jueves, 11 de julio de 2024

Un libro / María Gainza / El nervio óptico







María Gainza

El nervio óptico


Este es un libro hecho de miradas. Miradas sobre cuadros, sobre los artistas que los pintaron y sobre la intimidad de la narradora y su entorno. Este es un libro singular y fascinante, inclasificable, en el que la vida y el arte se entretejen. Consta de once partes: once partes que son once capítulos de una novela que relata una historia personal y familiar, pero que también pueden leerse como once cuentos, u once incursiones furtivas en la historia de la pintura, u once ensayos narrativos que tratan de desentrañar los misteriosos vínculos entre una obra pictórica y quien la contempla.

Un libro / María Gainza / Un puñado de flechas

 


Todo libro es la biografía de una imagen



Entre 2001 y 2003 viví en Chicago, donde mis largas jornadas laborales me impedían leer todo lo que me habría gustado. Aunque en mis viajes en metro, camino del instituto en el que daba clase de español y de vuelta a casa, siempre conseguía avanzar en mis lecturas, tenía la sensación de que algo se me estaba escapando. Pese a ello y pese a comprar libros con bastante frecuencia, los sábados solía ir al Instituto Cervantes para leer la prensa y para llevarme luego novelas, poemarios y ensayos que nunca solía terminar antes de devolverlos. Me aprovechaba de la circunstancia de ser amigo de la bibliotecaria y hacía acopio de un número disparatado de libros, superior al permitido. A menudo los ponía sobre la mesilla, ya en casa, y los miraba en silencio, esperando algo aunque sin saber exactamente qué. Hasta que un día me animé a fotografiar uno, quizás para tener un recordatorio de él cuando lo hubiese devuelto. Era una novela de Rosa Chacel que ni siquiera había comenzado a leer y que al verla en la foto me resultó tan familiar que casi creí haberla leído pese a estar seguro de no haberlo hecho. Fue entonces cuando comenzó algo sobre lo cual guardo el recuerdo borroso de los sueños y que, sin embargo, sucedió de verdad. Se trataba de algo similar a lo que les sucede a los detectives, a quienes se les encarga buscar lo que ya no está, lo que ya no se puede ver. De algún modo, fui en busca del lector que yo mismo había sido antes de llegar a Chicago. Mientras avanzaba haciendo fotografías de los libros que difícilmente podría leer, también iba hacia atrás en busca del lector que antes difícilmente habría fotografiado un libro. Cuando ambas personas, el lector y el espectador, se encontrasen, llegaría al final de mi particular investigación y haría un descubrimiento, sobre mí pero también sobre otras muchas cosas.

miércoles, 10 de julio de 2024

Oscar Hahn / Después del incendio




OSCAR HAHN

DESPUÉS DEL INCENDIO

Tengo que recoger mis escombros
darles la forma humana que tenían
y seguir adelante

Que no haya brasas en los ojos
ni nubes de humo negro en el alma

Algunas cicatrices
por aquí y por allá son aceptables

Lo demás es echarse el dolor a la espalda
limpiarse las cenizas
y continuar andando


martes, 9 de julio de 2024

Oscar Hahn / El doliente

 





Óscar Hahn
EL DOLIENTE

Pasarán estos días como pasan
todos los días malos de la vida
Amainarán los vientos que te arrasan
Se estancará la sangre de tu herida

El alma errante volverá a su nido
Lo que ayer se perdió será encontrado
El sol será sin mancha concebido
y saldrá nuevamente en tu costado

Y dirás frente al mar: ¿Cómo he podido
anegado sin brújula y perdido
llegar a puerto con las velas rotas?

