viernes, 31 de agosto de 2012

Casa de citas / Héctor Tizón / Diálogo de sordos

Héctor Tizón
DIÁLOGO DE SORDOS

Nunca hablo con escritores de literatura y mucho menos de lo que cada uno está escribiendo, porque es como un diálogo de sordos, un diálogo falso; nadie se escucha. Además se crea una cosa muy dañina que es la competencia y creo que un escritor sólo debe competir con los muertos.



Graciela Speranza
Primera persona
Conversaciones con quince narradores argentinos
Bogotá, Grupo Editorial Norma, 1995, p. 27


jueves, 30 de agosto de 2012

Casa de citas / Héctor Tizón / Realismo

Coloring page snake

Héctor Tizón
REALISMO

Yo simplemente recordé que mi abuela cuando se acercaba la noche, tocaba las manos y les decía a los peones: "Saquen las víboras de los cuartos que se van a acostar los niños".



Graciela Speranza
Primera persona
Conversaciones con quince narradores argentinos
Bogotá, Grupo Editorial Norma, 1995, p. 32




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miércoles, 29 de agosto de 2012

Héctor Tizón / Escribir


Héctor Tizón
ESCRIBIR

No hay que empezar a escribir sin saber lo que se va a escribir ni tampoco cuando uno lo sabe todo.



Graciela Speranza
Primera persona
Conversaciones con quince narradores argentinos
Bogotá, Grupo Editorial Norma, 1995, p. 29




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martes, 28 de agosto de 2012

Casa de citas / Héctor Tizón / La razón de escribir


Héctor Tizón
LA RAZÓN DE ESCRIBIR

Uno escribe porque no tiene más remedio.




Graciela Speranza
Primera persona
Conversaciones con quince narradores argentinos
Bogotá, Grupo Editorial Norma, 1995, p. 26




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sábado, 25 de agosto de 2012

Casa de citas / Julio Ortega / Contra la tauromaquia

Julio Ortega
CONTRA LA TAUROMAQUIA


Cuando tú respetes a los animales, yo dejaré de inmiscuirme en lo que haces. Mientras tanto, me tendrás enfrente. No lo dudes. Sé que te resulto muy molesto y la verdad, esa es una de mis pretensiones: entorpecer en lo posible tu repugnante forma de entretenerte. Porque entre tu “diversión” y mi rechazo, no olvides que hay un ser vivo al que no le has dicho como a mí: “Si no te gusta morir en la plaza no te quedes en ella, vete”. Él no puede escoger, ¿verdad?, pues mientras el toro no tenga la oportunidad de hacerlo, tú tampoco gozarás de la libertad de matarlo sin que yo, y millones como yo, tratemos de evitarlo.




viernes, 24 de agosto de 2012

Casa de citas / Alberto Manguel / Kafka



Franz Kafka
La mirada cómica de un judío
Por ALBERTO MANGUEL
Babelia, El Pais, 27/08/2011

Hace muchos años, a bordo de un transatlántico, un anciano escritor suizo me contó que en su juventud había conocido a Kafka y que en un café de Viena lo había escuchado leer. Según él, mientras Kafka leía con voz suave y pausada, el público se reía a carcajadas. Me asombré de que un texto de Kafka pudiese parecer cómico, por más particular que fuese el humor de los austriacos de entreguerra. El amigo de Kafka me dijo que obviamente yo conocía mal la literatura judía, para la cual la tragedia de Edipo es la farsa de un niño mimado que no quiere compartir con nadie su Yiddishe Mamme. El Talmud dice que un hombre puede conocerse a través de cuatro cosas: su copa, su ira, su monedero y su risa.



miércoles, 22 de agosto de 2012

Casa de citas / Onetti / Hay un solo camino


Juan Carlos Onetti
HAY UN SOLO CAMINO


Hay solo un camino. El que hubo siempre. Que el creador de verdad tenga la fuerza de vivir solitario y mire dentro suyo. Que comprenda que no tenemos huellas para seguir, que el camino habrá de hacérselo cada uno, tenaz y alegremente, cortando la sombra del monte y los arbustos enanos.

