jueves, 30 de abril de 2015

Casa de citas / Oscar Collazos / Sesentona de veinte


Oscar Collazos
SESENTONA DE VEINTE

Hace poco viví un desagradable incidente con una persona a la que conocía desde hacía muchos años y no fui capaz de reconocer diez años después de no verla. En fugaces instantes de duda, me parecía conocida. No habló. Si lo hubiera hecho, la habría reconocido por el timbre de la voz.
Supe por una tercera persona que la mujer que había encontrado el día anterior, de labios abultados, espléndidos pectorales, cuello liso, escasas arrugas y ojos desmesuradamente abiertos, era una amiga que ahora no bajaría de los 60. Se quejó de mi arrogancia. “Ni siquiera quiso saludarme”, le dijo al amigo común.
La cosa era más sencilla y al mismo tiempo terrible: no la había reconocido. Desde entonces, cuando tengo la vaga impresión de estar ante una conocida que se ha rejuvenecido de manera ostensible, busco fórmulas de cortesía y cumplidos que demuestren dos cosas: que la he reconocido y que no me he dado cuenta de la reingeniería estética que la hace parecer más joven de lo humanamente sustentable.

Oscar Collazos / La eterna juventud






martes, 28 de abril de 2015

Triunfo Arciniegas / Diario / Sufrimiento de lector

Sharon Tate


Triunfo Arciniegas
SUFRIMIENTO DE LECTOR
Bogotás, 27 de abril de 2015

En la feria del libro  de Bogotá, una muchacha, señalando el Mio Cid: "Este puto libro me hizo sufrir".





domingo, 26 de abril de 2015

Triunfo Arciniegas / Diario / Belleza y gramática

Ilustración de Triunfo Arciniegas


Triunfo Arciniegas
BELLEZA Y GRAMÁTICA
22 de abril de 2015

Esta mañana, a propósito del día sin carro en Bogotá, una mujer dijo por televisión: “Madrugué más de lo inesperado”. La frase se entiende por contexto: la mujer se levantó más temprano que de costumbre. Pero la frase, aunque cumple su propósito comunicativo, no tiene sentido. Los micrófonos y las cámaras intimidan. Ante estos aparatos, la gente a menudo se olvida de la fluidez del lenguaje cotidiano y se enreda con la gramática y la sintaxis. No es que uno sea tan bruto sino que se asusta. O también podría decirse que uno no es bruto sino que le falta sueño.

Si una reina de belleza hubiera dicho esta frase, “madrugué más de lo inesperado”, ya la conocería medio mundo y sería objeto de burlas y parodias. Una bella mujer de veinte años atropella el lenguaje, como lo hacemos todos, o se le olvida algo o se confunde, pero cierta maldad de raíces muy profundas nos impide desaprovechar el desliz. Es bonita pero bruta, nos decimos, como si belleza e inteligencia no congeniaran o como si la mujer en cuestión tuviese que pagar un precio por la dicha de sus atributos.

Es una mujer, es bella, apenas tiene veinte años: tres bendiciones distintas en una sola criatura verdadera. No hay necesidad de que funcione como una enciclopedia. Para eso están las bibliotecas, para eso se inventó Google. Con los años uno se llena de conocimientos, a menudo inútiles, por cierto, pero también se llena de años. 

Y les puedo asegurar algo: ni los años garantizan el dominio de la gramática.





jueves, 23 de abril de 2015

Casa de citas / Thomas Bernhard / El arte


Thomas Bernhard
EL ARTE

El arte consiste sólo en tocar cada vez mejor el instrumento que se ha elegido. Esa es la diversión, y uno no deja que nadie se la arrebate, ni que lo disuada y, si se trata de un extraordinario pianista, ya puede uno vaciar toda la habitación donde esté con su piano, levantar mucho polvo y tirarle cubos de agua, que él se quedará allí tocando. Y aunque la casa se le caiga encima, seguirá tocando, y lo mismo ocurre al escribir.