Y una voz te dirá: ¿Que no lo sabes?
El mismo viento que rompió tus naves
es el que hace volar a las gaviotas




lunes, 8 de julio de 2024

Casa de citas / García Márquez/ Mercedes

 




Gabriel García Márquez
MERCEDES

A Mercedes la conocí en Sucre, un pueblo del interior de la costa Caribe, donde vivieron nuestras familias durante varios años, y donde ella y yo pasábamos nuestras vacaciones. Su padre y el mío eran amigos desde la juventud. Un día, en un baile de estudiantes, y cuando ella tenía solo trece años, le pedí sin más vueltas que se casara conmigo. Pienso ahora que la proposición era una metáfora para saltar por encima de todas las vueltas y revueltas que había que hacer en aquella época para conseguir novia. Ella debió entenderlo así, porque seguimos viéndonos de un modo esporádico y siempre casual, y creo que ambos sabíamos sin ninguna duda que tarde o temprano la metáfora se iba a volver verdad. Como se volvió, en efecto, unos diez años después de inventada, y sin que nunca hubiéramos sido novios de verdad, sino una pareja que esperaba sin prisa y sin angustias algo que se sabía inevitable. Ahora estamos a punto de cumplir veinticinco años de casados, y en ningún momento hemos tenido una controversia grave. Creo que el secreto está en que hemos seguido entendiendo las cosas como las entendíamos antes de casarnos. Es decir, que el matrimonio, como la vida entera, es algo terriblemente difícil que hay que volver a empezar desde el principio todos los días, y todos los días de nuestra vida. El esfuerzo es constante, e inclusive agotador muchas veces, pero vale la pena. Un personaje de alguna novela mía lo dice de un modo más crudo: «También el amor se aprende».






domingo, 7 de julio de 2024

Casa de citas / Aurora Venturini / El desarrollo

 


