
Antonio Muñoz Molina
17 de mayo de 2018
1843 libros / Cámara de Comercio de Medellín
jueves, 3 de septiembre de 2026
Un escritor / Michel de Montaigne
El feminismo radical
EL FEMINISMO RADICAL
El feminismo radical esta llegando demasiado lejos
Pamela Cisneros acaba de matar a Erin Pianceti en plena calle de Nueva York, en uno de los lugares más turísticos de la ciudad.
¿Quién era Pianceti?
Una mujer de apenas 32 años, ejecutiva de Bank of America, recién casada y madre reciente. Una mujer que, como millones de mujeres, estaba intentando construir una vida profesional y familiar al mismo tiempo.
Es increíble ver como colectivos feministas de corte radical, intentan justificar y presentar como victima a la mujer que acaba de destrozar la vida de otra mujer, pero también de toda una familia.
Para ellas, lo grave no es por qué Pamela atacó a Pianceti, lo grave para su ideología es ¿por qué los policías le dispararon a Pamela Cisneros si padecía bipolaridad?
Hay quienes incluso sostienen que los agentes debieron arriesgarse a someterla, pese a que acababa de matar a una mujer y se les fue encima armada con dos cuchillos.
“Necesitaba ayuda, no tiros”, repiten algunas publicaciones.
¿De verdad?
Claro que un problema ment4l puede explicar una conducta, pero eso no convierte a una persona peligrosa en alguien que deje de representar un peligro, ni le da licencia para m4t*r
Pasa lo mismo con lindsay Clancy quien as3s!n0 a su bebé y ahora la misma ideología feminista radical la justifica por que tenía d. postparto ¿ como diablos el agresor se convierte en victima ante la lógica de estas radicales ?
La vida de la víctima también importa.
Porque pareciera que hemos llegado a una época de empatía selectiva, donde algunas causas ideológicas determinan quién merece compasión y quién termina convertido en simple estadística.
Y eso también es una forma de deshumanización.
Se puede defender la atención a las personas con problemas mentales. Se puede exigir que existan mejores protocolos de intervención. Incluso se puede discutir si una actuación policial fue correcta o incorrecta.
Pero una cosa es cuestionar el uso de la fuerza y otra muy distinta es romantizar al agresor tan solo por que es mujer, mientras la víctima queda olvidada aun siendo mujer o más grave aún bebé mujer.
La empatía no debería funcionar por género.
Ni por ideología.
Ni por conveniencia.
La empatía sana comienza por las víctimas reales, por quienes perdieron la vida, por sus familias y por quienes tuvieron que enfrentar una situación mortal.
Necesitamos dejar a un lado las ideologías y comenzar a ser simplemente más humanos, tal vez así podamos ver las cosas como realmente son
Portal Revolución./ Facebook
miércoles, 2 de septiembre de 2026
Un escritor / Proust

Tiempo de Proust
'En busca del tiempo perdido' tiene una arquitectura tan severa como la 'Divina Comedia', con su ascensión alegórica desde las tinieblas a la luz
Un escritor / James Baldwin
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| James Baldwin |
James Baldwin regresa
Era un escritor negro, y no disimulaba que era homosexual, pero se negaba a ser etiquetado o reducido a una identidad de grupo
Antonio Muñoz Molina
7 de abril de 2017

Una de las voces más limpias y lúcidas que pueden escucharse ahora mismo es una voz del pasado. James Baldwin murió hace ahora 30 años, pero su voz hablada y escrita cobra una presencia más imponente todavía porque está sonando desde el pasado en una época en la que las cosas y los nombres se disuelven a toda velocidad en el olvido. En las librerías de Nueva York hay expositores con todos sus libros. La Library of America, lo más cercano a la Pléiade en un país poco dado a las solemnidades culturales, acaba de sacar un volumen con sus ensayos completos. Y desde hace unos meses se mantiene en cartel un documental en torno a él, I Am Not Your Negro, dirigido por Raoul Peck.
martes, 1 de septiembre de 2026
Un pintor / Banksy
«El amor está en la basura» de Banksy: arte versus comercialización.
Explorando el impacto y el significado detrás de la obra de arte más controvertida de Banksy.
Orsolya Antoni
12 de enero de 2025
Banksy es mi artista callejero favorito por su singular manera de abordar la vida cotidiana y sus conflictos. Cuando trabajaba para una casa de subastas muy conocida, tuve la oportunidad de ver algunas de sus obras, especialmente «Niña con globo», que fue destruida en la subasta y rebautizada como «El amor está en la basura». Este incidente, en el que la obra se autodestruyó tras ser vendida, fue una declaración audaz e intrigante por parte de Banksy. Fue un desafío directo a la comercialización del arte, una práctica que a menudo prioriza el precio sobre el mensaje artístico y el valor que le atribuimos. Este incidente no solo acaparó titulares, sino que también desató un debate global sobre el verdadero valor del arte y el papel del mercado artístico en su determinación. La «Niña con globo» destruida se convirtió en una nueva obra de arte, «El amor está en la basura», lo que reforzó aún más la crítica de Banksy al enfoque del mercado artístico en el valor monetario por encima de la expresión artística.
Un pintor / Mihály Munkácsy

Mihály Munkácsy fue un pintor húngaro. Alcanzó renombre internacional con sus cuadros de género y sus pinturas bíblicas de gran formato.
El legado emocional de Mihály Munkácsy
Un vistazo al arte y la historia húngara.
Quisiera hablar del renombrado pintor húngaro Mihály Munkácsy, cuya influencia impregna la vida de muchos húngaros. Munkácsy, conocido por su extraordinario talento y la profunda emotividad de sus obras, ha dejado una huella imborrable en la cultura húngara. Sus pinturas a menudo representaban escenas de la vida cotidiana y momentos históricos, conectando con las experiencias de la gente común y conmoviéndola por su intensidad emocional.










