domingo, 10 de septiembre de 2017

Casa de citas / Jonathan Littell / El guante

Ilustración de T.A.



Jonathan Littell
EL GUANTE


En una de las callecitas tranquilas cerca de Landwehrkanal me encontré en el alféizar de una ventana de la plata baja un guante largo de mujer, de raso azul. Lo cogí, sin pensar, y seguí andando. Quise probármelo; desde luego que me quedaba pequeño, pero la textura del raso me excitaba. Me imaginé la mano que había llevado aquel guante y aquel pensamiento me turbó. No pensaba quedarme con él, pero, claro, para quitármelo de encima, necesitaba otra ventana con una buhardillita de hierro forjado alrededor del alféizar y, de preferencia, en un edificio antiguo; pero en aquella calle sólo había tiendas pequeñas de escaparates mudos y cerrados. Por fin, muy poco antes de llegar al hotel, encontré la ventana apropiada. Las contraventanas estaban cerradas; dejé con delicadeza el guante en medio del alféizar, como una ofrenda. Dos días después, las contraventanas seguían cerradas, y el guante, donde lo había dejado, señal opaca y discreta, que intentaba seguramente decirme algo, pero ¿qué?


Jonathan Littell
Las benévolas
RBA, Barcelona, 2007, p. 450

FICCIONES
Jonathan Littell / El amor
Jonathan Littell / Nieve
Jonathan Littell / Quién llorará a los muertos
Jonathan Littell / Lermontov
Jonathan Littell / Vivir
Jonathan Littell / El guante

DE OTROS MUNDOS
Jonathan Littell / Un soldado israeli no es mejor persona que un nazi
Jonathan Littell / "La cultura no nos protege de nada. Los nazis son la prueba"
Jonathan Littell / Las bienveillantes / Reseña de Vargas Llosa

MESTER DE BREVERÍA

Jonathan Littell / Hospital Pavlov
Jonathan Littell / Una mujer casi desnuda
Jonathan Littell / Seiscientos locos
Jonathan Littell / La sala del teatro
Jonathan Littell / Adolf-Hitler-Platz

RIMBAUD
Jonathan Littell / Je pensais en vendre entre 3 000 et 5 000 exemplaires
Jonathan Littell / Las bienveillantes



Casa de citas / Jonathan Littell / Vivir




Jonathan Littell
VIVIR


Vivir requería estar pendiente de las cosas con una atención constante que me resultaba agotadora.



Jonathan Littell
Las benévolas
RBA, Barcelona, 2007, p. 450

FICCIONES
Jonathan Littell / El amor
Jonathan Littell / Nieve
Jonathan Littell / Quién llorará a los muertos
Jonathan Littell / Lermontov
Jonathan Littell / Vivir

DE OTROS MUNDOS
Jonathan Littell / Un soldado israeli no es mejor persona que un nazi
Jonathan Littell / "La cultura no nos protege de nada. Los nazis son la prueba"
Jonathan Littell / Las bienveillantes / Reseña de Vargas Llosa

MESTER DE BREVERÍA

Jonathan Littell / Hospital Pavlov
Jonathan Littell / Una mujer casi desnuda
Jonathan Littell / Seiscientos locos

RIMBAUD
Jonathan Littell / Je pensais en vendre entre 3 000 et 5 000 exemplaires
Jonathan Littell / Las bienveillantes



sábado, 9 de septiembre de 2017

Casa de citas / Guillermo del Toro / Pinocho

Pinocho
Ilustración de Roberto Innocenti



Guillermo del Toro 
PINOCHO

Tiene que haber oscuridad en cualquier cuento de hadas o libro infantil, algo que los hermanos Grimm, Hans Christian Andersen y Walt Disney comprendieron a la perfección. Mucha gente se olvida de lo perturbadoras que son las mejores películas de Disney, incluido esos niños que se convertían en burros en Pinocho.



viernes, 8 de septiembre de 2017

Triunfo Arciniegas / Diario / Una felicidad

Pinocho
Ilustracion de Roberto Innocenti


Triunfo Arciniegas
UNA FELICIDAD
Cúcuta, 8 de septiembre de 2017

En las madrugadas, mientras subo las entradas de los blogs, experimento una pequeña felicidad que se desvanece en cuestión de horas y a menudo ni siquiera alcanza el mediodía. De todas maneras, aunque intenso y absorbente, es un trabajo regocijante. Siempre he padecido el ansia de saber y descubrir. 