Juan Carlos Onetti, alias Periquito el Aguador
Marcha n° 11, Montevideo 1.9.1939


martes, 21 de agosto de 2012

Casa de citas / Onetti / En algún lugar de la tierra

Ilustración de Rébecca Dautremer
Juan Carlos Onetti
EN ALGÚN LUGAR DE LA TIERRA


Tal vez nos convirtamos en sirvientes de la Cibernética. Pero sentimos que siempre sobrevivirá en algún lugar de la tierra un hombre distraído que dedique más horas al ensueño que al sueño o al trabajo y que no tenga otro remedio para no perecer como ser humano que el de inventar y contar historias. También estamos seguros de que ese hipotético y futuro antisocial encontrará un público afectado por el mismo veneno que se reúna para roderarlo y escucharlo mentir. Y será imprescindible – lo vaticinamos con la seguridad de que nunca oirémos ser desmentidos – que ese supuesto sobreviviente preferirá hablar con la mayor claridad que le sea posible de la absurda aventura que significa el paso de la gente sobre la tierra. Y que evitará, también dentro de lo posible, mortificar a sus oyentes con liteartosis.

Juan Carlos Onetti 
"Reflexión literaria", Acción, Montevideo 13.11.1966


lunes, 20 de agosto de 2012

Casa de citas / Onetti / Durar frente a la vida


Juan Carlos Onetti
DURAR FRENTE A LA VIDA


Durar frente a un tema, al fragmento de vida que hemos elegido como materia de nuestro trabajo, hasta extraer, de él o de nosotros, la esencia única y exacta. Durar frente a la vida, sosteniendo un estado de espíritu que nada tenga que ver con lo vano e inútil, lo fácil, las peñas literarias, los mutuos elogios, la hojarasca de mesa de café. Durar en una ciega, gozosa y absurda fe en el arte, como en una tarea sin sentido explicable, pero que debe ser aceptada virilmente, porque sí, como se acepta el destino. Todo lo demás es duración física, un poco fatigosa, virtud común a las tortugas, las encinas y los errores.

Onetti, alias Periquito el Aguador  
Marcha n° 6, Montevideo 28.7.1939


domingo, 19 de agosto de 2012

Casa de citas / Bioy Casares / Silvina Ocampo


Martín Prieto

La vida matrimonial 

de Silvina Ocampo y Bioy Casares

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Entre biografías, autobiografías, memorias, novelas en clave y correspondencias, nos hemos ido enterando de casi todo: de la relación de Elena Garro con Bioy, de la de Bioy con la sobrina de Silvina, de la de Silvina con Alejandra Pizarnik... El relato de Jovita Iglesias, cocinera, ama de llaves, amiga, enfermera y confidente de los Bioy durante cincuenta años prometía más de lo mismo, y apuntaba a seguir consolidando el mito erótico y amoroso de "el matrimonio literario más destacado de la Argentina": el de Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares. En cambio, su narración, convertida en prosa literaria por Silvia Renée Arias (que en ocasiones exagera un tanto en la contextualización), descubre tragedia donde se suponía que había glamour y dolor en lugar de buena vida.
Es que, salvo en alguna escena puntual y muy pretérita (Silvina nadando en la pileta de su edificio de Santa Fe y Ecuador), el ojo de Iglesias (ingenuo, bien intencionado, profundamente amoroso) vio menos encanto que patetismo, y ésa es la nota que finalmente se impuso en sus memorias. Bioy, como un enfermizo Don Juan entrando furtivamente de noche al cuarto de Jovita ("Me daba un abrazo y unos cuantos besos. Y era, y sería, muy cariñoso conmigo. Después yo le decía ''buenas noche, hasta mañana'' y eso era todo"); Silvina y Bioy olvidándose regularmente de pagar los sueldos de sus empleados, mientras ella acumulaba billetes enormes en una bolsa oculta en un armario, descubierta muchos años después por una empleada cuando ya habían perdido todo valor; Silvina rescatada de arrojarse por la ventana (significativamente de la cocina), atormentada de celos; Silvina poniendo un sillón en el hall de su casa para saber cuándo volvía su marido de sus andanzas (y cuando lo escuchaba abrir la puerta de calle con "su oído de tísica" se deslizaba a su cama y se hacía la dormida).
Pero estas memorias de Jovita son, sobre todo, el recuerdo de la vejez de sus patrones, que parece llegar para cobrarles todo. Silvina duerme en su cama, Bioy, como siempre, debido a sus problemas de lumbago, en el piso. Silvina se levanta para tomar agua, se tropieza con su marido y se le cae encima. Ella queda atolondrada, más por la situación que por el golpe, y él, en crisis de dolor de espaldas. Ninguno de los dos se puede levantar. Uno sobre el otro, gritan durante horas hasta que el marido de Marta, la hija de Bioy, los escucha —vivían en el piso de abajo— e interrumpe finalmente la horrorosa pantomima de una escena de amor. Más tarde, Silvina comenzó a desvariar irregularmente. Y Bioy decidió rodearla de un ejército de enfermeras que tenían órdenes de seguirla a todas partes. Ofendida, deja de hablarle —para siempre— a su marido, quien todas las mañanas se arrodillaba frente a la muda voluntaria y le decía: "Silvinita, por favor, dame un beso, me muero por un beso tuyo. Por lo que más quieras, Silvinita, no me hagás esto, no sabés el daño que me hacés". Y ella miraba para otro lado.
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Martín Prieto 
La penuria de los escritores ricos 
Clarín, 28 de septiembre de 2008