Aurora Venturini

EL DESARROLLO


Betina tenía once y yo doce. Rufina opinó están en la edad del desarrollo y yo pensé que algo desde adentro emergería hacia afuera y rogué a santa Teresita que no fueran canelones. Pregunté a la sicóloga qué era desarrollo y se puso colorada aconsejándome que le preguntara a mi mamá.
    Mi mamá también se puso colorada y me dijo que a cierta edad las niñas dejaban de serlo para convertirse en señoritas. Después calló y yo quedé en ascuas.
    Conté que concurría a un instituto para disminuidos, menos disminuidos que el de Betina. Una chica dijo que estaba desarrollada. Yo no le noté nada diferente. Ella me contó que cuando eso ocurre sangra la entrepierna varios días y que no hay que bañarse y hay que usar un paño para no manchar la ropa y tener cuidado con los varones porque una puede quedar embarazada.
    Esa noche no pude dormir palpándome el sitio indicado. Pero no estaba húmedo y todavía podía hablar con los varones. Cuando me desarrollara jamás me acercaría a ningún chico no fuera que me embarazara y tuviera un canelón o algo parecido.
    Betina hablaba bastante, o farfullaba y se hacía entender. Así ocurrió que una noche de reunión de familia en la que no nos permitían estar por falta de modales especialmente durante las comidas, mi hermana gritó con voz de trombón: mamá, me sangrea la cotorra. Estábamos en la habitación de al lado a la del ágape. Vinieron una abuela y dos primos.
    Yo les dije a los primos que no se acercaran a la sangrante porque podían embarazarla.
    Todos se fueron ofendidos y mamá nos pegó a las dos con el puntero.
    Fui a mi instituto y conté que Betina estaba desarrollada a pesar de ser menor que yo. La maestra me retó. No hay que hablar inmoralidades en el aula y me aplazó en la materia instrucción cívica y moral. La clase se convirtió en un grupo de alumnos preocupados, especialmente las chicas que de vez en cuando se palpaban para comprobar posibles humedades.
    Por si acaso yo no me junté más con los varones.
    Una tarde Margarita entró radiante y dijo me vino y entendimos de qué se trataba.
    Mi hermana dejó la escolaridad en tercer grado. No daba para más. En realidad no dábamos para más ninguna de las dos y yo dejé en sexto grado. Sí, aprendí a leer y escribir, esto último con faltas de ortografía, todo sin H, porque si no se pronuncia, ¿para qué serviría?
    Leía dislálicamente, dijo la sicóloga. Pero sugirió que ejercitándome mejoraría y me obligaba a los destrabalenguas como María Chucena su choza techaba y un leñador que por ahí pasaba le dijo María Chucena vos techas tu choza o techas la ajena yo no techo mi choza ni techo la ajena solo techo la choza de María Chucena.
    Mamá observaba y cuando yo no destrababa me daba un punterazo en la cabeza. La sicóloga impidió la presencia de mamá durante María Chucena y destrabé mejor, porque cuando mamá estaba, por terminar bien pronto María Chucena, me equivocaba temiendo el punterazo.
    Betina rodaba su rum alrededor, abría la boca y señalaba adentro de la boca porque tenía hambre.
    Yo no quería comer en la mesa de Betina. Me asqueaba. Tomaba la sopa del plato, sin usar cuchara y tragaba los sólidos agarrándolos con las manos. Lloraba si yo insistía en alimentarla por aquello de meterle la cuchara en cualquier orificio de la cara.
    A Betina le compraron una silla de almorzar que tenía una mesita adosada y en el asiento, un agujero para que defecara y pis. En mitad de las comidas le venían ganas. El olor me producía vómitos. Mamá me dijo que no me hiciera la delicada o me internaría en el Cotolengo. Yo sabía qué era el Cotolengo y desde entonces almorcé, diré, perfumada con el hedor a caca de mi hermana y la lluvia de pis. Cuando tiraba cuetes, la pellizcaba.
    Después de comer me iba al campito.
    Rufina higienizaba a Betina y la sentaba en la silla ortopédica. La boba siesteaba con la cabeza caída sobre el pecho o sobre los pechos porque ya denunciaba la ropa dos bultos bastante redondos y provocadores porque ella estaba desarrollada antes que yo y aunque espantosa era señorita antes que yo, lo cual obligaba a Rufina a cambiarle los paños todos los meses y a lavarle la entrepierna.
    Yo me las arreglaba sola y observaba que no me crecían las tetitas dado que era flaca como un palo de escoba o como el puntero de mamá. Y así fuimos cumpliendo años, pero yo asistía a clase de dibujo y pintura y el profesor de Bellas Artes opinó que sería una plástica importante a causa de que por ser medio loquita dibujaría y pintaría como los extravagantes plásticos de los últimos tiempos.


Aurora Venturini

Las primas




Casa de citas / Elsy Rosas Crespo / La ortografía

 


Elsy Rosas Crespo

LA ORTOGRAFÍA 


La ortografía es un aprendizaje técnico, nadie nace sabiendo ortografía, y saber ortografía no nos convierte en genios, sabios ni eruditos. La ortografía es una especie de código no muy diferente al código matemático y la diferencia entre las matemáticas y la ortografía es que la ortografía se aprende leyendo con atención y con un buen libro de gramática y estilo, mientras que aprender matemáticas es un proceso mucho más complejo y nadie se jacta de saber matemáticas en Twitter porque es un código usado y comprendido por pocos mientras que la lengua es un código común del que podemos hacer uso todos aunque no sepamos escribir.


sábado, 6 de julio de 2024

Casa de citas / Isabel Allende / Las penas

 




Isabel Allende
LAS PENAS

Aprendió a masticar sus penas sola y con dignidad, convencida de que a nadie le importaban los problemas ajenos y que los dolores callados acaban por diluirse.

Isabel Allende |El amante



viernes, 5 de julio de 2024

Una foto / El zorro y la marmota

 



EL ZORRO Y LA MARMOTA

Esta foto capta el preciso instante en el que una marmota se da cuenta de que la va a matar un zorro. La imagen, tomada en la meseta tibetana por el fotógrafo chino Yongqing Bao, ha sido galardonada con el prestigioso premio Wildlife Photographer of the Year.