Parece que los blogs son la única cosa que funciona en mi vida ciento por ciento. Todo lo demás sigue a medias o abandonado. 

Hoy, por ejemplos, hice entradas en once blogs. Y en algunos, más de una entrada. En De otros mundos, donde más publico, hice ocho entradas: cuatro van hoy y las otras al 2006 porque son antiguas. Véase Jonathan Littell. Su grandiosa novela, Las benévolas, Premio Goncourt 2006, se publicó en español a finales de 2007. En estos diez años, Jonathan Littell, un escritor muy esquivo, no ha publicado nada que se aproxime a tal grandeza. El año pasado dirigió una película, Wrong Elements. A medida que avanzo en la dura y devastadora lectura de Las benévolas, subo líneas y párrafos a "Casa de citas".


En Dragon, mi blog en inglés, hice tres entradas: dos reseñas de Mother, la película de Darren Aronofsky estrenada en el Festival de Venecia y protagonizada por Jennifer Lawrence y Javier Barden, y una entrevista de John Littell. Esta entrevista puede leerse hoy en español en De otros mundos.

Por último, subí tres fábulas de Esopo a Mester de brevería, porque estoy un poco retrasado con este blog: "El águila y el escarabajo", "El águila, el cuervo y el pastor" y "El águila y los gallos". Las repartí entre agosto y septiembre. 

Haciendo cuentas, hoy subí veintidós entradas en once blogs. La cifra es una barbaridad, un verdadero record. En realidad, se trata de un trabajo que no puede hacerse en un solo día.

En estos últimos cinco días estuve entretenido con John Ashbery, que falleció a sus noventa años, y con Emmanuel Carrère, ganador del Premio Fil de Literatura 2017. Incluso subí la biografía de Carrère. Creo que preparé más de veinte entradas sobre el poeta y el novelista.

Ahora, debido a que estrena dos películas en el Festival de Venecia, estoy con Javier Bardem, uno de los grandes actores de nuestro tiempo: Loving Pablo Escobar, con Penélope Cruz, y Mother, con Jennifer Lawrence. De la primera película voy directamente a Escobar, personaje siniestro. Tengo algunas entradas preparadas.

Hay otra línea que quiero recuperar, Jonathan Littell, autor de Las benévolas. Y tengo otras dos líneas en espera: Joyce Carol Oates y Andrea Camilleri. ¿Y Sándor Márai? Como Jeanne Moreau y Sam Shepard murieron casi al mismo tiempo, se me quedó en el tintero el homenaje a la Moreau.

Pero internet es picoteo, así que voy a los libros. El otro día dije que Borges se había equivocado al considerar la biblioteca como el paraíso. Exaltado por el descubrimiento, pregoné que el paraíso era Neflix. Cuatro o cinco meses después, acepto con humildad que Borges tenía razón. Por suerte, después de este extravío, juro que libro mata Neflix.

No todo está perdido: leo. Terminé Pinocho. Lo había leído dos veces hace unos veinte años, primero en casa y luego con el tercer grado de la escuela de niñas El Escorial. En la primera lectura me encantó, y en la segunda me deslumbró. Ahora sólo he confirmado las virtudes del libro. Lástima ese moralismo de Collodi. A los personajes sólo les suceden las malas cosas por desobediencia. Si se eliminaran estas líneas moralizantes, el libro sería una absoluta maravilla. Es disparatado, divertido, veloz e intenso. Pinocho muere y resucita, cambia de pies, se transforma en burro o recorre el interior de un pez como si nada. No es un personaje malvado sino ingenuo, travieso pero amoroso. Se extravía pero jamás olvida sus grandes amores, el hada y el padre. Un personaje memorable y las múltiples ediciones del libro en todo el mundo rinden testimonio.