sábado, 18 de agosto de 2012

Casa de citas / Bioy Casares / Elena Garro

Adolfo Bioy Casares, 1968
Foto de Alicia D'Amico
Mario Paoletti
Bioy Casares se enamora de Elena Garro
cuando aún era la esposa de Octavio Paz

Borges se enamoraba realmente mientras que Bioy, según propia confesión, no se enamoraba nunca. La excepción fue la mexicana Garro, de la que Bioy se enamoró cuando aún era la esposa de Octavio Paz. Esta relación, que fue un secreto bastante bien guardado, no se hizo pública hasta 1996, tres años antes de la muerte del escritor, cuando ella vendió a la Universidad de Princeton sus archivos personales, que incluían las cartas que Bioy le había escrito entre 1949 y 1969. Por entonces estaba en la pobreza más absoluta, fumando compulsivamente cigarrillos mentolados. Garro dijo del romance: “Fue el amor loco de mi vida y por el cual casi muero, aunque ahora reconozca que todo fue un mal sueño que duró muchos años”. Lo había conocido a finales de los 40 en el hotel George V, el más elegante de París, cuando Bioy estaba alojado allí con su esposa Silvina Ocampo. “Mantuvimos una amistad que se prolongó durante 20 años, pero de repente se acabó. Fue un gran amor y creo que fui el amor de su vida. Cuando me fui de México después de 1968 tenía cuatro gatos y no los quería dejar aquí. Me vino a la mente recurrir a Bioy y entonces le mandé mis bichitos en una caja por avión a Buenos Aires, porque sabía que era muy rico y tenía casas grandes donde acogerlos. Aceptó y dijo “los recojo a todos”. Los tuvo un tiempo en su casa. Sin embargo, Pepe Blanco me escribió luego que se los había llevado a una casa de campo, a una quinta, y los había dejado ahí. Me dio coraje. Él adujo que lo había hecho para darles más libertad. Yo, en cambio, me dije: “Pobrecito de mis gatos”. El amor que sentía por él se secó. Haga de cuenta que nunca estuve enamorada”. De Elena Garro ha dicho Bioy, poco antes de morirse, que es la única mujer a la que había “adorado”. La imagen pública de Elena Garro se ha oscurecido desde que el gobierno mexicano abrió sus archivos sobre la escritora, en los que consta que fue informante de la policía y que denunció a muchos de sus colegas (entre ellos Leopoldo Zea, Rosario Castellanos, Carlos Monsiváis y al propio Octavio Paz) como agitadores de izquierda. Tuvo, también, unos extraños contactos con el presunto asesino de Kennedy, Lee Harvey Oswald. Garro apoyó la brutal represión, en 1968, conocida como “la matanza de Tlatelolco”.