Esta ha merecido la máxima distinción del concurso por «haber capturado una interacción tan potente», es decir, el miedo puro de la presa ante su depredador. Se comprende el susto. El zorro tibetano es un astuto cazador diurno y solitario que habita en las altas mesetas (a 4500 metros de altura) de Nepal, China y la India.

Exploradores del universo
Facebook


jueves, 4 de julio de 2024

Un personaje / Mono de Loys

 




Mono de Loys

Esto es uno de los enigmas más desconcertantes jamás capturados en una fotografía... Conocido como el "Mono de Loys" (por François De Loys, el fotógrafo que inmortalizó a la enigmática criatura durante una expedición sudamericana en 1920, cerca del lago de Maracaibo). Se trata de un ser antropomorfo, erguido sobre dos patas y cubierto de pelo, pero sin cola. Un palo sostenía su cabeza, un triste recordatorio de la actitud peligrosamente hostil de la criatura, que los investigadores se vieron obligados a sacrificar. Con una altura aproximada de 1,6 metros, su avistamiento sigue siendo, hasta el día de hoy, uno de los misterios más controvertidos de la biología evolutiva.








miércoles, 3 de julio de 2024

Casa de citas / Charles / Cuatro bodas y un funeral



CHARLES

Charles: How do you do, my name is Charles.

Old man: Don’t be ridiculous, Charles died 20 years ago!

Charles: Must be a different Charles, I think.

Old man: Are you telling me I don’t know my own brother!

‘Four Weddings and a Funeral’




CHARLES

Charles: ¿Cómo estás? Mi nombre es Charles.

Viejo: No seas ridículo, ¡Charles murió hace 20 años!

Charles: Creo que debe ser otro Charles.

Viejo: ¿Me estás diciendo que no conozco a mi propio hermano?

‘Cuatro bodas y un funeral’



Casa de citas / Juan José Contreras Lara / Envejecer

 




Juan José Contreras Lara
ENVEJECER

Joaquín Sabina lo dijo hace unos años con toda claridad: "Cuando les cuenten que envejecer es una cosa fantástica, porque la experiencia y la sabiduría... Mienten como bellacos. Envejecer es una puta mierda". Coincido con el célebre cantautor originario de Jaén totalmente. Romantizar la vejez, eufemísticamente llamada ahora "tercera edad", responde más a motivos mercadotécnicos que humanos. Perder habilidades intelectuales y motoras, ser presa de dolorosas e incapacitantes enfermedades crónico degenerativas, ser víctima de desprecio y segregación laboral, pasar a retiro con una pensión de miseria, ser fácil carnada de enfermedades oportunistas, convertirse en una carga para la familia y la sociedad, transformarse en suculento platillo para los familiares carroñeros que ya te zopilotean si es que dejas herencia y finalmente apoltronarse en el sillón para esperar a la muerte viendo la televisión, si bien te va, y no acabas conectado a un respirador, yo no sé qué tenga de hermoso, estimulante y atractivo. No me vengan con choros mareadores, la vejez es en efecto, una puta mierda.










martes, 2 de julio de 2024

Triunfo Arciniegas / Diario / La cita

Ilustración de Triunfo Arciniegas 


Triunfo Arciniegas
LA CITA
28 de junio de 2024

Ayer en la tarde estuve enfermo, con fiebre y dolores y solo. Con el único consuelo del gato. No pude escribir. En la mañana fui al médico pero me sentí mal precisamente después, tal vez por el impacto de las noticias. Es tan complejo el organismo. Al fin me dormí, bastante tarde, y caí en el tormento de las pesadillas.