Thomas Bernhard en Conversaciones con Thomas Bernhard, de Kurt Hofmann



martes, 21 de abril de 2015

Casa de citas / Thomas Bernhard / La vida

Thomas Bernhard
Poster de T.A.
Thomas Bernhard
LA VIDA

En realidad, lo que se dice agradable, esta vida no lo es. Sin contar con la propia decrepitud. Un derrumbe total. Uno sólo se mete en casas con ascensor. Ingiere un cuarto de litro de vino para comer, otro cuarto para cenar. Más o menos se hace soportable. Pero cuando para comer se bebe ya medio litro, entonces, se pasa muy mala noche. La vida se reduce a este tipo de problemas. Tomar pastillas, no tomarlas, cuándo tomarlas, para qué tomarlas. Uno va enloqueciendo de mes en mes, porque las cosas se van embrollando.


Thomas Bernhard / Entrevista




lunes, 20 de abril de 2015

Casa de citas / Mario Jursich Durán / Maradona

Maradona según Ordoñez
Mario Jursich Durán
MARADONA

Confieso que el tema de Maradona me producía jartera negra y por eso me abstuve hacer algún comentario. Sin embargo, acabo de oír una entrevista con el director del Instituto de Recreación y Deporte, en la que ese peón de estribo del petrismo tiene la genial ocurrencia de afirmar que al futbolista lo invitaron dizque por su "sentido de la familia, el criterio de la amistad y su simpatía por las causas sociales”. No me detendré en los dos primeros puntos; hasta gente completamente alejada del fútbol sabe que Maradona tuvo un hijo con la italiana Cristina Sinagra y que no obstante las pruebas de ADN se pasó diez años negando tercamente al muchachito. (En el 2007, con cámaras de por medio y llorando –como corresponde--, confesó que había sido “un error terrible” de su parte negar a la sangre de su sangre).

Incluso, ya entrados en gastos, ni siquiera le dedicaré particular interés a la fervorosa pasión de Maradona por la cocaína. Nadie ignora que Maradona es un adicto y que, como todos los adictos, prefiere ser un cínico antes que lidiar con los problemas de su tormentosa vida. En el 96, cuando esnifaba prácticamente desde el amanecer hasta el anochecer, no solo no tuvo el menor reato en encabezar la campaña "Sol sin Drogas" de la secretaría argentina del deporte, sino que se hizo nombrar ¡embajador de Unicef! justo cuando aparecía en todos los televisores del mundo diciendo que su hijo italiano era "una mentira de los inescrupulosos periodistas". (Ah, las delicias de la ironía).

Sobre lo que sí quiero decir algo es sobre el mito, tan difundido entre la izquierda, de que Maradona es un luchador consciente contra el poder establecido y que puede y debe considerársele un rebelde social. Conozco algo la biografía del jugador argentino y todo lo que yo veo allí es el retrato de un nuevo rico. Ejemplos: a Maradona le encanta decir ante los micrófonos que él es “un villero”, un “cabecita negra”, “que viene de muy abajo” y que “nunca renegó de su origen”. La verdad es bien distinta: se sabe que prácticamente nunca ha vuelto a Villa Fiorito, el barrio de su infancia, y que ha sido tremendamente mezquino con Argentinos Juniors, el club donde debutó para el fútbol. La única villa miseria con la que al parecer sigue teniendo contacto es el Bajo Flores, pues allá están sus proveedores de cocaína.

Esa misma retórica del triunfador que evoca nostálgicamente sus comienzos en el lado negro de la vida, se encuentra en todas sus declaraciones. Recuerdo que hace años le dijo a un periodista de su país que añoraba tomar el colectivo 49, o el 28, para ir de visita a Pompeya o al Parque de los Patricios. Pero justo cuando lagrimeaba esas declaraciones, se presentaba a los entrenamientos montado en un Porsche, un Ferrari, un Mercedes Benz, un Rolls-Royce y hasta llegó a aparecerse montado en un camión sueco Scania 360. (Búsquenlo en Internet y verán el tamaño de su nuevo riquismo).

Eso para no hablar de su afición a los trajes metalizados de Versace y a las estolas de visón y de mink con que suele aparecer en eventos nocturnos y que lo delatan como el corroncho fanático de las marcas de moda que en realidad es.