Leo las cinco mil páginas de Canción de Hielo y Fuego. Después del título que inaugura la saga, Juego de tronos, seguí con Choque de reyes: ya llevo cuatrocientas páginas. Hace unos días compré el tercero, Tormenta de espadas. George R.R. Martin ha publicado hasta el momento cinco títulos y trabaja en el sexto desde el 2011. Cada año anuncia su publicación para el próximo. Se toma su tiempo y con toda razón. Escribe bien, es un narrador nato que domina con maestría las técnicas cinematográficas. Hasta el momento no he leído un solo capítulo malo. En todos logra una maravillosa intensidad. Dedica el capítulo a un personaje y lo sigue desde el primer párrafo hasta el último, adelantando al mismo tiempo las historias de los personajes que lo rodean y atento a la trama general. A pesar de su monstruoso paginaje y la incontable cantidad de personajes, Canción de Hielo y Fuego es una perfecta unidad.


Leo como un drogadicto, para evadirme, para apartarme de las miserias de la vida. No vivo las pasiones de la gente: la cocaína o la marihuana, el licor, la religión o el fútbol. Tengo los libros.

Llovió casi toda la noche.



jueves, 7 de septiembre de 2017

Casa de citas / Emmanuel Carrère / Bigote






Emmanuel Carrère
BIOGRAFÍA
BIGOTE

- ¿Qué piensas si me afeito el bigote?

Agnes, que ojeaba una revista, recostada en el sofá de la sala, rió levemente, y después respondió:

- Sería una buena idea.

Él sonrió. Sobre el agua, en la bañera donde permanecía despreocupadamente, flotaban pequeñas islas de espuma llenas de pelitos negros. La barba de él crecía mucho, y tan de prisa, que lo obligaba a afeitarse dos veces por día, si no quería, al final de la tarde, tener el rostro áspero. Al despertar, cumplía la tarea delante del espejo del lavabo, antes de entrar en la ducha, siendo él apenas una sucesión de gestos maquinales, destituido de cualquier solemnidad. Por la noche, por el contrario, esa obligación se convertía en un momento de relax que él organizaba con mucha atención, cuidando para que el agua del baño corriese de la ducha, para que el vapor no empañe los espejos que cercaban la tina incrustada, teniendo un vaso al alcance de la mano, esparciendo después calmamente la espuma por la barbilla, pasando de nuevo la navaja por el rostro, evitando minuciosamente cualquier ataque al bigote, del cual, emparejaría luego los pelos con una tijera.


Emmanuel Carrère
El bigote
Anagrama, Barcelona, p. 7




miércoles, 6 de septiembre de 2017

Casa de citas / Emmanuel Carrère / Ella


Emmanuel Carrère
BIOGRAFÍA
ELLA


¿Dónde estaba ella? ¿Qué hacía? ¿Qué pensaba? ¿Seguía hablando, comiendo, bebiendo, durmiendo? ¿Efectuando los gestos de la vida cotidiana, pese a aquella insoportable incertidumbre? ¿Se acordaba, por lo menos, de que él había desaparecido? ¿De que él había existido?


El bigote



Casa de citas / Emmanuel Carrère / Sobre la lectura



Emmanuel Carrère
BIOGRAFÍA
SOBRE LA LECTURA


Novelas leídas como quien se droga, para anestesiarse, estar ausente.


El reino




Casa de citas / Emmanuel Carrère / Sobre la melancolía





Emmanuel Carrère
BIOGRAFÍA

SOBRE LA MELANCOLÍA

Decirle a un melancólico que la felicidad es una decisión es como decirle a un hambriento que coma bollos.

De vidas ajenas



martes, 5 de septiembre de 2017

Casa de citas / John Ashbery / Derrida


John Ashbery

John Ashbery
DERRIDA

A Ashbery le gusta presumir de ser ajeno a la filosofía. Una vez, en una lectura en Iowa City le preguntaron cuán profunda había sido la influencia de Derrida en su poesía. “No he leído una línea suya”, respondió. Pero al día siguiente, en un coloquio con estudiantes, citó: “Como decía Derrida”... Y claro, no faltó quien le dijera: “Pero ¡si ayer dijo que nunca había leído a Derrida!”. A lo que Ashbery respondió: “Y es verdad. Eso que he citado, lo habré oído en algún cocktail”.



lunes, 4 de septiembre de 2017

Casa de citas / John Ashbery / Escritura


John Ashberty
Poster de T.A.