Mario Paoletti 
Bioy, el amigo de Borges 
Revista de Occidente, Nº 351, Julio-Agosto 2010, págs. 137 y 138


viernes, 17 de agosto de 2012

Casa de citas / Adolfo Bioy Casares / Infinidad de mujeres


Adolfo Bioy Casares
INFINIDAD DE MUJERES



Un día que íbamos en mi auto, por Figueroa Alcorta, hacia Palermo, Silvina (Ocampo) dijo unos versos muy hermosos que serían después una estrofa de Enumeración de la patria; intuí que eran suyos y le dije que era una gran poeta.

En el Rincón Viejo, un día le anuncié a mi querido amigo Oscar Pardo:

        –Prepárate. Nos vamos a casar.

Corrió a su cuarto y volvió con una escopeta en mano. Entendió que íbamos a cazar. El casamiento fue en Las Flores y los testigos, además del mencionado Óscar, Drago Mitre y Borges. Ese día, en el estudio fotográfico Vetere, de aquella ciudad, nos fotografiamos. A veces me he preguntado, a lo largo de mi vida, si no he sido muchas veces cruel con Silvina, porque por ella no me privé de otros amores. Un día en que le dije que la quería mucho, exclamó:

–Lo sé. Has tenido una infinidad de mujeres, pero has vuelto siempre a mí. Creo que eso es una prueba de amor.


Adolfo Bioy Casares 
Memorias 
Buenos Aires, Tusquets, 1994, págs. 87 y 88



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jueves, 16 de agosto de 2012

Casa de citas / Bioy Casares / Dos o tres mujeres para ser feliz


 Bioy Casares 

Dos o tres mujeres para ser feliz


Sin despeinarse nunca Adolfo Bioy llevó una vida muy atareada: tenis por la mañana, amores por la tarde, lecturas y literatura a cualquier hora y para cenar, como plato único, Borges en su propia salsa. Cazar mujeres al ojeo y ser muy querido, al margen de los libros, fue su primer oficio. En una reunión de amigos una noche en casa del escritor Mastronardi, exclamó: "Genca está poderosísima". Se trataba de Silvia Angélica, una adolescente, sobrina del propio Bioy. Él reparó por primera vez en su extraordinaria belleza y al día siguiente la hizo su amante. Fue una historia de tantas, sin duda la más obsesiva, pero Bioy estaba siempre con el arma cargada en estado de revista y por sus brazos pasaron innumerables mujeres, casadas y solteras, unas muy finas y otras bataclanas. El escritor en el descapotable en la puerta trasera del teatro, con un cigarrillo Lucky Strike en los labios, esperando a la primera actriz o a una hermosa corista, es uno de sus perfiles. A veces jugaba una simultánea, como en el ajedrez, con dos o tres amores al mismo tiempo. En una partida avanzaba un peón, en otra se comía un alfil, en otra hacía jaque mate.
-Cuando tuve una sola mujer, realmente fui muy infeliz. Con dos o tres me iba mejor. Parece que lo adivinaban y me mimaban para no perderme. No me considero un hombre inmaduro. Tal vez he sido un donjuán para protegerme. Cuando jugué a la verdad, a entregarme del todo a la persona que quería, esa persona inmediatamente me dominaba y me castigaba.
..



Manuel Vicent
Póquer de ases
Madrid, Alfaguara, 2009, págs. 65 y 66


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miércoles, 15 de agosto de 2012

Casa de citas / Chavela Vargas / Últimas líneas



Chavela Vargas
ÚLTIMAS LÍNEAS

Detener el camino va a ser hermoso. Y no quiero lágrimas ni tragedias. Si nadie ha vuelto de allí, será porque el lugar es maravilloso. En México, en los años de la bohemia, se decía que había que morir joven o morir borracho. Yo, ninguna de las dos cosas. Por llevar la contraria, más que nada. No sean egoístas. Tengo derecho a descansar. Tengo derecho a ir con los míos; tengo derecho a ser el jaguar que les observa desde la espesura de la selva.