¿Por qué los organizadores de la Cumbre por la Paz no aceptan, someramente, que fue un error haberlo invitado? ¿Por qué es necesario inventarle méritos inexistentes y no ser claros con cuánto dinero se le pagó por sus asistencia? No sé a ustedes, pero a mí lo que me enerva no son las metidas de pata del jugador argentino –finalmente, eso no es responsabilidad de quienes lo trajeron, sino que nos crean, como nos cree el director del IDRD, unos tristes pendejos.



viernes, 17 de abril de 2015

Casa de citas / Marina Perezagua / Renuncia

Marina Perezagua en Central Park
New York, 2015
Marina Perezagua
RENUNCIA

Me ha costado semanas decidirme. Pero ya está decidido. Dejo, al menos por un tiempo, la Universidad. Me centro en la escritura. Creo que es la decisión más difícil que he tomado hasta ahora. Luché mucho por tener un contrato como el que tenía. Dar clases en New York University era el trabajo de mis sueños. Pero los que me conocéis sabéis que no he tenido vida durante cuatro años. Todo ha sido la escritura, la Universidad y, para mantenerme cuerda, el mar. Durante estos años me he disculpado con familia y amigos por no poder verlos ni cinco minutos cada seis meses. Dar clases es uno de los regalos más preciosos que me ha dado la vida, renunciar es renunciar a una parte de mí muy importante, no es sólo renunciar a un trabajo. Pero las mujeres que he admirado siempre han tomado riesgos. Sacrificar el amor a mis estudiantes es un precio alto que tengo que pagar para dar más amor a mis personajes. Viviré con lo mínimo, de traducciones, de conferencias, pero creo que, a la larga, es la decisión acertada, porque viene de mi corazón, y no sé hacer nada verdaderamente bien sin entregarme al 100%. Hoy tengo miedo, estoy aterrada, pero pasará. Pasará.


Casa de citas / Marina Perezagua / Gastón




jueves, 16 de abril de 2015

Casa de citas / Marina Perezagua / Gastón

Gastón en su último y feliz día
Marina Perezagua
GASTÓN

Conocí a Gastón durante mis cursos de doctorado. Yo maldecía en español al candado de mi bicicleta, que se me había quedado atascado y llevaba media hora sin querer abrirse. Al escucharme, se paró y me dijo que había oído que echando un poco de Coca-Cola en la ranura, los candados terminan por ceder. Fue a comprar una lata. Vertió un poco sobre el hueco de metal y, como por arte de magia, el candado se abrió. Todo era así con Gastón. La vida se solucionaba a su paso. Me corregía en veinte minutos ensayos que yo había tardado días en escribir. Era conocido en todo el campus porque con aparentemente poco esfuerzo, resolvía problemas, y aun le daba tiempo para alegrar las fiestas. Por eso, le convertí en mi compañero de natación. Nadábamos juntos porque, a pesar de lo que parecía, Gastón, a veces, se cansaba, y le dolía la espalda no ya por las malas posturas al estudiar, sino por ese cargar con el peso de los otros. 


Cuando terminó el doctorado, Gastón decidió volver a la Argentina. No seas tonto, le decíamos todos, con tu currículo y tu cabeza, en Nueva York te espera un futuro brillante. Pero él quería volver al campo, y comprar muchas vacas. Sufrí su ausencia, pero nunca me abandonó. Sin embargo, el último mensaje que me escribió, lo dejé sin contestar. Suelo tomarme un tiempo en responder a la gente que más me importa porque me gusta hacerlo con calma. Cómo iba a pensar que durante las semanas siguientes los mecanismos de la vida de mi amigo comenzarían a detenerse hasta pararse por completo en el fondo de un acantilado. Se había quedado dormido mientras conducía. Acaso, pensando en su rebaño.

“Guapita”, comenzaba siempre sus mensajes, y también siempre terminaba del mismo modo: “Ya sabes que cuando quieras, te envío un billete de avión y te vienes a descansar una temporada conmigo en la Patagonia”. La Patagonia, con mi amigo Gastón, fue siempre ese sitio al que me agarraba cuando Nueva York comenzaba a pesar demasiado, normalmente en diciembre o enero, cuando el invierno, como si de una depresión se tratara, parece que nos sale de dentro y no nos dejará nunca. 