Es demasiado confuso. Tenía una cita a las dos de la tarde y estaba sobre el tiempo. El sueño empieza en un teatro, donde la muchacha de la silla adjunta me acusa de escupir su brazo. Se levantó para retirarse y empezó a tirar un carrusel, una especie de dragón chino. Todos nos levantamos para darle espacio

Estoy retrasado y tengo a una niña en brazos, una bebé, mi hija. Necesito ducharme y vestir algo decente. No llegaré a tiempo. En alguna parte del sueño una de mis hermanas me ayuda a sacarme un saco. Pero ahora estoy con la niña y necesitamos un baño con urgencia. Entró a una tienda y pido permiso. Sostengo a la niña mientras orina y luego lo hago yo. Abro una llave para lavarla un poco.

El sueño acaba y nunca llego a la cita. El alivio, al despertar, es enorme.



lunes, 1 de julio de 2024

Casa de citas / Ismaíl Kadaré / El Palacio de los sueños



Ismaíl Kadaré

Ismaíl Kadaré
El palacio de los sueños
(fragmento)

Todas estas especulaciones extenuaban el cerebro de Mark-Alem. Más obsesionantes, sin embargo, eran aquellos días interminables y carentes de color en que no se hablaba de nada ni sucedía nada, y él se veía obligado a trabajar inclinado sobre el expediente, pasando de un sueño a otro sueño, como a través de la bruma, que en ocasiones parecía disiparse, pero que en general era opaca y cargada de tristeza. 


Era viernes. Los encargados del Sueño Maestro debían desempeñar aquel día una actividad febril. Sin lugar a dudas, el Sueño Maestro habría sido escogido ya y se dispondrían a llevarlo al Palacio del Soberano. 


Afuera, la carroza con el emblema imperial esperaba hacía tiempo, rodeada de guardias. El Suprasueño partiría, pero incluso después de su marcha el departamento continuaría presa de la ansiedad, o al menos de la curiosidad por saber cómo sería acogido el sueño en el Palacio del Sultán. Habitualmente el eco les llegaba al día siguiente: el Badijá había quedado satisfecho, o bien el Badijá no había dicho nada y, en ocasiones incluso el Badijá se mostraba descontento. Pero esto último sucedía rara vez, muy rara vez. 


De cualquier manera, los días en ese departamento eran más animados y discurrían de modo distinto. La semana pasaba con rapidez cuando se esperaba la llegada del viernes. Pero el resto del tiempo era tedioso, monótono, gris. 


Y si embargo, pensó Mark-Alem, todos soñaban con ser transferidos a Interpretación. ¡Si supieran cómo se arrastran las horas aquí! Y para colmo, aquella angustia permanente flotando por doquier (desde que habían encendido las estufas, Mark-Alem tenía la sensación de que la angustia olía a carbón). 
Se inclinó sobre el cartapacio y prosiguió la lectura. Ya se había familiarizado en cierta medida con el trabajo y lograba encontrar con mayor facilidad una interpretación para los sueños. En pocos días daría fin a su primer expediente. No le quedaban más que unas cuantas hojas. Leyó algunos sueños fastidiosos que hablaban de agua sucia, negra, de un gallo enfermo que se había hundido en el cieno y de un reumatismo escapado del cuerpo de un asistente a una cena de infieles. Qué escoria, se dijo y soltó la pluma. Era como si el desperdicio hubiera quedado para el final. Su mente se trasladó de nuevo a las salas de los encargados del Sueño Maestro, tal como se evoca, en un ambiente en particular aburrido, la casa en que se llevan a cabo los preparativos para una boda. No había visto nunca aquellas salas, ni siquiera tenía idea de en qué ala del Palacio se encontraban aunque tuviera la convicción de que, contrariamente a las demás, dispondrían de grandes ventanales hasta el techo, por los que penetraría una iluminación solemne, ennobleciendo a las personas y a las cosas. 


Bueno, murmuró para sí Mark-Alem y volvió a alzar la pluma. Se propuso trabajar sin interrupción hasta que sonara la campanilla anunciadora del final de la jornada. Le habían quedado dos hojas para terminar la interpretación del contenido total del expediente. Lo mejor sería leerlas y desembarazarse de aquella entrega de una vez por todas. 