John Ashbery
Escritura

Al principio escribía a mano, pero en los setenta empecé a componer versos muy largos tipo los de Whitman y perdía el hilo de lo que escribía. Pensé que la máquina de escribir podría ayudarme y así fue. Me divierte escribir así, aunque cada vez es más difícil encontrar las cintas. La resistencia de las teclas es muy inspiradora.




domingo, 3 de septiembre de 2017

Casa de citas / Andrea Camilleri / Sobre la humillación

Andrea Camilleri

Andrea Camilleri
BIOGRAFÍA
SOBRE LA HUMILLACIÓN

Yo veo que cada día preocupa menos la dignidad del trabajo. Y esto lo encuentro gravísimo. Porque la dignidad del hombre es el trabajo. Su trabajo. Cuando despiden con tanta facilidad a un hombre de 50 o 55 años lo insultan, lo humillan. Dejar sin trabajo a un hombre es infligirle una humillación. Tanto es verdad que los pequeñísimos industriales del norte de Italia, aquellos que venían de la clase obrera y que han conseguido una pequeña empresa, se han suicidado cuando sus compañías entraban en crisis. Ellos sabían perfectamente la humillación que significaría despedir a los trabajadores porque ellos mismos lo habían sido. Esto es gravísimo, pero nadie medita sobre eso…


Casa de citas / Andrea Camilleri / Mafiosos


El Padrino (Marlon Brando)

Andrea Camilleri
BIOGRAFÍA
MAFIOSOS

Tenía miedo de hacer aparecer a los mafiosos como héroes simpáticos. Si usted mira El Padrino y ve la gigantesca interpretación de Marlon Brando, usted se olvida de que es un asesino. Lo olvida. Aquel es un asesino que ordena homici­dios, pero se le mira con fascinación. Ese es el riesgo. Yo temía caer en el mismo error involuntario en el que cayó Leonardo Sciascia cuando escribió Il giorno della civetta y retrató al personaje simpático de don Mariano. Yo no quería eso.


Casa de citas / Andrea Camilleri / La muerte de Manuel Vásquez Montalbán



Manuel Vásquez Montalbán

Andrea Camilleri


LA MUERTE 
DE MANUEL VÁSQUEZ MONTALBÁN

Aquella noticia me golpeó, pasé verdaderamente un mal día. Después de comer, me eché una pequeña siesta y, al levantarme, mi mujer me dijo: 'Ha llegado un paquete para ti'. Lo abrí. Era el último libro de Manolo publicado en Italia.



sábado, 2 de septiembre de 2017

Casa de citas / Andrea Camilleri / Necesito un punto de partida

Andrea Camilleri


Andrea Camilleri
BIOGRAFÍA

NECESITO UN PUNTO DE PARTIDA


No logro inventar una novela a partir de la nada. Necesito tener un punto de partida. Me baso en las crónicas de sucesos, que las adapto a mi narrativa. Con las novelas históricas me pasa lo mismo. Me basta con leer una frase que me atraiga en un ensayo de historia para escribir toda una obra. De la nada no nace nada.




viernes, 1 de septiembre de 2017

Casa de citas / Andrea Camilleri / Escritura

Andrea Camilleri

Andrea Camilleri
ESCRITURA


Soy un empleado de la escritura, cada día, como si fichara. Empiezo muy pronto, sobre las ocho, pero cumpliendo unos requisitos: tengo que estar perfectamente en orden –afeitado, vestido-- como si fuese a ir a la oficina. Se trabaja espléndidamente hasta las diez y media de la mañana que es cuando empiezan las llamadas de teléfono. Yo sostengo la necesidad del ejercicio cotidiano, de la misma forma que un pianista, aunque no tenga un concierto a la vista, se mantiene haciendo ejercicio. Es fundamental para mantener a punto el cerebro y la escritura.