Días después de conocer su muerte pasé por una peluquería de mi barrio en cuya puerta, siempre, descansaba un perro que me encantaba acariciar. La dueña me miraba desde dentro y me sonreía. Pero aquel día algo había cambiado en el animal desde la última vez que lo vi. Estaba excesivamente delgado. 

–¿Cómo se llama? –pregunté.

–Gastón –respondió.

Gastón, el segundo Gastón que conocía. Sin dejar de acariciarlo, le pregunté a la dueña qué le pasaba. 

–Una diabetes repentina. No sufre, pero se me está muriendo.

Acostumbrada a ver al animal siempre sano, joven, atento a los movimientos de la calle, me impresionó mucho tocarle así, enflaquecido. Al pasar la mano por su lomo noté cada pequeño hueso. 

–La gente me dice que me estoy gastando mucho dinero en costes veterinarios. Pero mientras tenga apetito y ganas de vivir, no lo sacrificaré.

Durante muchos meses seguí pasando por la peluquería para acariciar a Gastón. Su dueña, supe en aquellas pequeñas charlas, se llamaba Franca. Es muy bella, pero me fijé especialmente en sus manos un día que, también ella, acarició a mi perro. Eran unas manos delicadas pero fuertes, hechas para acariciar, pensé, entrenadas en el laborioso trabajo de cuidar y masajear las cabezas del barrio. Me contó que vivía pendiente de los cuidados del perro. Le curaba las llagas que le salían por el roce del cuerpo flaco con el suelo. Dormía con él en la cama y hasta llegó a gustarle el olor de su enfermedad.

Hoy, al pasar por la peluquería, Gastón no estaba en la puerta. Pregunté. Ayer por la tarde el veterinario, anticipando un shock renal doloroso, recomendó su sacrificio inmediato. Entonces Franca me contó cómo habían sido las últimas horas de Gastón. Por la mañana temprano, lo llevó a su playa preferida, de la cual le había separado cuando enfermó para proteger sus débiles defensas. Hacía ya tiempo que no podía correr, pero al tirarle una piedra llegó hasta ella despacito, y con la misma alegría. Se acercó a la orilla del mar. Metió las patas delanteras en el agua, olió con su hocico en dirección al horizonte, y excavó un poquito en la arena.

Todavía con arena y humedad marina en su pelaje, Gastón estaba unas horas después en la camilla del veterinario. No tenía miedo porque se había acostumbrado a los chequeos regulares. Le pusieron la primera inyección. Al ponerle la segunda, Franca colocó la mano en el corazón de su perro, hasta que sintió el último latido. 

Al conocer la historia también yo, después de tanto tiempo sintiéndome culpable por no haber respondido aquel email, he descansado. He notado que en el corazón de ese perro estaba el corazón de mi amigo, que durante meses ha estado sentado en la puerta de la peluquería mientras yo le acariciaba pensando que se llamaba igual que mi salvador de la Patagonia, sin sentir, hasta hoy, que con mis caricias estaba respondiendo el mensaje que le debía. Así de generoso fue Gastón. Capaz de esperar muchos días sentado como un perro enfermo para darme la oportunidad de decirle adiós. 

Aquí la foto de su último y feliz día

Casa de citas / Marina Perezagua / Renuncia




miércoles, 15 de abril de 2015

Casa de citas / Günter Grass / La guerra

Günter Grass
Günter Grass
LA GUERRA

Últimamente se habla mucho del peligro de una III Guerra Mundial. A veces me pregunto si no empezó hace tiempo de una forma distinta a la de la primera y segunda guerra.

martes, 14 de abril de 2015

Casa de citas / Günter Grass / La democracia

Günter Grass
Poster de T.A.
Günter Grass
LA DEMOCRACIA

La democracia no es una posesión que se tenga para siempre; ni lo fue en Alemania, ni lo fue en España.