Chavela Vargas
Y si quieres saber de mi pasado
Madrid, Aguilar, 2002, pags. 290 - 291




martes, 14 de agosto de 2012

Casa de citas / Chavela Vargas / Lo peor



Chavela Vargas
LO PEOR

Y esto era lo peor: tantos años de tequileo y pachanga acabaron por derrotarme. Me desgracié, lo eché todo a perder. He leído muchas veces que mi enfermedad –mi borrachera– se debía a una incapacidad para asumir la fama, para asumir mi homosexualidad o para asumir no sé qué cosas. La única razón de mi desgracia fue que me gustaba beber y quise beber. Y me lo bebí todo.
            Cuando fui a España, en los primeros años de los setenta, ya todo estaba perdido. Actué en el Florida Park: pachanga, recital sin ningún interés. Actué en la televisión, en un programa de José María Íñigo, y canté La llorona tres veces.
            Me dio tanta vergüenza que, de regreso, no quise saber nada del mundo: me encerré con una botella de tequila y así pasaron quince años largos. Comenzaba entonces, como dice Joaquín Sabina, mi particular travesía del desierto.



Chavela Vargas
Y si quieres saber de mi pasado

Madrid, Aguilar, 2002, p. 170 




lunes, 13 de agosto de 2012

Casa de citas / Chavela Vargas / Cosas del tequila



Chavela Vargas
COSAS DEL TEQUILA


Ha venido Marta a casa y me ha dicho que se ha muerto doña Amalita. Doña Amalita tenía más de cien años, y acabó por morirse. Había sido coronela en la revolución de Zapata.
—Pues vámonos a casa de la finada.
Y allí nos hemos presentado. Nos dieron un vasote de tequila, como corresponde en un velorio mexicano. Y luego otro. Y otro más. Venga lamentaciones, lloros y alegría. Y más tequila. Y así hasta las siete de la mañana. Ya había amanecido cuando nos fuimos todos en pachanga para el cementerio. Había que ver las lágrimas de los presentes. Eran lágrimas tequileras, porque estábamos con un cuete tremendo. La hija de doña Amalita decía:
—¡Adiós, madrecita, que nunca te volveré a ver!
Y así iba todo. Hasta que le pregunté a Marta.
—Pues ¿dónde está la muerta, que no la veo?
—¡Ay, señora! ¡Pues que no la trajimos, que se quedó allá en la casa!



Chavela Vargas
Y si quieres saber de mi pasado
Madrid, Aguilar, 2002, p. 208








domingo, 12 de agosto de 2012

Casa de citas / Chavela Vargas / Mi amor era dulce y suave


 
Chavela Vargas

MI AMOR ERA DULCE Y SUAVE
  
         Me han dicho algunas veces que mi amor era dulce y suave. La leyenda negra supone que mi amor era fuerte y violento. No niego que hubo alguna agarrada, y que en alguna despedida se dijeron palabras bien altas. Era celosa, es verdad. Pero es que casi todas me ponían los cuernos. Parecía yo un venado, no podía entrar por ninguna puerta. Tal vez se asombren ustedes, pero yo no los he puesto nunca –otra cosa que no aparece escrita en la leyenda negra–. Cuando he estado con una mujer, he estado con una sola mujer. Nunca fui promiscua, ni me gustó jugar a lesbiana, ni jamás jugué con los amores. Me gustaban y me gustan todas, por supuesto, pero no. Yo soy muy respetuosa. Si una gente me quiere, yo tengo que respetarla porque es mi deber como ser humano. Y muy agradecida de que alguien me ame. Quizá porque, como no he sido muy afortunada con el cariño de los demás, siempre agradezco que me quieran. Y siempre me resulta fascinante y maravilloso que alguien ponga sus ojos en mí.

Chavela Vargas
Y si quieres saber de mi pasado
Madrid, Aguilar, 2002, p. 176