El ruido de los empleados abandonando las mesas y dirigiéndose a la salida lo rodeaba por todas partes. Poco después, cuando se restableció por fin la calma, sólo quedaban en la sala quienes habían decidido trabajar fuera de horario. Mark-Alem sintió que lo poseía el vacío dejado por los funcionarios al marcharse. Era el mismo vacío que había experimentado cuantas veces se quedaba después de finalizada la jornada normal, pero ¿qué iba a hacer para evitarlo? Era aconsejable hacer de vez en cuando horas extraordinarias por propia iniciativa, aparte de los casos de permanencia obligada. Se había resignado ya a perder aquella tarde. Hizo una profunda inspiración, un suspiro en realidad, y comenzó a leer una de las dos hojas. Vaya, se dijo cuando hubo leído el primer renglón. ¿Dónde había visto antes aquel sueño? Un terreno abandonado lleno de basuras junto a un puente y un instrumento musical… Estuvo a punto de lanzar un grito de sorpresa. Era la primera vez que se tropezaba con un sueño que hubiera pasado por sus manos cuando trabajaba en Selección. Se alegró como si encontrara a un viejo conocido, volvió la cabeza a ambos lados con el deseo de compartir con alguien aquella coincidencia, pero eran muy escasas las personas que quedaban en la sala y el más próximo se encontraba al menos a diez pasos. 




Un personaje / Nosferatu

 


¿Escuchaste alguna vez del vampiro Nosferatu?

Él es Friedrich Gustav Max Schreck, el actor que interpretó a Nosferatu.

Max Schreck nunca se desmaquillaba, no interactuaba con sus compañeros y pedía que lo llamaran todo el tiempo Orlock.

En 1922, la actuación del Conde Orlock en la película Nosferatu resultó tan convincente que al poco tiempo de estrenarse empezaron a circular rumores. Se argumentaba que el papel protagónico no fue interpretado por un actor humano, sino por un vampiro real. Su postura, apariencia e incluso la forma en que el actor eligió interpretar al monstruo resultaba muy extraño y demasiado convincente. En todo este tiempo la leyenda persistió dando origen a múltiples leyendas y teorías a través de ensayos, libros e incluso una película titulada La sombra del vampiro (2000), dirigida por E. Elias Merhige.

Antes de interpretar el papel el actor puso sus condiciones: "Si voy a realizar este papel, requiero libertad para actuar de la manera que considere más apropiada", el director aceptó los términos y tuvo a su protagonista. Schreck exigió inmersión total en el papel y estableció ciertas reglas que debían seguirse al pie de la letra. Dentro y fuera de escena se referirían a él como Orlock, siempre aparecería maquillado y no tendría ningún tipo de relación con sus compañeros actores.

Otra de sus condiciones fue que no se revelara su nombre real (ni siquiera en los créditos). Siempre que alguien lo cuestionaba sobre su identidad, aseguraba que era Orlock. "Me encontraron y trajeron aquí para contar mi historia", advertía con su extraño tono de voz. El método del actor para entrar en personaje terminó afectando a los otros actores, quienes ansiaban conocer la identidad de su colega. El director optó por seguirle la corriente, asegurando que Orlock era un vampiro de verdad, invitado a participar en la película para contar su propia historia. Le pagaba con sangre y requería total respeto a su privacidad.

Nosferatu terminó de producirse con un equipo reducido de profesionales. Varios actores confesaron sentirse aliviados de que las grabaciones concluyeran. Sobre todo, porque no tendrían que ver nuevamente al sujeto extraño de apariencia cadavérica.

Pese a su extensa y exitosa carrera, Schreck siempre será recordado por su interpretación del siniestro Conde Orlock, especialmente fuera de Alemania. Se volvió un icono para el cine de terror, algo totalmente merecido. Fue él quien dio vida a uno de los primeros monstruos en el cine y el responsable por las pesadillas de muchas personas, y todo a través de expresiones y miradas, sin decir una sola palabra.

Código oculto / Facebook