BIOGRAFÍA DE GÜNTER GRASS


domingo, 12 de abril de 2015

Casa de citas / Bukowski / El capitán salió a comer


Charles Bukowski
EL CAPITÁN SALIÓ A COMER
Y LOS MARINEROS TOMARON EL BARCO



“…mi vida entera ha consistido en luchar por una simple hora para hacer lo que quiero hacer. Siempre había algo que se interponía en el camino hacía mí mismo…”
“…Cuando has leído una cierta cantidad de literatura decente, simplemente no hay más. Tenemos que escribirla nosotros mismos…”
“Nada impedirá a un hombre escribir a menos que ese hombre se lo impida a sí mismo. Si un hombre desea verdaderamente escribir, lo hará…”
“…Hemingway nunca se reía. Alguien que escribe de pie a las seis de la mañana no puede tener sentido del humor…”

Charles BukowskiEl capitán salió a comer y los marinetos tomaron el barco


viernes, 10 de abril de 2015

Triunfo Arciniegas / Diario / In the Beginning Was the Sea

Tomás González
Bogotá, 2013
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Triunfo Arciniegas
In the Beginning Was the Sea
10 de abril de 2015

La noticia apareció ayer en The Guardian. Tomás González compite con Haruki Murakami (futuro y no muy lejano Premio Nobel), Erwin Mortiner, Juan Tomás Ávila y Jenny Erpenbeck por un alto honor: el Independent foreign fiction prize. Se trata de su primera y bellísima novela, “Primero estaba el mar” (1983), traducida por Frank Wynne bajo el título de “In the Beginning Was the Sea”. Evelio Rosero ganó este mismo premio con “The Armies” ("Los ejércitos") en 2009. Qué gran noticia. Tomás González ya no es el secreto mejor guardado de la literatura colombiana sino un gran escritor cada vez más conocido. Maravillosa noticia.

Tomás González / Colombian novel from 1983 makes Independent foreign fiction prize 2015 shortlist



jueves, 9 de abril de 2015

lunes, 6 de abril de 2015

Casa de citas / Bukowski / Sobre villanos e hijos de perra


Charles Bukowski y botellas

Como cualquiera podrá deciros, no soy un hombre muy agradable. No conozco esa palabra. Yo siempre he admirado al villano, al fuera de la ley, al hijo de perra. No aguanto al típico chico bien afeitado, con su corbata y un buen trabajo. Me gustan los hombres desesperados, hombres con los dientes rotos y mentes rotas y destinos rotos. Me interesan. Están llenos de sorpresas y explosiones. También me gustan las mujeres viles, las perras borrachas, con las medias caídas y arrugadas y las caras pringosas de maquillaje barato. Me interesan más los pervertidos que los santos. Me encuentro bien entre marginados porque soy un marginado. No me gustan las leyes, ni morales, religiones o reglas. No me gusta ser modelado por la sociedad. 



Charles Bukowski
“Cojones”, de Se Busca Una Mujer




sábado, 4 de abril de 2015

Casa de citas / Ray Loriga / La teoría del escritor maldito

Ray Loriga
Ray Loriga
LA TEORÍA DEL ESCRITOR MALDITO

Yo tengo la teoría que es contraria a la del escritor maldito y perturbado, que se escribe mejor desde la felicidad, incluso cuando se escribe sobre la infelicidad. Creo que la inestabilidad es algo de lo que se saca mucho material, y el dolor, el desengaño y los momentos más bajos producen un material, pero que yo no puedo utilizar normalmente hasta que no estoy mejor.



viernes, 3 de abril de 2015

Casa de citas / Kafka / Como perros desesperados

The Lovers
Fotografía de Jan Saudek
Franz Kafka
COMO PERROS DESESPERADOS


Allí yacieron, pero con menos abandono que aquella noche. Ella buscaba algo y él buscaba algo, furiosamente, haciendo muecas, hundiendo cada uno el rostro en el pecho del otro, y sus abrazos y sus cuerpos que se alzaban no les hacían olvidar sino que les recordaban ese deber de buscar; como escarban los perros desesperados en el suelo, así escarbaban ellos en sus cuerpos y, desvalidos y decepcionados, buscando una última felicidad, recorrieron varias veces con la lengua el rostro del otro. Sólo el cansancio los dejó tranquilos y mutuamente agradecidos.


Franz Kafka, El castillo






jueves, 2 de abril de 2015

Casa de citas / Tobias Wolff / Escribir


Tobias Wolff
ESCRIBIR

Escribir es trabajar por un resultado que uno no verá hasta años más tarde, y que no está seguro de ver alguna vez. Demanda resistencia, autodominio y fe.


Tobias Wolff
En el ejército del faraón